Entretenida" y "original" fueron los adjetivos más repetidos ayer por los espectadores que asistieron al preestreno de la película Hansel y Gretel: Cazadores de brujas en los cines Guadalquivir, gracias a los cupones canjeables por entradas que regalaba Diario CORDOBA en su edición impresa. Exito de convocatoria, a juzgar por los casi 200 congregados que colmaron el aforo de la sala, una afluencia que crea buenas expectativas de cara a la taquilla. "Creemos que es la película que va a mover al público y será un punto de inflexión después de unas navidades muy flojas", aventuraba el gerente de los cines, Manuel Martínez.

Entre los presentes, gran expectación, mucho adolescente y algún que otro despistado ("no tengo ni idea de lo que voy a ver, pero pintaba bien en los anuncios de la tele", comentaba Luis Hernández minutos antes de que se apagaran las luces). Pero la gran mayoría, avisados por el título y el más que sugerente cartel promocional, sabían muy bien que iban a enfrentarse a una historia muy distinta a la que nos tenían acostumbrados los hermanos Grimm. Y es que superados los primeros minutos de metraje, la cinta muy poco o nada se parece al clásico, tuneado como pretexto para rodar un film de acción a lo Van Helsing , que transita, casi a partes iguales, los terrenos del terror, el gore y la comedia bizarra.

Han pasado algunos años desde aquel érase una vez dos pobres hermanitos que fueron abandonados en el bosque por su padre y se enfrentaron a la malvada hechicera en la casita de golosinas. Ahora, enfundados en sus trajes de cuero y armados hasta los dientes, Hansel (Jeremy Renner) y Gretel (Gemma Arterton) han dejado atrás su inocencia, pasando de víctima a verdugos en una particular vendetta contra las brujas. Estas, capitaneadas por Muriel (Famke Janssen), tienen en vilo a los habitantes de Augsburgo, que ven mermada su población infantil.

"Creo que es muy interesante esta vuelta de tuerca que le dan a la historia que ya conocemos, algo que ahora se está poniendo de moda", comentaba Rocío Fernández. Pero esa reinvención va mucho más allá. El director, el noruego Tommy Wirkola, arriesga y huye de los convencionalismos y las coherencias temporales, haciendo uso de las licencias que permite el género fantástico, donde todo es posible (incluso que Hansel se inyecte insulina en pleno siglo XVIII). Bajo una impronta estética de influencias burtonianas , Wirkola apuntala el guión sobre unos impactantes y abundantes efectos visuales, a partir de los cuales plantea un delirio argumental de premisas fáciles, diálogos gamberros y grandes puestas en escena. "El argumento es sencillo, pero me han sorprendido mucho los efectos especiales, y eso que estoy acostumbrada a ver películas en 3D", decía Inma Molina. "Es divertida porque se me ha hecho corta", añadía. Ahí reside la clave de este film, donde todos los elementos están dispuestos para sumergir al espectador en una hora y 28 minutos del más puro --y sobre todo duro-- entretenimiento, aderezado con buenas dosis de sangre.

La premiere no dejó indiferente al público: "es muy entretenida, con mucho 3D y mucha acción. Me ha gustado", señalaba Rafael Marcos. Y eso es lo que persigue el autor de la cinta con esta particular visión oscura de un cuento popular (como ya hiciera Catherine Hardwicke en su Caperucita Roja o Rupert Sanders en la más reciente Blancanieves y la leyenda del cazador ); una visión que no pretende inducir a equívocos, pues aquí los personajes disparan, mutilan miembros y comen niños en lugar de perdices.