Carmen Maura, la que fuera musa de Pedro Almodóvar, tiene un pie en Madrid y otro en París. Es en la capital francesa donde atiende a la prensa para presentar Las muchachas de la sexta planta , una película francesa que todavía no se ha estrenado en España y por la que ha logrado el primer premio César (del cine francés) de su carrera. El filme narra cómo en los años 60 las españolitas se malganaban la vida limpiando las casa de los pijos franceses. La película no deja de ser una simple excusa para hablar con Maura de cine, vida y corrupción. Una mina.

--Tiene usted un pie en España y otro en Francia.

--Sí, y en muchos otros sitios. Depende del trabajo. Pero, vamos, donde me encuentro bien es en Madrid y en París, donde tengo también mi hogar. En París, además, voy al cine sola y también a los restaurantes. Eso no lo puedo hacer en Madrid.

--Pero aquí, en París, también la reconocen por la calle, ¿no?

--Más bien se me quedan mirando y pensado ¿de qué conozco a esta mujer? Yo tengo cantidad de películas y he trabajado con Almodóvar, pero la verdadera popularidad la tienes cuando sales mucho en la televisión. Ahora he rodado con Agustí Villaronga Una carta para Evita y un niño con el que trabajo en la serie me dijo: "A ver cuándo viene la Maura". Y le respondí que era yo. "¿Qué tipo de mujer esperabas?", le pregunté. Y me dijo: "Me habían dicho que eras muy buena y esperaba alguien como Lady Gaga". La verdad es que nunca he sido una actriz de llamar la atención por la calle y eso me encanta. En cine puedo hacer de todo.

--Ahora va a hacer de mala con Alex de la Iglesia.

--¡Sí! Me ha dicho que será una comedia de mucho miedo. Terele Pávez será la abuela. Yo, la madre. Y Carolina Bang, la nieta. Me espero cualquier cosa.

--Lo único que se sabe es que Hugo Silva estará rodeado de mujeres perversas. Según De la Iglesia, las mujeres son lo peor y lo mejor de la vida.

--Mi personaje en La comunidad era más burro... ¡Pero es que si no, me comían viva! Era un personaje escrito para un hombre.

--¿En serio?

--Sí, por eso era tan bueno. Alex me llamó y me dijo que tenía un guión donde el protagonista era un tío, pero que si yo le decía que sí lo hacía mujer. Y quedó esa chica fantástica.

--¿Cuándo empiezan a rodar?

--Creo que en mayo o junio. La película se hace seguro porque el productor es Enrique Cerezo y él puede. El sí que puede.

--Oiga, ¿es verdad que cuando se compró su casa parisina una de las vecinas la llamaba "española" despectivamente?

--Compré lo que antiguamente eran habitaciones del servicio y las uní. Yo estaba haciendo una película en México y contraté un arquitecto italiano, que se vino con sus obreros italianos. Debió de pasar de todo. Los vecinos estaban cabreados conmigo. Me cogieron manía y me intentaron hacer la vida imposible. En una reunión de propietarios, una cretina me dijo: "Española". Y aquí ser racista es terrible. La mitad de los propietarios reaccionaron como bestias pardas contra ella y a partir de ahí todo fue más fácil para mí.

--Ya que tiene un pie en Francia y otro en España. ¿Nicolas Sarkozy o Mariano Rajoy?

--No lo sé, francamente. Ninguno de los dos. Si tengo que elegir a uno, pues me quedo con el español, pero no sé. La verdad es que no le desearía ni a mi peor enemigo ser el presidente de España. Y, desde luego, lo que es espeluznante es la corrupción.

--Lo de Urdangarín, por ejemplo.

--Me indigna mucho. Los españoles lo están pasando fatal económicamente y, claro, esa gente ya tiene un buen sueldo.

--Pero parece que España es monárquica.

--España está con el Rey, pero el Príncipe se lo tiene que ganar. ¿Urdangarín puede hacer daño? No sé hasta qué punto. Lo que creo es que es imposible que una mujer que tiene a su marido al lado y hace eso no se entere. No sé cómo va a acabar todo esto. La gente habla con respeto, pero ¡coño! Como la mujer de Julián Muñoz... No sé. La Pantoja, por lo menos, canta. Me da pena. La infanta no.

--Usted siempre ha defendido que habría que dar clases de soledad en el colegio.

--Cuando me enfrenté a la vida, con 17 años, tenía muchas lagunas. Una era esa. Y otra, que no sabía lo que era el dinero. Hay que enseñar a la gente a estar sola. Yo estoy encantada. Se me da de maravilla. Pero le coges vicio. ¿Usted sabe estar sola?