Mientras el Ejército alemán desfilaba impecable y desafiante bajo la puerta de Brandemburgo tras el armisticio que ponía fin a la primera guerra mundial, la rendición incondicional impuesta por los aliados en la segunda guerra mundial redujo Alemania a escombros. No se trataba solo de la muerte del 10 % de la población, de millones de desplazados, de la destrucción de la mitad de las infraestructuras viarias y de una cuarta parte del parque de viviendas, sino también de la pérdida de la Heimat, del hogar, de la seguridad y la tranquilidad del útero materno. Pocas veces como esta se puede hablar de un antes y un después.

En Alemania 1945 , a diferencia de la multitud de libros que describen el ascenso y expansión del nazismo, el profesor Richard Bessel explica el resurgimiento de la nueva Alemania a partir de la tesis de que la violencia vivida en los primeros meses de 1945 transformaría a los alemanes de verdugos en víctimas.

La Alemania de posguerra se caracterizó por una tensión entre el deseo de recordar el propio dolor y el de olvidar lo que los alemanes les habían hecho a los otros pueblos durante la guerra. La derrota, la reclusión, la pérdida de empleo y la presencia de millones de soldados extranjeros supuso un terremoto para los hábitos y valores que habían configurado las relaciones hombre-mujer en Alemania. La derrota, en opinión del autor, había conducido a la crisis de la masculinidad. Las mujeres fueron violadas en masa como venganza y humillación de la antaño poderosa y ahora impotente raza superior. Las mujeres se quedaron sin pareja y una cuarta parte de niños creció sin padre. Las mujeres arrimaron el hombro para sacar adelante la familia y el país. El protagonismo femenino en la sociedad alemana es un factor decisivo para entender la nueva Alemania, país hoy liderado por una mujer.

El núcleo dirigente nazi intentó obligar a la nación a autodestruirse para que las futuras generaciones se sintieran destinadas a vengar a los muertos. Casi logran en su empeño borrar Alemania del mapa pero no tuvieron la misma fortuna en los valores que sustentaron la resurrección alemana. El pacifismo impregnó el nuevo ADN de una nación decidida a liderar, 50 años después, la casa común europea dejando atrás el imperialismo racista.