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Cartas del norte

Ferias del libro (2)

Entre Mendoza, Fernández Cubas, Care Santos o Marta Sanz

Cristina Fernández Cubas. | ZOWY VOETEN

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Oviedo

Se acabó Sant Jordi, día en que se regala un libro y una rosa (aquí, en mi comunidad, suele ser un libro y una rosca confitera). Lo que me lleva a recordar aquella pequeña novelita de Monterroso, también conocida como el microrrelato más corto de la historia de la literatura, titulada El dinosaurio, que decía: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».

Pero se acabó Sant Jordi, las rosas y las roscas, y después de haber acudido a la fiesta del libro por antonomasia, muy a pesar de Eduardo Mendoza, pronto regresaré a mi ciudad, a mi rastro dominical, con la esperanza de encontrar algunas buenas novedades. Siempre fui un asiduo de las ferias literarias, y lo seguiré siendo. Por eso este año había decidido conocer y disfrutar la fiesta del Libro y de la Rosa. Y vaya si la disfruté.

Las Ramblas estaban como me las imaginaba, y no eran los libros lo que más llamaban la atención. Era ver paseando entre los lectores, hojeando ejemplares como un comprador más, a un Eduardo Mendoza con su reciente novedad, La intriga del funeral inconveniente, bajo el brazo; a Sofía Balbuena, recién Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve con su Personaje secundario; o a la más grande escritora del momento -con perdón de las no citadas-, Cristina Fernández Cubas, firmando su última entrega, Lo que no se ve, una nueva colección de relatos.

Y es que, por fin, el relato breve está de moda y se codea de igual a igual con sus hermanos mayores, la poesía y la novela. Y también me encontré posando a una flamante Eugenia Rico, de quien pronto, muy pronto, tendremos novedad editorial. Eugenia posiblemente sea una de las escritoras más deslumbrantes de la llamada, en los años 80 y 90, «nueva narrativa española». Y decir esto era decir mucho, lo sé. Cuando nadie se atrevía, no ya a escribir, ni tan siquiera a hablar de novela fragmentaria, ella ya lo hacía y ganaba premios. Pero, claro, todo es cuestión de opiniones.

Siguiendo con mi paseo de libros y rosas, me encuentro con viejos amigos: Care Santos, Marta Sanz, Andreu Martín…, a quienes hacía tiempo no veía. Y con una joven promesa, Alexandre Escrivà, presentando El secreto de Victor Black. Un nuevo talento, dicen, «dispuesto a ir por los caminos más oscuros». El tiempo lo dirá. Lectores fieles tiene, y eso es mucho hoy en día para un escritor.

Y entre empujones, rivalizando por cuál es la «cola más larga», me detengo en unos grandes almacenes donde decido terminar mi particular periplo por Sant Jordi. Una librería donde un cuentacuentos particular -«sin nada de princesas salvadas por príncipes, sin más perpetuación de roles de género y estereotipos dichosos que tanto daño hacen y tanto aborrecemos»- me enseña la otra cara de la fiesta del Libro y la Rosa, más amable, a la que prometo regresar el próximo año.

Felices lecturas y felices ferias del libro.

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