Obra: La Copla Negra.

Autor: Antonio Alamo.

Intérpretes: Alejandra López, Ana López Segovia y Teresa Quintero.

Dirección: Antonio Alamo.

Lugar: Teatro Góngora de Córdoba.

Fecha: Viernes, 22 de marzo.

El viernes tuvimos ocasión de asistir en el Góngora a la representación de la tercera obra de Chirigóticas: La copla negra , original del dramaturgo cordobés Antonio Alamo.

En esta obra todo es lo que parece. Todo está construido para no permanecer inamovible sino para transformarse, algunas veces en la nada y otras para volver a nacer, pero sin haber aprendido nada. Alamo coloca la acción en Cádiz, haciendo una pirueta con aquello de que se encuentra "al sur del sur", pero también porque las actrices son gaditanas y se desenvuelven en ese entorno como pez en el agua haciendo honor a sus orígenes chirigoteros del carnaval más loco de la península ibérica.

La copla negra es un local con apariencia de sala de fiestas, desvencijado, decorado con alfileres para que no se caiga, es una forma de hacer dinero sin pagar a nadie, ni siquiera a las artistas. Pero eso no es ficción escénica. Chirigóticas acerca en clave de humor algo que ocurre a nuestro alrededor. José Luis, el dueño teatral del chiringuito, es fácilmente identificable en cualquier telediario.

Unas cajas apiladas de refrescos forman toda la escenografía jugando con módulos convertibles que arropan cada uno de los rincones en los que las tres actrices se desdoblan en varios personajes para desarrollar la acción.

Alamo dibuja bien esos personajes que recrean ante el espectador una historia frívola en apariencia. Alejandra, Ana y Teresa hacen todo lo posible y necesario para que el público se divierta, ya que este es el principal objetivo de la función. Para ello se despojan de cualquier tipo de vergüenza y sentido del ridículo para crear torbellinos de humor, unas veces consecuencia lógica del ingenio del dialogo y otras de algún "palabro gordo", que diría un amigo mío.

Carcajadas sí; pero todo lo que ocurre en el escenario está medido y tiene una base crítica. Muestra aspectos cotidianos que se dan en cualquier lugar o familia, son aspectos de la sociedad en la que podemos ver reflejado todo el mundo de disparates que nos rodea y que, en este caso, hace más llorar que reír.

Las actrices se mueven perfectamente llenando el escenario y, con el desparpajo del que hacen gala, dan vida a hombres y mujeres a quienes para reconocer no hace falta ahondar en lo que dicen, se expresan perfectamente y forman tipos de la iconografía popular de la ciudad en la que el autor coloca la acción, pero que podemos encontrar en cualquier otra con las diferencia propias de tiempo y lugar: son arquetipos, y como tales pervivirán en la memoria.

En La copla negra se muestra la fachada, lo superficial de lo que ocurre entre los bastidores personales de cada uno. El exterior y el interior, la risa y el llanto. La obra muestra la dureza de la vida en clave de humor, pero subyace la idea de que siempre hubo y habrá: chulos y chorizos, santas y putas. Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor.