Ventanas
Zubia

Manuel de Cesar / Córdoba
Llegué a Córdoba como maestra en los años 70. Por medio de una compañera asistí un día a la reunión del grupo Zubia de poesía. Allí encontré a poetas varones y mujeres. Se reunían semanalmente y compartían sus composiciones y hallazgos poéticos. Aprendí con sus comentarios y un día me atreví a leerles algunos de mis poemas. Me dieron consejos sobre correcciones, lecturas… y conocí también a otros poetas: Manuel de Cesar, Carlos Rivera, Mercedes Castro, Francisco Carrasco… Descubrí pronto que el primero, sin proponérselo, ejercía una clara autoridad. El poeta montillano era limpio en su expresión, amable y cariñoso, te envolvía en una atmósfera de confianza. Sabía lo que decía. Nuestra amistad se fue consolidando y yo acepté siempre sus consejos. Dominaba la frase, los tiempos, la entonación. Fue para mí un maestro al que siempre estaré agradecida. Manuel bebió la vida tal como la vida le llegaba. Hasta el final. Últimamente había desaparecido, pero no en nuestro corazón de poetas y amigos. Su muerte ha removido ese rescoldo que entre todos fuimos construyendo, esa pasión poética que no acaba nunca.
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