Novela
El destello tras el faro
Rosario Weiss sale del claroscuro de Goya en ‘La hija’, último libro del escritor Sergio del Molino

Retrado de Rosario Weiss / CÓRDOBA
En su más reciente entrega, ‘La hija’, Sergio del Molino (Madrid, 1979), reciente premio de literatura Ciudad de Priego, ha vuelto a dar un giro en su poliédrica creación y después de acercarse a la figura del expresidente González y se adentra en un periodo apasionante como es el siglo XIX español y francés, para poner el foco en una pintora injustamente relegada al limbo artístico, pese a que falleciera con tan solo 28 años, hablamos de Rosario Weiss (María del Rosario Weiss Zorrilla, 1814-1843). Pero Del Molino no se limita a reconstruir una biografía, sino que ejecuta una rectificación de la mirada sobre uno de los puntos ciegos más persistentes de nuestra historia cultural. La novela, que arranca en el París de 1878 con el diplomático Juan Antonio Rascón contemplando unas pinturas negras recién arrancadas de la Quinta del Sordo, funciona como un artefacto de doble fondo, con «el manuscrito hallado», que evoca un amor de juventud y, por otro lado, un ensayo contemporáneo donde el autor disecciona su propio proceso de obsesión.
El argumento
El centro de gravedad es Rosario Weiss, la pintora que creció a la sombra del gigante aragonés, Francisco de Goya, y que la posteridad despachó con la etiqueta displicente de «hija del ama de llaves». Del Molino, que toma parte por la parte de hija de Goya, elude con inteligencia el «paternalismo retrospectivo» para devolverle a Weiss su densidad como artista profesional y trabajadora del dibujo, una mujer que buscó su lugar en una España de instituciones hostiles y exilios amargos, no olvidemos que el siglo XIX español es la historia de una convulsión permanente, de una sociedad polarizada que tal vez nos recuerda el origen de nuestra alterada contemporaneidad. No es una hagiografía, sino el retrato de una excepcionalidad, la de una mujer que murió a los 28 años habiendo sido maestra de Isabel II y la única discípula que presenció el «momento fundacional» del arte moderno español.
La estructura del libro resulta llamativa al dividir esta en una primera parte de ficción pura y una segunda de corte ensayístico, Del Molino permite que la narración «emane» de la investigación, creando un juego especular entre su voz y la de Rascón. Esta hibridez genérica permite al autor reflexionar sobre el «estilo tardío» de Goya —esa etapa de libertad absoluta y sordera— y cómo la presencia nutricia de Rosario pudo influir en obras maestras como ‘La lechera de Burdeos’. Frente a la tentación de convertir la duda sobre la paternidad de Goya en un motor melodramático, el autor opta por la prudencia intelectual, manteniéndola como una «zona de sombra» necesaria que no pretende clausurar. Lo que le interesa es el desplazamiento del foco: mostrar cómo el mito del genio masculino necesita, a menudo, expulsar del relato a quienes lo rodean para mantenerse intacto.
Interpretación de la obra
De hecho da una vuelta a la interpretación de las pinturas de La Quinta, llevándolas hasta el polo opuesto de lo más admitido como interpretación. Tal vez esa sea una marca registral del autor, que nunca acepta lo repetido y busca los matices en su escritura. Interesantes también los acercamientos a personajes como un desenfadado Moratín o unos interesados Javier –hijo de Goya- y la saga Madrazo. También muy distinguido el acercamiento a la «supuesta» ama de llaves del pintor, Leocadia, madre de Rosario. El tratamiento de las guerras carlistas también cobra presencia contextual como el rey felón y los cambios políticos tan relevantes y continuados.
Escrita con una prosa de limpieza trabajada y alejada de barroquismos innecesarios, aunque se permite en la primera parte algún guiño al modo decimonónico de escritura, ‘La hija’ es una meditación sobre lo que perdemos cuando dejamos que la Historia cuente sola, sin el filtro interpretativo. Del Molino demuestra que la literatura puede ser una forma exigente de justicia, no porque resucite a los muertos, sino porque altera la intensidad con la que los miramos hoy, que puede ser distinta de coetánea a los hechos o a un periodo concreto. En definitiva, esta obra no solo añade una figura al museo; altera el orden establecido y nos obliga a preguntarnos qué otros nombres siguen esperando en los márgenes del claroscuro.
Una sólida formación
Rosario Weiss Zorrilla (1814-1843) fue una artista española tratada por la mayoría de autores como ahijada y algunos como hija del pintor Francisco de Goya.
Recibió formación desde niña por parte de este y pasó con él parte de su infancia entre Madrid y Burdeos, donde desarrolló una notable habilidad para el dibujo y la litografía. Ya en España trabajó como copista en el Museo del Prado y destacó especialmente como retratista.
Su talento le permitió ser nombrada profesora de dibujo de la joven Isabel II y de su hermana, la infanta Luisa Fernanda. Aunque durante años permaneció en segundo plano, hoy se reconoce su relevancia dentro de la pintura romántica española.
Su prematuro fallecimiento (a los 28 años) cortó una prometedora trayectoria como pintora que atisbó los principios de la modernidad. Destacar también la reciente la novela “La hija de Goya” (Funambulista) de la autora malagueña Amelia Noguera.
‘La hija’.
Autor: Sergio del Molino.
Editorial: Alfaguara. Madrid, 2026.