Unas horas antes del inicio de la fiesta de cumpleaños de Antonio Gala, que tendrá lugar este viernes, que ha despertado envuelto en viento y lluvia, José María Gala, su sobrino y mano derecha en la Fundación que lleva su nombre, hace un alto en el trajín de los preparativos del homenaje para contarnos cómo está el escritor y cómo afronta la institución el nuevo curso.

-Antes de nada, ¿cómo se encuentra Antonio Gala y cómo lleva esta conmemoración?

.Está bien, aquí en Córdoba, apartado de la vida pública y completamente ajeno a este homenaje. Desde hace un par de años, por consejo médico, no participa en ningún acto público que puedan perjudicar su salud, pero desde el Patronato de la Fundación no hemos podido resistirnos a festejarlo al tratarse de una cifra tan redonda como esta.

-Él no es amigo de los cumpleaños. ¿Cómo cree que se lo tomará?

-Es cierto que él nunca ha celebrado su cumpleaños ni ha dicho su edad, espero que se lo tome bien. Lo hemos hecho con todo el cariño, ya le pediremos disculpas si hace falta.

-¿Cómo le ha afectado la pandemia del coronavirus? ¿Qué dice de todo lo que está pasando?

-Antonio recibe cada día varios periódicos y dedica parte de la mañana a leerlos, está muy al día de lo que pasa y al igual que muchas otras situaciones de la actualidad. Vive esta crisis con extrañeza, como algo ajeno, sorprendido por las cosas tan raras que pasan en el mundo, un poco desde la sorpresa y la incredulidad.

-¿Qué tipo de obra inspiraría a Gala una crisis global como la que estamos viviendo?

-No creo que un momento como este le sirviera de inspiración ni lo empleara como telón de fondo de una obra de teatro o novela.

-Gala considera la fundación su obra más preciada. ¿Qué cara del autor conocen los alumnos que han vivido en ella en estos 18 años?

-En estos años, ha habido etapas muy diversas de los primeros años en que Antonio aún publicaba y estaba muy volcado con las promociones, tan absorbentes a las que te obligaban las editoriales, a un momento como este en que dejó de escribir y lleva una vida mucho más tranquila, pero ha habido unos años en medio en que tuvo una relación estrecha con los residentes y, de hecho, parte de sus amigos actuales son autores que han pasado por aquí

-¿Qué cree que aportan los jóvenes pupilos a Gala?

Mucho. Él siempre lo dice, que al principio se sentía como un maestro en la Fundación, pero ahora se siente más como un alumno y que los jóvenes le enseñan permanentemente.

-La pandemia truncó el curso pasado, obligando a confinar a los alumnos. Aquello les pilló de sorpresa y hubo que adaptarse sobre la marcha. ¿Cómo se plantean este curso que empezará en breve?

El Patronato de la Fundación ha previsto todos los escenarios que podamos encontrar, con mucha precaución. Los jóvenes creadores se incorporan el día 13 de octubre, haremos una semana después un acto de inauguración, pero las actividades abiertas al público tendrán que hacerse con aforo limitado en función de la situación y a los que se incorporan, que este año aconsejaba un grupo más reducido porque la vida interna se puede hacer sin problema de distancia social, se les dará una serie de indicaciones y el protocolo previsto.

-Este año recibirán a varios aspirantes a literatos, artistas plásticos y un músico. ¿Qué pesa más a la hora de seleccionar a los candidatos?

-Hay dos puntos cruciales. Aparte de lo que pueda influir la suerte, se evalúan los proyectos que nos presentan y los que más nos interesan y seducen, se llama a sus autores para que los defiendan ante el Patronato. Nos interesa un proyecto brillante y una persona convincente a la que veas capaz de sacar adelante ese proyecto. Este año, pese a las restricciones del covid, se han hecho las entrevistas a los candidatos de forma presencial aunque se han retrasado un poco respecto a cursos pasados, esa parte de defensa del proyecto para nosotros es muy importante.

-¿Usted augura larga vida a la Fundación Gala, teniendo en cuenta cómo está el patio en el tema cultural?

-Confío en que sí, en que va a seguir adelante mucho tiempo y espero que lo haga con el respaldo fuerte y unánime de todas las instituciones.

-Usted lleva ya muchos años siendo la voz y la cara visible de Gala ¿Cómo lleva ese papel?

-Yo no creo que sea la voz o cara de Antonio, me toca el papel de portavoz de la Fundación junto al resto de miembros del patronato. Me sentí un privilegiado cuando me eligió para esta tarea por la confianza que demostró y porque me encanta llevarla a cabo.

-¿Qué es lo que más admira y lo que menos le gusta de su tío?

-Me gusta su obra como literato y como persona, lo que me impresiona es el hecho de que haya sido capaz de tener ese gesto de generosidad de dejar todo su legado a la ciudad de Córdoba. Además, me admira también la enorme capacidad que tiene para seguir aprendiendo y sorprendiéndose de lo que pasa a su alrededor, algo que no ha cambiado con el paso de los años. No hay nada que me disguste, además de ser mi tío, es mi jefe (risas).

-Si tuviera que impartir en clase de Literatura una lección sobre Antonio Gala, ¿qué destacaría de él?

-Me gustaría que se conociera la figura completa y poliédrica de Antonio, al escritor con todas sus facetas de poeta, narrador, ensayista y articulista y a la persona, que es capaz de idear y poner en práctica una iniciativa como la fundación.

-¿Cómo cree que le gustaría a él que Córdoba le recordara?

-Por encima de todo, le gustaría que Córdoba lo recordara. Quiere que la ciudad haga suya la fundación, que junto con su obra literaria hará que él él perviva en el tiempo. Siempre ha sabido lo que la ciudad siente por él, se lo ha demostrado sobradamente, la gente lo para, le da besos, le pide autógrafos y aunque a veces se queja y dice ¡ay esta señora tan pesada que me besuquea tanto! y tal, en el fondo creo que le gusta esa demostración de cariño.