Después de 40 años suministrando, una y otra vez, sus creativas variaciones sobre un mismo riff, AC/DC no encuentra, naturalmente, mejor manera de celebrar su longevidad que reafirmando en su ideario secular: «Rockea o revienta», desafía el grupo australiano en su nuevo disco, Rock or bust, que sale el martes a la venta sin aportar la menor innovación en su robusto menú de guitarras, bajo y batería, coronado por la chirriante voz de Brian Johnson.

Pero, hablando de guitarras, Rock or bust ofrece cambios, al menos, formales, puesto que es el primer trabajo de AC/DC sin Malcolm Young, que sí interviene como coautor de todas las canciones junto a su hermano menor Angus. Un disco con Malcolm pero sin Malcolm. El titular histórico de la guitarra rítmica se dio de baja hace unos meses debido a una enfermedad mental, con severa pérdida de la memoria, que, según han confesado ahora sus compañeros de grupo, comenzó a manifestarse durante la última y larga gira mundial, entre el 2008 y el 2010.

No es la única turbulencia que está sacudiendo el seno de la banda. Los fans ya habrán observado que en la foto que ilustra este artículo hay otra ausencia, la del batería Phil Rudd. Tampoco ha tomado parte en los dos nuevos videoclips, de las piezas Play ball y la que titula el disco.

Cambio de baquetas

La explicación oficial es que Rudd no pudo ir a las sesiones debido a una «emergencia familiar». Pero el batería, vinculado al grupo durante su época clásica (1975-83) y reenganchado a partir de 1994, ha afrontado en las últimas semanas un proceso judicial por haber planeado supuestamente el asesinato de dos personas. La policía neozelandesa, que le había acusado de contactar con un sicario, ha acabado retirando esos cargos por falta de pruebas, y el abogado de Rudd ha declarado que los daños ocasionados a su cliente «son incalculables». El músico sigue, no obstante, acusado de posesión de metanfetamina y marihuana, y de proferir amenazas de muerte contra dos individuos, cargos que podrían comportarle hasta siete años de cárcel.

Mientras ha salido a la luz este episodio con la justicia, AC/DC ha optado por mantener sus planes promocionales sin él, fichando incluso a un batería, Bob Richards (vinculado a Shogun y a proyectos solistas de Adrian Smith, guitarrista de Iron Maiden), para las sesiones de ambos videoclips, en cuyas grabaciones no tomó parte. Una extraña decisión, y sin precedentes. La banda ha asegurado que todo ello no afecta a sus planes de gira para el 2015, pero no ha precisado si Rudd seguirá o no.

La imagen promocional muestra, pues, a una versión de AC/DC reducida a cuarteto, con Angus Young, Brian Johnson (el cantante que, en 1980, suplió al fallecido Bon Scott), el bajista Cliff Williams (fijo desde 1977) y el nuevo fichaje, Stevie Young, sustituto de Malcolm. Es el sobrino de ambos guitarristas, tiene 58 años, ha sido integrante de diversas bandas poco trascendentes de rock y blues, y ya ocupó esa plaza durante unos meses en 1988, durante la gira americana de Blow up your video. Su papel ha sido emular el sonido de guitarra de Malcolm, de modo que no se aprecian diferencias. En el libreto del compacto hay recordatorios para el ausente miembro fundador: un mensaje con la leyenda «gracias a Mal, que lo hizo todo posible» y una foto de las icónicas guitarras de los hermanos Young junto a un amplificador Marshall.

El disco más corto

Y después de la marejada, llega este Rock or bust para demostrar que nada ha cambiado. Es el disco más corto de la historia de AC/DC, con 35 minutos justos, dos menos que su, hasta ahora, obra más breve, Flick of the switch (1983), y 11 canciones, cuatro menos que su predecesor, Black ice (2008). El disco se abre con las dos canciones que ya han trascendido, Rock or bust y Play ball, y le sigue uno de esos eufóricos himnos con ánimo callejero tan propios del grupo, Rock the blues away. Hay rock'n'roll de tacto sucio en Miss Adventure, oscuridad guerrera en Dogs of war (que parece una segunda parte de War machine, de Black ice), medios tiempos pesados en la hiriente Hard times, ecos stonianos en Baptism by fire y ritmos pétreos en Rock the house y Sweet Candy. Solo se aparta un poco de los patrones corrientes la última canción, Emission control, con ritmo funk-rock.

Un nuevo ejercicio de estilo de AC/DC en vísperas del 40º aniversario de su primer disco, High voltage, que salió en Australia en febrero de 1975. Como aquel, y todos los demás, no estará en Spotify, plataforma de la que AC/DC se desmarca. Pondrá, como es costumbre, el punto de partida de una gira mundial para el 2015 cuyas fechas aún se están negociando. Los escenarios son el incentivo final de los clásicos del rock.