Poesía
El lenguaje secreto de los magos
Reeditan ‘Espejo de los príncipes rebeldes’, de Cobos Wilkins

Juan Cobos Wilkins. | PILAR MUÑOZ

Pocos lectores saben percibir las formas de la luz que esconde un verso, donde la claridad es casi redonda y rueda desde las entrañas del poeta, del hombre herido que un día lo escribió sintiendo cómo la luz lo iba habitando. Pocos poetas pueden descifrar la arquitectura enorme del amor que habita en la memoria de los ángeles. Juan Cobos Wilkins lo hace desde siempre, desde muy joven, desde el día que comenzó a escribir versos con una maravillosa madurez, poemas prodigiosos, zigzagueantes, como si sostuvieran dentro de ellos un aleteo sublime, angelical.
Desde sus primeros libros, Cobos Wilkins vino a mostrarnos la elaboración poética de un universo —el suyo— denso, armónico, genuino y original, donde el amor, como sucede en este libro, Espejo de príncipes rebeldes, alcanza un resplandor que nos sumerge en un espacio onírico y sublime, cauterizando el alma del lector: «Reconoces el cuarto, el vaso / de agua sigue ahí, / en la mesilla… / Te deslizas de nuevo, derrotado en las velas sin viento / de las sábanas» (pág. 60). No parece posible que versos de semejante calidad los escribiera un muchacho de apenas veinte años.
El poeta onubense, nacido en Riotinto, ya poseía una voz personalísima en el panorama poético español desde este primer libro suyo —aunque no fuese el primero publicado—, donde aparece ese resplandor angélico, ese temblor rebelde y luminoso que cose gramo a gramo cada verso de su poesía sublime y original. Ahora, al releer estos textos escritos hace varias décadas, quienes seguimos la hermosa obra poética de Cobos Wilkins continuamos sorprendiéndonos ante la luz de un lirismo que seduce por el fulgor de una sensibilidad que traspasa el material de la palabra: «Como asomarse al mundo por la boca de un ángel / y no sentir el vértigo de un abismo violento» (pág. 76).
La voz rebelde y agridulce del poeta reverbera como un rayo de grisú en las paredes del alma del lector, que queda impresionado de inmediato ante el fulgor de un hombre irradiado por la vida y el amor, o por el turbio desamor, que brota, vuela y fulge en libertad.
Inspiración
No en balde la poesía turgente y luminosa del enorme poeta de Riotinto tiene mucho que ver con la de Rilke o la de García Lorca. Como ellas, bebe del misterioso resplandor que habita en la figura azul de un ángel dormido en las cicatrices del amor.
El poeta no desea servir a nadie, como al ángel caído le ocurrió, pero sí desea servir desnudo al misterio de la realidad poética que habita en él y él habita en ella: «La soledad cohabita dulcemente / con tus ángeles muertos» (pág. 75) y, en otra pieza del libro, añade: «Un ángel / hilvanaba cicatrices al mar / con los hilos sangrantes de su amante» (pág. 80).
Insistimos en la madurez sublime que alcanza Cobos Wilkins en este libro rabiosamente rebelde y esencial para comprender toda la obra de un autor que, años más tarde, escribiría poemarios excepcionales como Llama de clausura (Visor, 1997), con el que obtuvo un accésit del Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma, donde se hacen aún más visibles el don de la imaginación y el misterio que recorren las estancias de un poemario que ahonda, como este que aquí se reseña, en la raíz de los espacios más oscuros para alcanzar los recovecos de una luz sublimemente pura y libertaria, a la que llega desde una actitud rebelde. Algo también muy visible en otro de sus libros más genuinos, Escritura o paraíso (1998), donde hallamos versos tan misteriosos como estos: «Cuando apague la luz / va a alzarse como el vértigo / el mar puesto de pie: / desde el fondo sobrecogido de mi cuarto».
El uso de la poesía
Juan Cobos Wilkins sabe utilizar en su poesía, del mismo modo que en su prosa, el lenguaje secreto de los magos, inyectando en sus palabras un resplandor que sublima y eterniza su mensaje, parapetado sutilmente como un vilano en las entrañas del lector. Y ese milagro genuino y excepcional lo logra, como él mismo declara en este libro, sin separar la ética de la estética: «son siamesas que comparten un mismo corazón» (pág. 89).
Esta definición aparece en la jugosa conversación que el autor mantiene con el poeta sevillano Diego Vaya. Aquí, en este hermoso y magistral diálogo, se ofrecen las claves de la limpia construcción de este poemario difícil de olvidar, Espejo de príncipes rebeldes, que en esta reedición, tan cuidada, vuelve a demostrarnos que continúa impregnado por el misterio de su intemporalidad.
‘Espejo de príncipes rebeldes’.
Autor: Juan Cobos Wilkins.
Editorial: Etc El Toro Celeste. Málaga, 2026.
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