EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

Autor: William Shakespeare.

Adaptación teatral: Juan Bosco.

Dirección musical: Antonio Carmona.

Intérpretes: Asier Etxeandia, Claudia Giráldez, Javier Godino, José Luis Torrijo, Alfonso Begara, Flor Aragón, Eduardo Mayo, Nur Al Levi, Mingo Ruano, Alba Flores, Vicky Castillo.

Músicos: Chiqui Maya, Juan Maya, Konstantin Chakarov, Freddy Valero.

Dirección: Tamzin Townsend.

El Gran Teatro de Córdoba ha abierto este fin de semana sus puertas a la representación de El sueño de una noche de verano , que en esta ocasión llega adaptada por Juan Bosco y dirigida en lo musical por Antonio Carmona, todo ello de la mano firme de la británica Tamzin Townsend que dirige todo el cotarro de lo que ocurre sobre el escenario.

Esta obra de William Shakespeare, escrita en 1595, es posiblemente una de las piezas en las que, tanto si simplemente nos sentamos a leerla o si la vemos representada, al receptor del texto (lector o espectador) le llega una serie ininterrumpida de sensaciones múltiples que le envuelven de tal manera que le introducen plenamente en la trama desenfadada de esta obra que, precisamente por ello, ha sido objeto de las preferencias de muchos directores teatrales ya que en ella pueden jugar con la imaginación y la fantasía.

El sueño de una noche de verano se aleja bastante de lo que podemos considerar una obra de personajes, como pueden ser Macbeth, Otelo o Hamlet, para pasar a ser una obra de situaciones, en la que los protagonistas están al servicio de la trama y la acción teatrales y se les puede identificar más por lo que representan que por lo que realmente son.

ORIGINAL METAFORA En lo que prácticamente es una jornada en el tiempo, entre el día y la noche, pudimos ver sobre el escenario unos seres reales, otros divinos y mitológicos, todos ellos rodeados de duendes y hadas, con los que Shakespeare teje distintos planos narrativos en los que podemos descubrir una original metáfora de seres cambiantes en los que los actores y actrices se vuelven invisibles para dejar paso a sus personajes.

La adaptación de Bosco se mantiene muy fiel al original, sin ninguna invención en el argumento. De cualquier forma, el espectador puede plantearse un cierto miedo o prevención a la hora de enfrentarse a una serie de situaciones que están trasladadas en el tiempo y el espacio a lugares distintos del original.

El hecho de trasladar los personajes reales a la etnia gitana en el tiempo actual es el resultado de un punto de vista transgresor, si queremos, pero de una indudable valentía al enfrentar al espectador con el hecho de conseguir que identifique el texto teatral adaptado con el original. Dicho de otra forma, nos podemos encontrar dos puntos de vista al principio de la representación: estamos ante un sueño de una noche de verano en versión gitana o bien ante una historia de gitanos con algún parecido a esa obra teatral.

TRANSPOSICION Conforme transcurre la acción, vemos que simplemente existe una transposición espacio temporal. Un travieso duende ejerce como encantador maestro de ceremonias y propiciador de todos los enredos que en escena se producen y entrelaza las distintas acciones que se desarrollan. Una, amorosa, que se circunscribe a este mundo gitano en el que la decisión del hombre y del patriarca es ley, y que se adorna de todo el folklore al uso en estos casos. La música, original de Antonio Carmona, que acompaña a este desfile de personajes un tanto tópicos, está bien diseñada e interpretada en directo y matiza con sus letras la parte manipulada del propio texto y hace evidente el protagonismo de Carmona/Retama en las rumbitas, boleros, música zíngara, e incluso apuntes de salsa.

Otra acción, muy definida, es la que protagonizan los seres mitológicos que manipulan a su antojo, cambiando el transcurso normal de las cosas, a los distintos personajes. En El sueño se canta y se baila; junto con pasajes de expresión corporal de saltimbanquis. Esto que puede chocar en principio, conforma un híbrido de actuación y vivencia que entra en colisión con un concepto purista de la obra, pero que es un atractivo más para la energía juvenil del espectáculo.

La dirección de Townsend nos ofrece una visión del teatro de Shakespeare llena de juventud y ritmo que crea la magia teatral con elementos y personajes más cercanos a nosotros.

TEATRO DENTRO DEL TEATRO La tercera acción, que podemos considerar metateatral, es la que pone fin a la obra en la que, con el teatro dentro del teatro, esa compañía de cómicos de mala muerte arrancan la carcajada del público asistente al interpretar un sketch más cercano a la Venganza de Don Mendo que a otra cosa.

La dirección escénica logra mantener en todo momento un ritmo juvenil y dinámico en el que sobresale una perfecta composición escénica. En resumen, se trata de un Shakespeare rejuvenecido a ritmos de música zíngara y rumbas con toques de flamenco que por su falta de complejos está llena de frescura y lozanía.