Poesía
La poesía reunida de Jesús Munárriz
La editorial Hiperión publica ‘Poesía incompleta’, del escritor y editor, en dos volúmenes

Jesús Munárriz. / @JMSANCHEZPHOTO
El poeta jacobino e intransigente que cree, en su dorada juventud, que solo importa la estirpe de los poetas a la cual él pertenece (o cree pertenecer) no podría estar escribiendo esta reseña. Esta reseña ha de ser obra de un poeta ya maduro, que ha leído y, sobre todo, ha vivido más y acaba por comprender que lo bueno en poesía puede venir vestido de un modo o de otro. Lo esencial es saber identificar en qué poema, y no en qué corriente estética, hay poesía. Porque la poesía, en verdad, es algo muy diferente de la poesía leída, escrita o traducida. La poesía es una experiencia, una epifanía, un instante de revelación que va atado al lenguaje que la causa, aunque es también lo que trasciende más allá de ese lenguaje. En el ‘Tractatus’ Wittgenstein nos dice, entre otras muchas cosas, que el lenguaje es la escalera que hay que retirar tras haber subido por ella. El jacobino adolescente, enamorado de los sones y sueños de Rubén Darío o del primer Juan Ramón Jiménez, acaso actúe con injusticia, apartando de sí a otros poetas del mismo mérito. Pero si, como dijo Machado, el «arte es largo y además no importa», entonces el poeta maduro sabrá leer y admirar y amar las obras que se apartan de esa estrecha estirpe personal. Digo todo esto de corazón, hallándome ante la poesía completa (en excelente edición de Pedro López Lara) de un autor que nos conduce, sin salir del realismo, por otras sendas, cercanas o no, pero totalmente iluminadas por los versos de quien escribe cosas como este poema, en la página 341 del primer tomo, poema titulado ‘Doncella ciega de la noche’: «Doncella ciega de la noche, danza,/ danza tu vientre florecido, danza./ Mortalmente inmortal, no liberada/ pero sí libre, al aire de su vuelo,/ pura pregunta, en carne encadenada/ aunque gozosa, la doncella danza./ (...)/ Danza en la noche la doncella, danza,/ del sol viene, al sol va, con el sol danza». Pero no solo hondo lirismo encontraremos en estos dos tomos. También son frecuentes el humor y la ironía, tan necesarios para no caer en la huera solemnidad. Munárriz cree en la poesía como comunicación. En ese sentido se expresa en el libro ‘Código de señales’, que es toda una poética desarrollada (con originalidad) en verso, y así puede decir: «Deseo comunicar con usted,/ con usted, hipócrita lector,/ mi semejante,/ mi hermano./ ¿No ve que le estoy escribiendo?». Desde sus primeros libros, especialmente desde ‘De aquel amor me quedan estos versos’, Jesús Munárriz muestra una voz propia y un mundo particular. Tal vez haya escrito los mejores poemas de amor de su generación. Pero no podemos olvidar que hay otros asuntos eminentes a los que atiende esta poesía: el devenir político de España y Europa, los derechos humanos, la necesidad de una poesía que obtenga la paz y la culta convivencia. Sí, pero a este lector le encantan igualmente secciones como la maravillosa ‘Viejos poemas de la vieja Europa’, donde hallamos textos «en apariencia» más cercanos a la estética que primó en su juventud, la de los Novísimos. Y digo que solo en apariencia porque Munárriz parece construir un poema culturalista sobre la Weimar de Goethe, en el precioso ‘Concierto de arpa en el salón de baile del palacio ducal de Weimar’, donde hallamos estos versos iniciales: «La eventual bonachonería ministerial del viejo maestro/ pasearía su genial abdomen/ al filo de la columnata,/ aquí donde Alemania y Grecia confunden pasado y órdenes,/ pergeñando la posibilidad/ de un nuevo amor/ y fugas italianas». Y acabamos, en el último verso, en otra ciudad, la misma y distinta, en esta ‘Weimar socialista’. Pero también aparece en esta sección la Jena nevada, deslumbrante, la ciudad de los filósofos y los poetas. Y sobre todo hay en nuestro autor una voluntad profundamente crítica, y hasta revolucionaria, de revisar la