En primer lugar, llama la atención el título en español, pues el original es Made in Italy; pero ya se sabe que cualquier referencia a esta bella región italiana puede ser un gancho comercial que suma. Además, no es la primera producción que contiene dicha referencia geográfica, ni será la última. Tampoco es nada original el tema del duelo en su argumento, hay una ausencia, alguien que ya no está y que marca las decisiones y estrategias a seguir por los protagonistas. Así nos encontramos con un viudo y su hijo, como la vida misma... porque tales papeles recaen en Liam Neeson y Michael Richardson, que tuvieron como esposa y madre, respectivamente, a Natasha Richardson. Por tanto, el morbo está servido para los amantes de vidas ajenas.

La película navega entre el drama y la comedia, aunque no sea ni la una ni la otra, con ciertas pinceladas de atisbo de romance entre el hijo -un aspirante a comprar la galería de arte en que trabaja a su suegro con el montante de la venta de una casa heredada en Italia, que se propone restaurar con la ayuda de su padre, un artista en plena decadencia desde que perdió a su amada esposa- y una encantadora italiana que aparece en escena, encarnada en Valeria Bilello.

Por supuesto, no faltan en la cinta las estupendas vistas paisajísticas fotografiadas con suma delicadeza por Mike Eley, como si fueran páginas de una guía turística que invitan al viaje. Una villa en la Toscana se ve con agrado, pues está filmada con bastante tacto como para no caer en lo melodramático. Asimismo, consigue un tono amable y las interpretaciones prestan verosimilitud al resultado, manteniendo un nivel de lo más correcto y adecuado para tener en cuenta como una interesante recomendación cinematográfica para este verano, donde la cartelera está-nundada de vacío y nadería -salvo contadas excepciones- para el espectador medianamente aficionado al buen cine. Por tanto, aunque todo es mejorable, por supuesto, estamos ante una agradable propuesta veraniega a tener en cuenta.