Las guardas
Del ídolo al ocaso

Del ídolo al ocaso / CÓRDOBA

La relación entre Nietzsche y Richard Wagner fue una de las más intensas, apasionadas y dramáticas de la historia de la cultura. Siendo Nietzsche un joven profesor de Filología en Basilea conoce a Wagner en 1868, y queda fascinado. Ve en Wagner al renacimiento del espíritu trágico griego (dionisíaco) que tanto admiraba. Llegó a dedicarle ‘El nacimiento de la tragedia’ (1872), incluso lo defiende públicamente como el gran artista del futuro alemán. Wagner era para él una figura paterna, un genio, un «benefactor de su vida». Pasaron tiempo juntos en Tribschen (Suiza) con Cosima Wagner (de quien Nietzsche también estuvo enamorado platónicamente).
La ruptura o el distanciamiento comienza en el Festival de Bayreuth de 1876. Nietzsche asiste lleno de expectativas y sale decepcionado: observa a multitudes burguesas, reconoce al nacionalismo alemán vulgar, y siente que Wagner se está volviendo «teatral», «decadente» y «popular». Nietzsche rechaza cada vez más el nacionalismo, el antisemitismo y el giro de Wagner hacia un cristianismo místico (especialmente con ‘Parsifal’, que Nietzsche vio como una traición al paganismo vital).
En estos momentos Wagner representa para Nietzsche la decadencia: era el creador de una música que embriaga, enferma e hipnotiza, en lugar de afirmar la vida. Esta ruptura resultó dolorosa, pero liberadora a la vez para Nietzsche. La describe como quitarse un veneno de encima. Wagner compuso ‘El ocaso de los dioses’: una grandiosa destrucción del mundo de los dioses. Nietzsche llegó a titular una de sus obras ‘El crepúsculo de los ídolos’ (1888) (cuyo título completo es ‘El ocaso de los ídolos, o cómo se filosofa a martillazos’), un juego de palabras dirigido contra el propio Wagner.
En sus últimos años, Nietzsche escribe dos textos feroces contra su antiguo ídolo: ‘El caso Wagner’ (1888) y ‘Nietzsche contra Wagner’ (1889).
La relación es un clásico caso de amor-odio filial: Nietzsche necesitó matar al «padre» artístico para nacer como pensador independiente. Wagner fue para él el mayor estímulo y luego el mayor antagonista digno. Muchos ven en esta ruptura el momento en el que Nietzsche se libera completamente y entra en su fase más madura y radical.
Hay dos textos que describen muy bien esta tortuosa y apasionante relación. El ensayo clásico ‘Nietzsche on Wagner’, de Roger Scruton. Y ‘Wagner y Nietzsche’, de Pablo Sorozábal Serrano.
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