ORQUESTA PRESJOVEM

Piano: Antonio Ortiz.

Dirección: Pablo Mielgo.

Lugar: Gran Teatro.

Día: Miércoles, 15 de octubre.

Difícil hubiese sido imaginar hace sólo unos lustros que en España una cuarentena larga de jovencísimos músicos pudiera interpretar con solvencia una sinfonía de Beethoven o un concierto de Mozart. Al páramo orquestal que era nuestro país, se unía la atávica carencia y escasa promoción de muchos instrumentos orquestales (en contraste con una abundancia exagerada de estudiantes de piano y de guitarra). De ahí que cuando a mediados de los años ochenta surgió la Joven Orquesta Nacional de España, pudimos apreciar que las cosas estaban cambiando; y, en efecto, poco a poco se sucedieron algunos ejemplos elocuentes al respecto, como fue el caso de la Orquesta Joven de Andalucía. Pues bien, en esa senda de futuro y éxito se halla la Orquesta Presjovem, que el miércoles pasado se presentó en el Gran Teatro. Y por lo escuchado, no cabe duda de que ésta es ya la mejor tarjeta de presentación de la Escuela de Jóvenes Músicos Ciudad de Lucena, a la que está estrechamente vinculada, pues los integrantes de la orquesta han sido o son alumnos de dicha escuela y, además, la orquesta cumple las funciones de formación residente en el festival de piano paralelo. Pero, sobre todo, la Orquesta Presjovem es el ejemplo vivo de un proyecto educativo y cultural iniciado hace doce años, primero en el ámbito del piano, y más tarde, ampliado a los instrumentos orquestales.

UN TRABAJO ADMIRABLE

Como es lógico, ante una orquesta integrada por músicos en edad adolescente y que apenas pueden reunirse en unos cuantos períodos de días al año, no pueden utilizarse los mismos parámetros de exigencia que cuando se trata de orquestas profesionales y estables. Por ello, las ligeras imprecisiones rítmicas o de conjunción habidas en algún momento, o aisladas pifias individuales, no pueden ensombrecer ni un ápice lo que es un trabajo admirable de todo punto: un sonido compacto y lleno, cohesión y equilibrio entre las distintas secciones orquestales, y unas interpretaciones vigorosas, con fuerza y plenas de entusiasmo.

Ciertamente, el trabajo de su director, Pablo Mielgo, es doblemente elocuente: en el podio, conduciendo con seguridad y vitalidad la interpretación del momento, y en el trabajo previo: ambicioso y riguroso. De otro modo no hubiesen logrado el alto nivel alcanzado con la monumental Séptima beethoveniana, tocada con una energía, fuerza en los contrastes y poder de comunicación admirables, o en el Concierto K.488 de Mozart, donde arroparon con singular maestría la impecable ejecución del joven pianista malagueño Antonio Ortiz, artista de altos vuelos y con hechuras más que suficientes para hacer una gran carrera.