En el siglo de Internet, la imagen no solo es una de las formas de comunicación más universal, sino que, además, está al alcance de cualquier persona que posea un móvil. Una herramienta ilimitada con la que mucha gente se lanza al universo digital para compartir sus fotografías. Esto mismo, pero en pleno siglo XIX, fue lo que hizo nuestro protagonista: Jean Laurent y Minier (Garchizy, Francia, 1816-Madrid, 1886). Este fabricante de cajas de cartón afincado en Madrid en 1843 se lanzó al mundo de la fotografía en 1855 para realizar la enciclopedia fotográfica más extensa de la España decimonónica. Aunque, claro, Laurent realizó su sueño con unos medios mucho más limitados: una tecnología fotográfica recién nacida que, además, le obligaba a cargar con pesadas cámaras y placas de cristal con el laboratorio, y viajando por caminos de tierra o en los primeros trenes a vapor de España.

En apenas 30 años, Laurent y sus colaboradores, ya que el francés no realizó todas las fotografías de su archivo, trazaron un recorrido fotográfico de la Península Ibérica no igualado. Una obra única, no solo por su valía artística, histórica o documental, sino porque su archivo de negativos ha llegado al completo a nuestro días. Por desgracia, una rarísima excepción, pero su catálogo acaba de ser noticia porque el Ministerio de Cultura lo ha colgado íntegramente en internet para disfrute de la ciudadanía. Además, la Bienal de Fotografía de Córdoba presenta en una exposición 40 piezas cordobesas originales de época del retratista francés, y que se pueden visitar en el Colegio de Arquitectos hasta el 2 de mayo.

La Torre de la Malmuerta en 1867. CÓRDOBA

La ciudad de Córdoba forma parte de este enciclopédico proyecto con casi dos centenares de fotografías. Estas conforman el archivo fotográfico cordobés más numeroso entre los incunables del siglo XIX. Unas imágenes que muestran cómo era la ciudad, desde la grandiosidad de la Mezquita Catedral, fotografiada al detalle, a las espectaculares vistas urbanas desde La Calahorra o la del Puente Romano desde el Molino de la Albolafia. Ambas tomas fueron realizadas en dos placas y ofrecen unas copias cercanas al metro de diámetro. Pero Laurent también retrató a los cordobeses en un impresionante estudio etnográfico de tipos populares. Un reportaje en el que capta la vida cotidiana de la ciudad a la puerta de una iglesia, en un patio o en las ermitas de la sierra. Aquí, los fotógrafos de la compañía Laurent consiguen en 1872 un trabajo único y preludio, por primera vez en España, del primer movimiento artístico en la historia de la fotografía, el pictorialismo.

Sus cámaras también captarán algunas de las obras de arte más espectaculares del por entonces Museo Arqueológico de la ciudad; el Museo Provincial en su sede del actual Museo de Bellas Artes, entre otras, el Cervatillo de Medina Azahara o el busto del emperador Calígula. No obstante, su catálogo aún alberga más temáticas cordobesas, como las obras públicas con algunos de los principales puentes ferroviarios de la provincia o retratos de los cordobeses más ilustres de su tiempo, con imágenes del Duque de Rivas, Juan Valera y Lagartijo, entre otros políticos, aristócratas y toreros.

El triunfo de San Rafael hacia 1867. CÓRDOBA

Estas instantáneas fueron comercializadas por la compañía Laurent y sus sucesores durante más de un siglo en Europa y América a través de sus célebres catálogos. Estos fueron editados entre 1861 y 1892 y nos permiten fechar de forma muy aproximada sus fotografías, ya que las únicas noticias de su estancia en la ciudad se remontan a 1857, y las modernas las fechamos hacia 1882 por el estado de la restauración de la capilla de Villaviciosa en la Mezquita Catedral.

En un tiempo en que no existían la redes sociales, ni siquiera la prensa reproducía fotografías de forma directa, las imágenes de Laurent difundieron de forma única la ciudad de Córdoba por todo el mundo. De hecho, hoy estas instantáneas se pueden encontrar en los mejores archivos, bibliotecas y museos del planeta. Una deuda impagable de Córdoba con el fotógrafo francés y que convierten a Laurent en el difusor más influyente del arte, la cultura y la historia cordobesa del siglo XIX.