Historia. ‘Corazón independiente’ es, en este sentido, uno de los mejores libros del autor, con su primera parte ‘Yo nací en el cuarenta’, década sometida a una revisión ácida y valiente; con los ‘Asombros’ de la parte cuarta, donde hallamos poemas que son un golpe vallejiano. Dice Munárriz ante los caídos en Normandía: «Aquellos cementerios militares/ en Normandía: miles de cruces blancas/ idénticas, simétricas/ en sus verdes praderas./ Elegantes jardines de la muerte...». En el poema ‘Mis hijos me traen flores de plástico’, de ‘Libro de las alucinaciones’, José Hierro transmitía una enseñanza a esos hijos, al mostrarles la necesidad de comprender a todos los artistas, a todos los que dejan su vida en «unos colores, unas notas, unas palabras...».Tras la lectura de estos dos tomos el poeta jacobino joven calla y el poeta maduro habla y celebra. Esta reseña es la celebración de una poesía de valor incontestable. Se asegura en el muy bello poema ‘El profeta’ (en la página 223 del primer tomo) una fe de vida que no es sino haberse entregado, como Munárriz ha hecho, a realizar una obra que tenga su lugar en el mundo: «Y, aunque sus ojos nunca verán el paraíso/ ni pisarán sus pies la tierra prometida,/ sabe que su palabra quedará como un eco/ rodando por los siglos,/ y a ella entrega su vida, melancólicamente». Como dijo muy sabiamente Rimbaud, «todo eso ha pasado y ahora sé saludar a la Belleza».
Más allá del poeta
Recuerdo que el primer libro de la editorial Hiperión que leí, a los catorce años, fue la maravillosa ‘Canción de amor y muerte del alférez Christoph Rilke’, traducida por el mismo editor, Jesús Munárriz. En este librito Rilke cuenta la historia del amor y la muerte de un antiguo guerrero, supuesto ascendiente noble del poeta de Praga, que en una sola noche conoce ambas fuerzas y canta bajo la fuente que crean las espadas sarracenas al caer sobre el soldado. Muchos combatientes alemanes de la I Guerra Mundial llevaban este libro con sus pertenencias. Con todo, me cautivó también mucho la Introducción y el Epílogo puestos al libro de Rilke. En Córdoba, con motivo de la celebración del Mapa Poético (antes de la era de Cosmopoética), coincidí con Jesús Munárriz y le pregunté por el anónimo autor de aquellos paratextos que tanto me habían gustado en mi adolescencia. Pues bien: resulta que fue el propio Munárriz el autor de los textos que arropaban el poema en prosa de Rilke. Y es que el poeta, editor y traductor (y las tres cosas es Munárriz) trabajan unidos, persiguiendo un mismo objetivo: que el autor extranjero, una vez traducido y editado, suene lo más cercano posible en la lengua de llegada; el español, en este caso. Así, solo con la sensibilidad y el cuidado y la valoración con que se debe traducir, «se siembra la semilla de sonrisas que nacen en lo oscuro» (según Emily Dickinson). En la luz viva del adolescente que uno fue la palabra de Rilke me llegó aun más gracias a esa traducción y a ese «anónimo» prologuista y epiloguista. Como Visor y otras, Hiperión nos ha dado siempre a los mejores poetas extranjeros. Son las buenas editoriales de poesía las que debe seguir y perseguir el poeta joven, creando su biblioteca de imprescindibles autores que trabajan, todos ellos, en lo mismo: en mantener el fuego de Prometeo, la palabra primera que fue prohibida al hombre y que los poetas y traductores y editores recuperan para bien de la Humanidad. Puede estar satisfecho Munárriz: ha creado su propia obra y además ha editado buenos y hermosos libros; y ha dado voz sólida a libros esenciales, como, por seguir con Rilke, el ‘Libro de las imágenes’ o los ‘Sonetos a Orfeo’. Tendría que hablar de muchos otros libros, pero termino recomendando la mejor versión, para mí, de las ‘Flores del mal’ de Baudelaire: la traducida por Jesús Munárriz y editada en Hiperión.
‘Poesía incompleta’ (dos tomos).
Autor: Jesús Munárriz.
Editorial: Hiperión. Madrid, 2025 y 2026.
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