Cuando todavía suenan en Córdoba los ecos de la Noche Blanca del Flamenco; cuando la ciudad califal se afana en la celebración de su 37º Festival de la Guitarra, muy cerca, en la Campiña de Córdoba, resuenan también aires flamencos festivos. Y lo hacen con sones de Mirabrás, refrescantes, alegres y expresivas cantiñas que, en su aparente sencillez, trasladan una parte muy significativa de las más puras esencias flamencas.

El nombre de Peña Flamenca El Mirabrás fue el que eligieron, allá por la década de 1960, un grupo de aficionados de Fernán Núñez que, en una modesta taberna de pueblo (La Esquinita Te Espero) se reunían para estudiar y disfrutar del cante de su tierra. Allí, en torno a un tocadiscos de pilas y unos cuantos vinilos singles, nació una ilusión, una quimera, un ideal estético. Allí, en aquellas reuniones informales, se gestó una peña que en 1966, contando en principio solo con siete socios, oficializó su nacimiento.

¿Y por qué El Mirabrás? Pues ése es el nombre rotundo y sonoro de un cante que, en la voz de Rafael Romero, en uno de los discos sencillos de la Antología de Hispavox, se escuchaba con especial predilección. A su amparo la nómina de peñistas se incrementó pronto, poniendo en marcha un impulso flamenco que ha durado, por ahora, cincuenta años, y de cuyos frutos estas páginas, reflejo de todo lo que «de interés» y con verdadera «sustancia» ocurre en la provincia, no pueden dejar de ser sensibles. Interés y sustancia porque, transcurridos 50 años, El Mirabrás ofrece en su haber ante la afición cordobesa un conjunto de realidades de las que estas líneas aspiran a ser una significativa síntesis.

Recordemos los Concursos Nacionales de Cante Flamenco de Fernán Núñez, con repercusión en toda España, con premios más que significativos en lo económico (25.000 de las pesetas de los años 70) y de creciente impacto en lo social: Espiga de Oro y Espiga de Plata para los ganadores. Fueron ocho ediciones, con participación de muchos que hoy son figuras del flamenco. Un solo dato: en calidad de artistas que rellenaban los espacios temporales en que el jurado debatía, actuaron Enrique Morente, Manolo Sanlúcar y Antonio Núñez Chocolate; todos ellos víctimas de su propia generosidad y de los vínculos afectivos con los socios del Mirabrás.

A los concursos siguieron una larga serie de festivales, recitales y noches flamencas que supusieron llevar a los escenarios de la Villa Ducal a los artistas más preciados del elenco flamenco: Lebrijano, Meneses, Morente, Niña de la Puebla, Valderrama (ambos, padre e hijo) y tantos otros...

Pero estos actos eran solo la punta del iceberg de una actitud decidida de reforzar los cimien-tos clásicos del cante, resucitando y revalorizando artistas que han supuesto valores artísticos esenciales. En este sentido son significativos los homenajes que recibieron artistas como Rafael Romero, Juanito Varea, Bernardo de los Lobitos, Curro de Utrera, Perico del Lunar, Chano Lobato, Rosita Durán, Miguel Vargas, Fosforito, Luis de Córdoba... y tantos otros. Reunir a muchos de estos artistas en un mismo escenario supuso, en un momento determinado, tanto como volver a recomponer el Tablao Zambra en una modesta peña de la Campiña Cordobesa: la Peña de Fernán Núñez. Reforzar cimientos, sí... pero creciendo a la vez; por eso El Mirabrás ha tenido especial mimo en apoyar a los que empiezan. Y toda una gama de artistas jóvenes crecieron y se consolidaron en El Mirabrás: Justo Roldán, Calderito, Carmen Marín, Ángel Mata, Pedro Obregón, Bernardo Miranda, Juan Marín, Laura González... Son solo una muestra de un sólido cuerpo de aficionados, que ha permitido realizar grabaciones muy dignas, de las que el 50 Aniversario tendrá la suya propia.

Un aspecto esencial de este medio siglo en El Mirabrás ha sido la obsesión por unir arte flamenco y cultura, superando la visión conservadora del flamenco como un arte menor en lo musical y una faceta del folklore regional. En este sentido El Mirabrás ha realizado decenas de jornadas y ciclos de conferencias en los que lo artístico ha ido vinculado a una explicación y anclaje cultural a la sociedad en que el flamenco vive y pervive. En determinados casos, como en el ciclo dedicado a homenajear a la Antología Hispavox, El Mirabrás fue pionero, adelantado (y como tal reconocido) a escala nacional.

Con estos ideales estéticos por bandera, el trasfondo organizativo y societario ha singularizado también a El Mirabrás como una entidad excepcional, pues no creemos que haya muchos casos de sociedades flamencas que se hayan lanzado a la increíble aventura de comprar un solar y construir en él, desde los cimientos y con el trabajo de los propios socios, una de las más hermosas peñas que hoy pueden encontrarse en la geografía flamenca andaluza y española.

Con esta mochila a las espaldas, y con el orgullo de haber sobrevivido (e incluso crecido), las cinco décadas que ahora cumple El Mirabrás son expresivas de un trabajo bien hecho, solo inteligible a la luz de algunas de las que han sido las máximas de la sociedad: respeto escrupuloso al flamenco en sus distintas manifestaciones (desde las más tradicionales a las más avanzadas) y puertas siempre abiertas para cuantos, con afición y sinceridad, deseen acercarse al sentimiento flamenco.

Con esas mismas premisas el programa del cincuentenario (2017) está siendo especialmente cuidado, con la preparación y edición de un libro conmemorativo que recoja, al menos someramente, lo acaecido en estos 50 años. Y el mismo mimo (incluso más) se está poniendo, para pre-sentar como botón de muestra, una grabación de aficionados del Mirabrás y las Tres Noches Flamencas que, en los meses de junio, julio y agosto, impregnarán de voz, de sones de guitarra y de plásticas imágenes bailadas los todavía puros aires de la Campiña cordobesa. Si tú, lector aficionado y amigo, así lo quieres, en todos estos momentos, El Mirabrás será tu peña. En ella tienes y tendrás siempre las puertas abiertas.

(*) Catedrático de Geografía Humana de la UCO