Cartas del norte
Ferias del libro
La reedición de ‘Fun Home’ vuelve a ser una novedad

Un estand de la Feria del Libro de Córdoba de 2025. | MANUEL MURILLO
La reedición de ‘Fun Home’ tiene todo lo necesario para ser considerada una novedad. Porque ser nominado en su momento como uno de los 100 mejores libros del año en Estados Unidos por el ‘New York Times’, o uno de los 10 por el ‘Times’ londinense, por poner sólo dos ejemplos, fue de por sí todo un logro editorial y literario.
Pero si, además, dicho mérito se consigue con una «novela gráfica», se engrandece hasta límites impensables hoy en día. Aunque ya hace unos años ‘Maus’, la genial novela o cómic de Art Spiegelman, habría de ganar el Pulitzer. ‘Fun Home’, la obra que repito, hoy traemos a estas páginas como novedad, a pesar de llevar 20 años en circulación, tiene la cualidad de mostrársenos muy cercana. Demasiado, quizás.
No en vano, las peripecias de la familia Bechdel —sí, se trata de una obra autobiográfica— es la historia que todos nosotros en mayor o menor grado podríamos haber conocido en nuestro barrio. Agradecimientos al margen, hay que reconocer que a Alison Bechdel le tuvo que ser muy duro contar la historia de «su familia».
El argumento
Una historia victoriana sobre un padre con rasgos despóticos y sicóticos, homosexual sin reconocerlo, y sobre unos niños que observaban desde su particular atalaya el derrumbamiento de un mundo que consideraban imbatible. Perfectamente actual, ‘Fun Home’ es una novela gráfica que incide más en el texto y contenido que en el dibujo. Y, como habrán adivinado, esta Carta del Norte viene repleta de clásicos, modernos y actuales.
Y es que tengo en mi biblioteca una vieja edición de ‘Ulises’ de Joyce, editada por Lumen y traducida por José María Valverde, escondida desde hace años en algún lugar del trastero. El ‘Ulises’ puedo decir que lo leí con 17 años. Ahí es nada. Por cabezonería. Eran tiempos en los que devorábamos cuanto caía en nuestras manos y no podían ser menos los avatares de Leopold Bloom y de Stephen Dedalus el 16 de junio de 1904. El conocido como ‘Bloomsday’. Pero estoy convencido de que, cuando lo retome hoy en día, me percataré por fin de que el gran protagonista de la novela no es Bloom, o Dedalus, es el lenguaje en sí mismo.
Ese monólogo interior de Molly Bloom que tanto hemos estudiado y que tan poco hemos comprendido, reminiscencias freudianas aparte. Por eso, junto con ‘Ulises’, leería o releería ‘En busca del tiempo perdido’, los siete tomos de Marcel Proust en traducción, por ejemplo, de Pedro Salinas; abordaría por fin ‘El hombre sin atributos’, de Robert Musil; ‘Los Mandarines’, de Simone de Beauvoir, novela con la que me topé con 20 años disfrutando de una semana de acampada en las Islas Cíes; y posiblemente retornara a ‘El cuarteto de Alejandría’, de Lawrence Durrell, obra fetiche, cuya vieja edición de Edhasa había perdido y he logrado recuperar, cómo no, en el rastro de mi ciudad.
Felices lecturas ahora que comienzan las ferias del libro.
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