Después de observar lo contradictorio del resultado, no sólo por lo argumental (la oposición entre los dos personajes -blanco y negro- que una bailarina ha de construir para ganarse el papel de su vida) sino también por las emociones que transmite la última película de Darren Aronofsky, por momentos tan desagradable como bella y de calidad técnica irreprochable, en mi opinión, habría sido más acertado titularla ´Cisne negro/cisne blanco´, aunque, como digo, en la batalla final sea el oscuro final quien gane. No obstante, si hay algo en esta producción fuera de toda duda sería la gran interpretación de su protagonista, la actriz Natalie Portman --que realiza un trabajo digno de admiración, no sólo por el camino infatigable que ha seguido para su preparación en la danza, sino también por la dificultad a la hora de encarnar tan dispares niveles de actuación dentro del mismo papel, que podrían llevar a un desequilibrio total (como le ocurre a la joven que da vida) si no se controla hasta el último detalle la actuación separando vida de ficción en todo momento--, que por ello ha sido merecedora y finalmente ganadora del Oscar a la mejor actriz.

Otra gran interpretación, pues, como ya ocurriera con Mickey Rourke en ´El luchador´, en la filmografía de este cineasta que demuestra así ser un gran director de actores otra vez en ´Cisne negro´, donde --no se equivoquen-- encontrarán mucho más que una película sobre la dura disciplina que conlleva la carrera artística de la danza clásica, puesto que el film también se puede ver como un acercamiento e inmersión en el tema de la locura y el desdoblamiento de la personalidad, en un cruce entre lo desagradable y el terror, pues el director se recrea en alguna que otra ocasión con lo repugnante, más que con lo inquietante, perdiéndose a veces por el camino de lo explícito, tan de moda en los últimos tiempos, por desgracia.