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Poesía

La poesía de Hatif Janabi

Publicada ‘No todas las flores entienden del viento’, antología del iraní

Hatif Janabi. | CÓRDOBA

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Córdoba

Es la primera vez que leo a este magnífico poeta iraquí afincado en Polonia desde 1976, vinculado como profesor a la Universidad de Varsovia hasta 2019, habiendo escrito más de cincuenta volúmenes de poesía, estudios críticos y traducciones, y habiendo sido galardonado con un buen número de premios internacionales, entre los que destacan el Premio Anual de Literatura de la Universidad de Arkansas Press (1995), el Premio Nagoda Transatlantyk (2023), la Medalla Zigmunt Krasinki (2024) o la Nominación al Premio Internacional Unesco-Sharjah de Cultura Árabe.

Esta obra que comentamos ha sido seleccionada y traducida al español por Khédija Gadhoum, profesora tunecina jubilada de la Universidad de Georgia (EEUU), poeta y traductora literaria con una amplia producción. En su magnífico prólogo llega a la conclusión de que Janabi «ha aprendido a navegar en el destierro, en su “barca de poesía”, a fin de cicatrizar el desencanto de la (madre) patria o nación imaginada (…) y reconciliar el calvario de su desdoblamiento existencial». Nos habla también de una escritura introspectiva, simbólica y humanista, muy arraigada en las intertextualidades literarias y culturales, con tendencia a la reflexión filosófica, pero centrada en el aquí y el ahora.

En No todas las flores entienden el viento, cuya magnífica edición se debe a José Sarria, se reúne una amplia selección —la obra alcanza las 337 páginas— de numerosos libros del autor: Más allá del color, No se parece a sí mismo. Con poemas polacos, Silencio, Invitado… hasta Paraísos, ciervos y militares.

Se trata de una lírica que construye toda una teoría del conocimiento y nos permite adentrarnos en lo imprevisible, abordando la realidad cotidiana en toda su dimensión y perspectivas, creando una simbiosis, un mestizaje entre Oriente y Occidente, sobre todo en lo que afecta a la simbología clásica o a la síntesis de elementos foráneos diversos. Al mismo tiempo, es una poesía de enorme excelencia, recóndita, que aborda una completa gnoseología vital, personal y emotiva, sin relegar la faceta del compromiso lírico, que surge en sus versos de manera intermitente pero resistente.

El exilio de Janabi no representa solo un distanciamiento físico de la tierra -que no emotivo-, sino también una fractura lingüística, al asumir la realidad de Polonia y su existencia en un país tan diferente en costumbres y lengua respecto a su pueblo. Esta dimensión está muy presente en su lírica, que expresa con frecuencia ese desarraigo y las vivencias del propio yo poético en su nuevo mundo.

Sin embargo, no existe en sus versos una idealización del hogar perdido, ya que lo que se produce es una especie de construcción arqueológica, donde el testimonio de la memoria sirve para edificar el ser propio, siendo la alegoría uno de los recursos más frecuentes desde los primeros poemas, como en la imagen de ese anciano echando sus redes.

Lírica

En determinados momentos, sobre todo en la poesía más reciente, abunda el lenguaje axiomático y la construcción de sí mismo: «Toda mi vida me he tejido con hilos invisibles, / entretejidos con las letras del olvido». Sus temas abarcan desde esa construcción memorial hasta el mito del paraíso, la propia reflexión metapoética -«Escribe si no te agrada lo que ves u oyes, / lo que lees o escribes… / Escribe si buscas salvación y visión»-, la inteligencia artificial, los grandes temas universales -muerte, amor- y, siempre, la reconstrucción vital, como sucede en Volver al Kurdistán, donde reconoce haber vivido siempre entre dos espadas y derramado muchas lágrimas.

A través del uso de metáforas telúricas -el Tigris transmutado en ceniza, la arena, el polvo-, el trauma iraquí deja de ser un hecho histórico para convertirse en una condición existencial. Pero también existe una estética de lo fragmentario, con influencias del surrealismo y el existencialismo, visible en imágenes que se yuxtaponen o en los silencios sintácticos.

Podemos considerar que su poesía es una auténtica aventura del conocimiento y una inmersión en lenguas y culturas que no son únicamente las suyas -iraquí y polaca-, como cuando afirma en el poema Lenguas en las que no vivo: «en busca de / lo que significa escribirse / fuera de lo escrito / palabras que respiro / pero en las que no vivo».

Son constantes las referencias a su cultura iraquí, a su patria y a toda esa simbología que emerge desde el abismo personal y desde una permanente búsqueda de comprensión del mundo: «Mira lo que no se ve y escucha lo que no se oye / pon los dedos en la boca del tambor, / y mira cómo se desvanece el crepúsculo».

La temática de Dios, la naturaleza y su fortaleza, las sombras en el espejo, lo que significó para él Polonia, «el descenso de la flecha de las palabras / en el camposanto de la nada», el idealismo del soñador o la nostalgia aparecen en ocasiones con un tono emotivo, melancólico y profesoral. Y, a veces, bajo el misterio de la palabra, convertida en santuario y altar del discurso.

Una extraordinaria obra la de este escritor profundo, humano y conmovedor.

‘No todas las flores entienden el viento ’.

Autor: Hatif Janabi.

Editorial: Valparaíso Ediciones. Granada, 2026.

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