María Dolores Gaitán (Villa del Río, Córdoba, 1983) acumula tantos reconocimientos en su trayectoria artística que enumerarlos todos ocuparía una columna de esta página. Reside en Italia, pero estos días regresa a su tierra como organizadora e intérprete del concierto estrella de la 12 edición del Festival Internacional de Piano Guadalquivir, programado del 24 de septiembre al 3 de octubre en Córdoba y Jaén, así que, avisa, tiene el tiempo muy medido para la entrevista. Investigadora incansable, fue candidata en el 2018 a los Premios Princesa de Girona, el único de los premios, internacionales que no ha recibido. Hace doce años quiso que su pasión por la música clásica se proyectase en el sur de manera única y el río Guadalquivir fue la imagen más potente que le vino en Milán, donde toca el piano sin parar y sin olvidar sus orígenes.

¿Cuándo empezó a tocar el piano?

Siempre fui una niña muy enérgica. En Primaria, el profesor detectó que tenía habilidades musicales y convenció a mis padres para que las fomentasen. Nací en Villa del Río y el conservatorio está en Montoro. Mi madre llegó al punto de convencer a la madre de un compañero de escuela para que apuntase también a sus hijos y así compartir coche. Vengo de una familia con mucha sensibilidad artística, pero soy el único músico. Apostaron siempre por mi formación y yo me enamoré del instrumento.

Esa energía innata, ¿se desata en sus interpretaciones como solista?

Eso suelen decir. Muchas críticas de mi carrera aluden a esa pasión. Toco cada obra como si fuese la primera vez que la descubrieran. Claro que también depende del tipo de música. La música española requiere siempre de esa vivacidad porque está muy impregnada del flamenco. Jamás te imaginarías a un buen guitarrista o bailaor que fuese pasivo. La idiosincrasia española, su cultura, es así de fuerte. El nacionalismo ruso también tiene carácter, magnificencia. Otras obras te piden mayor delicadeza.

Sus raíces han debido influirle.

Quizá llevo demasiado tiempo en el extranjero, pero los españoles tenemos una forma de respirar lo nuestro muy única que es muy difícil de desarrollar de manera espontánea fuera. Soy una enamorada de los compositores españoles y me he sentido siempre en el deber de darlos a conocer en otros países. Decidí reunir en un disco composiciones españolas porque cada vez que las incluía en repertorios causaban una gran impresión. Me he tomado como un reto personal el llevar nuestra cultura por bandera.

Tras tocar en teatros de todo el mundo, ¿qué supone para usted dar un concierto en La Mezquita- Catedral?

Es un espacio mágico e incomparable. Sí, he tocado en teatros espectaculares, pero una lleva sus monumentos y su ciudad en el corazón. Es emocionante tocar en La Mezquita arropada de una orquesta del índole de la Orquesta de Cámara de Viena, con Mario Hossen al violín. Es un auténtico lujo.

¿Existe en Andalucía un interés arraigado por la música clásica?

Nos queda mucho trabajo por hacer, no es como la familiaridad que tenemos con el flamenco. También hay que tener en cuenta que, por periodo histórico, la música clásica tiene en la actualidad menor popularidad. Como programadora y artista, trato de hacer ver que la música clásica está presente en muchos más rincones de los que podamos imaginar. Los jóvenes suelen ver este estilo como algo ajeno. Llevo varios años viviendo en Italia, donde se respira mucha más tradición y conocimiento de lo clásico. En ese aspecto nosotros estamos a años luz, pero es lo que tratamos de cambiar con iniciativas como el Festival, en la zona del Guadalquivir.

¿Cuál es el espíritu esencial del Festival de Piano Guadalquivir?

Tenemos varios objetivos marcados. Lo primero de todo, combinar la música clásica con otras artes para que se nutra de otras disciplinas y se acerque más al público de hoy. Lo siguiente es llegar a los jóvenes, que las nuevas generaciones no vean lo clásico como algo ajeno. Para eso impartimos talleres e intentamos aplicar las nuevas tecnologías. Por supuesto, queremos también que se conozca la versatilidad del piano, como solista, en la música de cámara o en formato más experimental. Pero sobre todo, lo que pretendemos es renovar la forma tradicional del concierto clásico sin dejar de lado la excelencia. Creo que la gente necesita otra forma de representación de las obras. El envoltorio es importante, eso es algo que también he aprendido de los italianos.

¿Qué balance hace de estos doce años dirigiendo el festival?

No es nada fácil. Empezó siendo un festival muy humilde, en Montoro, y conseguimos dar el salto a Córdoba al año siguiente. Soy una persona ambiciosa e intento que cualquiera de mis proyectos vaya siempre a mejor. En ese sentido soy incansable. Desde esos orígenes humildes, de pequeños conciertos de piano, hasta el día de hoy, en el que traemos a la Orquesta de Viena, la verdad es que ha sido un crescendo importante. Tenemos mucho público fiel. Tocamos muchas disciplinas y contamos con artistas de todo el mundo, de gran calidad. Hemos creado lazos entre Andalucía y otras partes del mundo. Pero sobre todo hemos implantado una nueva forma de vivir un festival. Siempre he tenido muy clara esta visión del certamen.

Deben estar haciéndolo bien porque las invitaciones para el concierto en la Mezquita-Catedral se agotaron en diez minutos.

(Risas) Este año la gente tiene mucha sed de cultura, lo que es un punto muy positivo. El año pasado conseguimos ser el primer festival en salir adelante en Córdoba tras la pandemia, para quitar ese miedo a ir al teatro que se estaba gestando. Para nosotros ha sido muy importante lograr este éxito. En diez minutos no se acabaron solo las de la Mezquita, se acabaron todas. Solamente quedan algunas entradas para el concierto de Astor Quintet en el palacio de Viana. El máximo de invitaciones para la mezquita es de 700 personas y nos encontramos que en menos de diez minutos habían entrado 12.000 personas. Que 12.000 personas estuvieran atentas a un evento de estas características nos hace pensar que la gente tiene ganas de música. Eso nos hace seguir luchando para seguir ofreciendo lo mejor.