Híbrido entre fantástico y negro, con cierto aroma de romance. Los géneros se funden en esta cinta. Lisa Joy, cuñada del todopoderoso Christopher Nolan, escribe y dirige esta su primera película, con Hugh Jackman como protagonista en el papel de un excombatiente militar que se gana la vida como investigador privado, capaz de penetrar en el pasado de sus clientes hasta que se enamora del personaje que encarna Rebecca Ferguson, la femme fatale de la historia, introduciéndose en las aguas del tiempo y convirtiéndose en su mejor cliente.

El guion se sitúa en un Miami posbélico, completamente inundadas sus calles por las aguas de la costa que han penetrado en la urbe, consecuencia también del desastre climático, donde los ciudadanos viven básicamente de noche. Thriller futurista, deudor de bastantes obras precedentes, comenzando por clásicos como Blade Runner (y todos las que vinieron después), y terminando por el mito de Orfeo y Eurídice. Una voz en off entre lírica y discursiva nos guía a través del relato, con ecos del estilo de autores del noir, como Raymond Chandler o Dashiell Hammett.

En la investigación en que se sumerge el protagonista aparecen uno tras otro cada uno de los tópicos propios del género: la sala de fiestas en que actúa la encantadora mujer de la que se enamora perdidamente, los malos muy malos con quien tendrá que vérselas, la investigación en busca de recuperar a la amada, los oscuros y cochambrosos locales que tendrá que visitar el investigador privado, la corrupción en todos los niveles sociales, la pasión amorosa y el destino fatal.

El filme se ve con interés, gracias a los diálogos y a las reflexiones del narrador , donde el tiempo se convierte en un personaje más, jugando así con la narración que nos invita a un regreso al pasado en un viaje de lo más atractivo, siempre en busca de la misteriosa mujer deseada. Las interpretaciones, sobre todo la de Jackman, son magníficas; incluso Ferguson actúa y canta con deslumbrante calidad mientras enamora al protagonista y al público.