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Diario Córdoba

Al margen

Alcarrás

Es un filme sencillo y lúcido que retrata con sabiduría el ocaso de un mundo abocado a la extinción, el mundo rural que pierde la batalla ante la industrialización

Fotograma de la película. CÓRDOBA

Vaya por delante que degustar esta película española, filmada en otros idiomas, en versión doblada es, básicamente, un insulto a la inteligencia... pero, al no haber otra opción, habrá que resignarse a ello en Córdoba. Y hay que dar gracias por haber sido programada en una sala, que otras cintas ni eso. Después de haber obtenido su directora, Carla Simón, bastante resonancia con Verano 1993 (2017), debut en el largometraje que supuso todo un revulsivo a su carrera futura gracias a los goyas obtenidos, así como reconocimientos en Berlín (Mejor Ópera Prima) o Málaga (Biznaga de Oro), ahora nos presenta la producción con la que ha conseguido hacer historia, pues hacía demasiado tiempo que ningún cineasta español conseguía alzarse con el Oso de Oro en la Berlinale, donde esta Alcarrás fue considerada la mejor película del festival en su última edición.

El filme navega entre ciertos aspectos propios del documental (por ejemplo, rodar con actores no profesionales que realizan ante la cámara su trabajo diario) y un tanto por ciento bastante justo de ficción, ya que la trama se construye a partir de hechos reales y problemáticas del aquí y ahora.

Aún así, hay un guion que firma la propia directora y Arnau Vilaró. La mirada de Simón hacia esta familia que recolecta su última temporada en el campo de melocotoneros que cultiva desde hace muchos años, desde que el abuelo firmó la compra de las tierras con un apretón de manos y que, al no haber escrituras ni papeles, están condenados a ver cómo desaparecerán en poco tiempo ante sus ojos e impotencia, es limpia y demuestra un saber hacer inconmensurable, trasladando al espectador ante ese mundo que ella conoce muy bien.

Un filme, pues, sencillo y lúcido que retrata con sabiduría el ocaso de un mundo abocado a la extinción, después del mimo de tantas generaciones, el mundo rural que pierde la batalla ante la industrialización y la falta de voluntad política para otorgarle su verdadero valor, en este caso se sustituyen los frutales por placas solares de energía renovable. Toda una metáfora. 

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