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Alberto Monterroso reivindica la importancia de los hispanos en la forja del Imperio Romano

El profesor aporta nuevas perspectivas que confrontan con la tradicional visión historiográfica

El profesor Alberto Monterroso.

Trajano, Adriano, Marco Aurelio y Teodosio han pasado a la historia como los mejores emperadores de Roma y, aunque historiadores de otros países hayan querido soslayarlo, todos ellos eran hispanos. El profesor Alberto Monterroso publica el libro Emperadores de Hispania, en el que reivindica la «tremenda importancia de la Hispania romana en el conjunto del Imperio, que no ha sido justamente valorada».

Procedentes de las dos dinastías más longevas de la Historia de Roma, la primera dio emperadores de la talla de Trajano, Adriano o Marco Aurelio, que protagonizaron el Siglo de Oro del Imperio. La segunda, la de Teodosio el Grande, fue la última en gobernar unido todo el Imperio. El investigador y divulgador de la antigüedad romana, traza, a través de la vida de estos cuatro emperadores, la historia de uno de los periodos más decisivos de Roma y aporta nuevas perspectivas que confrontan con la tradicional visión historiográfica que ha borrado, casi por completo, la relevancia absoluta de Hispania en la expansión territorial, económica y cultural del Imperio.

«Roma es, tanto para sus defensores como para sus detractores, un punto de inflexión en la historia de la humanidad. Los regímenes políticos, la lengua, la cultura, la religión o la sociedad de hoy no se entienden sin la contribución de aquella civilización, que ha inspirado los distintos momentos de la historia posterior de Europa y el mundo», explica Monterroso. A su construcción colaboró de modo esencial Hispania, «una de las provincias más importantes del Imperio, de gran influencia económica, geopolítica y cultural», y sus cuatro grandes emperadores.

Prejuicios, intereses y odios

«Hoy día ningún historiador serio puede negar la importancia que adquirió Hispania dentro de la órbita romana, especialmente durante los dos primeros siglos de nuestra era. No solo por la evidencia de autores antiguos como Plinio, Estrabón o Diodoro Sículo, que hablan de ella como una tierra rica, donde los romanos establecieron prósperas ciudades a finales del siglo iii a. C., como Itálica, patria de Trajano y Adriano, o la propia Córdoba, pocos años después, aquella primera colonia que los senadores envían a fundar desde la propia Roma a base de ciudadanos romanos e indígenas escogidos», explica el autor de Emperadores de Hispania.

«Todo momento histórico tiene sus prejuicios y sus recelos, sus intereses y odios, mejor o peor disimulados. Son pábulo en todas las épocas para las noticias falsas y las tergiversaciones, tan de moda hoy. Alimentan leyendas negras inconsistentes y animan a los vándalos a destruir estatuas o tergiversar la historia. Pero con argumentos se demuestran los hechos históricos. Hoy día, se impone reconocer la tremenda importancia de Hispania en la Roma de los siglos I y II d. C. y la evidencia de que esa estirpe, la Antonina, la mejor de la historia de Roma, esa en que, según Gibbon –escritor pionero de la Historia de Roma, considerado el primer historiador moderno–, la humanidad vivió feliz, era una excelente dinastía procedente de la actual España, muy preparada militar, económica, política y, sobre todo, culturalmente», sentencia.

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