La conmoción por la inesperada muerte de Michael Jackson a los 50 años ha dejado paso al enfado y a las preguntas. Como la policía de Los Angeles, la familia del rey del pop (que está reunida en una propiedad del barrio del Encino con los tres hijos del artista) cree que quien puede y debe contestar muchas es el hombre que le vio por última vez con vida: el doctor Conrad Murray, único testigo de lo que ocurrió la mañana del jueves en la mansión que Jackson tenía alquilada en Bel Air. Tras permanecer desaparecido durante 24 horas, Murray ha contratado a un selecto bufete de abogados de Houston (Texas) y ha reaparecido para prestar declaración ante la policía, que de momento no le considera sospechoso.

Murray tiene 56 años y un historial de problemas fiscales y financieros, pero ninguna sanción disciplinaria. Había sido contratado como médico personal de Jackson por AEG, la compañía promotora de This is it, la serie de 50 conciertos con la que el autor de Thriller iba a regresar a los escenarios y para los que había estado ensayando hasta el miércoles, sin señales aparentes de problemas. "Estuvo bailando tan bien o mejor que los bailarines de 20 años", declaró Randy Phillips, presidente de AEG Live.

NO SE DISCUTE CON EL REY Phillips aseguró que el fichaje de Murray se realizó a petición del propio Jackson. "Habríamos preferido no tener a un médico en la plantilla porque habría salido más barato, pero Michael insistió en que se le contratara y dijo que le conocía", afirmó el promotor, al que el cantante "me dijo: ´Mira, todo este negocio gira sobre mí. Soy una máquina y tenemos que mantener la máquina bien engrasada. Y no se discute con el rey del pop".

Los problemas de salud de Jackson y sus adicciones son tan opacos como sus finanzas o su vida personal. Pero han resurgido con fuerza noticias y rumores. The New York Post, por ejemplo, enumeró ayer el "cóctel diario" de fármacos que supuestamente tomaba Jackson, una lista con nueve medicamentos que incluye calmantes, el ansiolítico Xanax y un antidepresivo.

Nadie resume como Liza Minnelli la tormenta que puede estallar: "Todos quienes le conocieron realmente bien saben cómo era y estoy segura de que cuando llegue el resultado de la autopsia se va a montar una gorda" --declaró la actriz y cantante--. Así que gracias a Dios lo estamos honrando ahora".

La autopsia de tres horas realizada el viernes al cadáver por la oficina del forense del condado de Los Angeles (que tuvo que hacerse cargo al no haber un certificado de muerte firmado por ningún médico) descartó que hubiera "juego sucio", pero no determinó las causas de la muerte. Algo más se sabrá cuando, dentro de unas semanas, se obtengan resultados de varias pruebas de neuropatología, pulmonares y toxicológicas.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA El reverendo Jesse Jackson, amigo personal de la familia del artista, visitó a algunos de sus miembros el viernes y les convenció para que pidan que se haga una segunda autopsia independiente al cuerpo, que fue entregado el viernes por la noche a la familia y trasladado a un mortuorio. El político y activista confirmó que la familia está confundida y enfadada por la falta de información de quienes rodeaban a Jackson en sus últimos días. Especialmente, echan de menos las respuestas del doctor Murray a muchos interrogantes: "¿Cuándo fue a la casa? ¿qué hizo? ¿le inyectó algo? Y, si es así, ¿usó Demerol? ¿le inyectó una dosis? ¿dos?". Fuentes anónimas aseguran que a Jackson se le inyectó una dosis de Demerol a las 11.30 horas, por lo que esos 51 minutos podrían ser claves para descubrir las causas de su muerte, así como la llamada a emergencias desde la casa del ídolo.