Los pasillos de ARCO se llenan este fin de semana de familias, estudiantes y todo tipo de público que quieren disfrutar del arte y hacerse el correspondiente selfi. Entre la oferta, obras de millones de euros que solo se pueden mirar y otras participativas que se pueden comer y pisar. La Feria Internacional de Arte abrió ayer en Ifema (Madrid) las puertas de su penúltima jornada, en la que recibió una riada de visitantes. Carritos de niños, estudiantes y grupos de amigos se paseaban en busca de la obra más cara, la más polémica y también la más llamativa para compartirla en Instagram.

Desde primera hora, los cuadros de Juan Genovés, Picasso, Dalí o la escultura de casi cinco toneladas de Chillida fueron retratadas por una marea de visitantes que, móvil en mano, se paseó por la feria mientras hacían selfis sin descanso.

Buscan las obras más caras, la más polémica y los grandes nombres, pero también se detienen en autores menos conocidos, como Tomás Saraceno, cuya escultura de acero y espejos en la galería Esther Schipper, queda «fantástica» en Instagram, según exclamaba una visitante. Ante esta afluencia, varias galerías acordonaron sus obras más valiosas o directamente las han retirado de su estand.