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Novela

La Córdoba de Almanzor

La madrileña Emma Lira publica ‘La luz de Medina’, último Premio Edhasa

Emma Lira.

Emma Lira. / Enric Fontcuberta / Efe

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Córdoba

La autora madrileña Emma Lira obtuvo el Premio Edhasa de narrativa histórica en su novena edición con la obra ‘La luz de Medina’. El jurado valoró «la extraordinaria sensibilidad con que la novela describe con ricos detalles y un exotismo velado, la Hispania árabe-musulmana del califato, en la cumbre de Medina Azahara, así como la historia de Almanzor antes de convertirse en leyenda». Desde esos postulados, la atracción sería más que suficiente para cualquier lector, en especial de novela histórica. Añadimos que se realiza un original y detallado recorrido por el periodo Omeya que abarca el gobierno, sobre todo, de Al-Hakam II, y al que se une la presencia de la mujer en ese escalafón social tan masculino. También debe tenerse en cuenta que el prejuicio de la cultura musulmana en la península resulta, digamos que inferior, a las romana o visigoda, que parecen tener mejor prensa civilizadora. No es el caso desde el relato de Lira. Esta ha declarado su intención, clave atractiva para el relato: «Me interesa el por qué los seres humanos lloran o suspiran, la vida de puertas adentro de Mediana Azahara».

La novela ofrece una visión humana y estratégica de Muhammad ibn Amir, que acaba siendo conocido como Almanzor (El Victorioso), alejado de su imagen de villano y en esta ocasión equilibrado en sus claroscuros. Junto a él destaca la figura como contrapunto de Lubna de Córdoba, una esclava de origen cristiano encargada de la biblioteca califal, que se presenta como eje moral y cultural de la trama. La narrativa que nos ofrece la autora se apoya en una investigación exhaustiva que integra detalles arqueológicos, geopolíticos y literarios, convirtiendo el pasado en un espejo de dinámicas actuales como la gestión del talento y la ambición. Lira ha alcanzado el mérito literario de llevarnos por el interior de la Córdoba califal, hasta el punto de que escuchamos el murmullo de las fuentes o el aroma de las flores de los jardines, el bullicio de sus calles y el esplendor de su corte. El escenario principal es la Córdoba del siglo X, un período en que la ciudad se consolidó como el corazón de Occidente, rivalizando con las potencias coetáneas de Bizancio y Bagdad.

El califato cordobés surgió como una contraposición a la dinastía que les había arrebatado el poder en Oriente, y buscó ser el centro legitimador de poder civil y religioso, integrando herencias romanas y visigodas. Resulta inevitable que las asechanzas y manipulaciones corrieran en silencio por las estancias de Medina Azahara, la mezquita o las casas y palacios cordobeses. Los dos personajes mencionados sirven para adentrarnos por esos lugares y encontrar a quienes protagonizaron uno de los momentos más álgidos de la historia medieval. Un joven de baja procedencia social, estudiante de leyes, que llega a Córdoba con ambición pero sin recursos. Su ascenso no fue solo militar, sino burocrático y relacional. Se nos presenta como un ser inteligente en el que utiliza ésta de forma similar a un tablero de ajedrez para ganar voluntades. Almanzor entendió que la propaganda era tan importante como la victoria. Por su parte, Lubna de Córdoba representa la «conciencia» de la novela y la importancia de la mujer en la sombra en este periodo. Secretaria de la Cancillería y guardiana de la biblioteca de Al-Hakam II vive en el harén y su libertad reside en los libros y la gestión de un ejército de copistas. Se muestra desde la narrativa de Emma Lira como la idea de que la cultura es el centro invisible que sostiene el poder.

En el relato se nos ofrecen varios pilares sustentantes que lo hacen singular, respecto a otras narraciones que han tratado también este periodo tan atractivo y convulso. El conocimiento se muestra como arma y legado, destaca el hecho de la introducción del papel en el califato, verdadero hito tecnológico, a la vez que simbólico, puesto que mientras las estructuras del poder y los edificios caen se mantiene el conocimiento. Un segundo aspecto muy logrado es la figura del harén como centro político; lejos de los estereotipos se nos presenta como un «laberinto de voluntades en conflicto», un espacio donde se tejen conspiraciones de geopolítica y donde mujeres como Subh, la favorita del califa y madre del heredero, ejercen una sobresaliente influencia en la sombra. A esto se suma la narrativa de la historia, ya que resulta un factor clave en la novela histórica cómo se cuenta la historia. Desde las crónicas se nos presentó un Almanzor percibido como un ser terrible, tal vez porque nunca fue vencido en batalla y llegó a morir de viejo. La obra invita a mirar este pasado sin prejuicios, reconociendo el califato como una herencia cultural propia de la península, con un ejercicio literario que permite casi vivir el día a día tras los personajes tan relevantes, con sus luces y sombras.

‘La luz de Medina’.

Autora: Emma Lira.

Editorial: Edhasa. Barcelona, 2026.

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