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Teatro

Granujas y heterodoxia

Méndez Moya publica ‘No me dejes así (ecos de un pasado incierto)’

Adelardo Méndez Moya.

Adelardo Méndez Moya. / Córdoba

francisco morales lomas

Málaga

El dramaturgo andaluz Méndez Moya, además de actor, es uno de los ensayistas de teatro contemporáneo más ilustres con abundantes estudios sobre Buero Vallejo, Martín Recuerda, Rodríguez Méndez, Lauro Olmo, Benet i Jornet, Martínez Ballesteros, Moreno Arenas, Alfonso Zurro, López Mozo, Antonio Miguel Morales o el que esto suscribe. Ha dirigido el Ciclo de Lecturas del Teatro Español de Hoy (Universidad de Málaga) y Voces a Escena (ciclos de conferencias, lecturas y encuentros de Diputación de Málaga), así como la coordinación del Seminario Internacional de Estudios Teatrales de Albolote (Granada). Desde el canal Youtube también crea, realiza y es la cara visible de «Retrologando», contenido que abarca teatro, cómics, televisión, narrativa de género y cine. Entre su obras teatrales podemos citar: ‘La muerte nuestra de cada día’, ‘Como no haya sido el calor…’, ‘Trasnochado2’, ‘Retal-les (Pulgas teatrales)’, ‘Perros de la ciudad’, ‘El gato en las alcantarillas’, ‘El dueño de la mirada’, ‘A perro flaco… (Pulgas dramáticas)’ y ‘No me dejes así’.

‘No me dejes así (ecos de un pasado incierto)’ (2025) es una alegoría existencial de carácter fragmentario (de ahí el valor subestructural de las escenas) que tiene una base «documental» centrada en los finales del XX y XXI, aunque trasladada distópicamente al siglo XXX. Es precisamente en esta fecha, en que se descubren unos discos (incompletos, de ahí la fragmentariedad) que recrean la existencia humana de dos personajes canallescos, Rebolledo y Orbegozo, en esa época.

Hay una meticulosa y amplia introducción del dramaturgo que a través de un presentador nos ilustra sobre lo que el espectador va a presenciar en el XXX, retrocediendo en el tiempo, pues, diez siglos y mostrando la existencia de estos personajes mil años atrás. Y advierte: «Nos distancian hasta cerca del infinito sus desmedidas pasiones, la violencia potencial o activa, la comunicación hablada o la proximidad y el contacto físicos». En cierto modo, el dramaturgo actúa como un entomólogo que analiza esta realidad de sus personajes con un afilado bisturí a través de «breves fragmentos», más aislados o más relacionados entre sí, de diferentes extensiones y distintas calidades. La obra concluye con una extensa nota final que tiene carácter crítico y analítico, mostrando esa versatilidad y rigor que siempre le ha caracterizado como ensayista.

Son en total veintidós escenas breves y un colofón apoteósico en el que los dos personajes pasan revista a sus circunstancias vitales y personales en un tono distendido, a veces jocoso, siendo estas un pretexto también para analizar la realidad observada unas veces críticamente, otras sarcásticamente, y siempre con el teatro del absurdo o el esperpento como referente teórico. Así dirá Méndez Moya: «Cuenta con algo (…) de esperpento y mucho de tapia y callejón». El ambiente jocoso y festivo está asegurado tanto como un regusto amargo y también un discurso ético de fondo que en palabras de dos canallas parece paradójico. El dramaturgo habla de «pautas de una moral heterodoxa, compleja, voluble y siempre en beneficio que sea».

Son dos personajes identificados perfectamente, con su propia personalidad, aunque no cabría mucha duda en que pudieran travestirse de uno u otro indistintamente desde esa pregunta inicial que Orbegozo dirige a Rebolledo: «¿Qué haces aquí?». A través de un diálogo raudo vamos descubriendo sus mundos y apuntan al modo de sobrevivir. Entre las temáticas que abordan a lo largo de su diálogo nos encontramos el tabaco («es un placer», dirá Rebolledo, declarado amigo de una sociedad más hedonista: «Nos quieren quitar todo lo bueno… Y tenernos asustados de paso»), la sensualidad y el sexo, las personas más despreciables de la sociedad, el concepto de riqueza y el sistema —sobre el que ironiza—, la mímesis del contrincante, el absurdo del día a día y los bares, el fútbol y el exceso de dinero que lo contamina, la xenofobia, Donald Trump: «El Trump y el Hitler son clavados. Tal para cual. Puta carroña criminal», dirá Rebolledo; el absurdo de las letras de las canciones traducidas a otras lenguas, el absurdo de viajar y sus problemas, la reclusión, la crítica sobre la situación actual, entre otros el precio de la luz y los libros, los precios de los restaurantes… Todo este conjunto de pequeñas escenas les permiten a los personajes ofrecer su visión sobre la realidad muchas veces diferenciada y ofrecer al espectador un discurso que le haga reflexionar sobre la sociedad contemporánea. Todo ello con el discurso subyacente del absurdo de la existencia y los toques de humor y sarcasmo, muy de agradecer, que nos animan a hablar de una obra plenamente actual y con enorme recorrido, variedad y riqueza teatral.

‘‘No me dejes así (ecos de un pasado incierto)’.

Autor: Adelardo Méndez Moya.

Editorial: Eride Ediciones. Madrid, 2025.

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