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Novela

Negros y gitanos en narrativa

El escritor onubense Paco Huelva publica ‘Negro’

El escritor onubense Pacho Huelva.

El escritor onubense Pacho Huelva. / Alud editorial

F. morales lomas

Málaga

El almonteño Paco Huelva ha sido camarero, militar profesional del Ejército del Aire, inspector jefe de Policía, librero, gestor de emergencias, articulista de opinión en prensa y miembro de varios jurados literarios, ejerciendo la crítica en revistas y suplementos culturales. Con diez libros de narrativa hasta la fecha. El primero en 2003, Griego, y el último, Negro (2026). Entre ellos se incluye también un amplio volumen que reúne sus relatos, Cordones pareados (2022), que tuve ocasión de reseñar en su momento.

En su novela Negro nos adentramos en una alegoría existencial, donde el simbolismo y el aire paradigmático que va desde la estética a la ética se hallan muy presentes, al construir un discurso singularmente humanista y particularmente reivindicativo, no exento de ironía unas veces, otras de sarcasmo y siempre de una actitud crítica ante la realidad, tanto como una cercanía solidaria hacia sus protagonistas discriminados. El sentido de la conciencia está muy presente, tanto como la construcción de la anulación de pueblos marginales que a lo largo de la historia han sido atenazados sin contemplación alguna. Nos referimos a negros y gitanos. Los dos protagonistas relevantes que aparecen en su obra, aunque estos últimos de soslayo hacia el final de la novela.

Se trata de una literatura claramente instigada por la férula del despotismo, en el ambiente clausurado del pueblo de Basterra, una especie de Comala particular, que impone una actitud ante la existencia, y la muerte, como corolario, cuando se contraviene el «orden» establecido. Su valor radica en crear una suerte de representación alegórica de un mundo escindido que aspira en su particularidad a crear una metáfora universal donde las antinomias se presentan en su crudeza: el poderoso y el dominado, la muerte como levadura de la existencia de la comunidad cuando se rompe su propia esencia. Por eso al principio de la obra, a través de uno de los narradores testigos, Égimo Abigail Contreras, se dice: «No lo creerás. Pero los personajes de esta novela a veces son personas y otras fantasmas». Es una percepción visionaria de la realidad que nos introduce de pleno en el mundo de Pedro Páramo. Un mundo quimérico y sublimado que aspira a convertirse en emblema de un universo amputado. El pueblo, Basterra, «se erigió en medio de un bosque en el que abundan las alimañas», al tiempo que «espacio embrujado».

Se produce una suerte de enfrentamiento entre el negro que acaba de llegar, Prunus, y el propio pueblo en sí, Basterra, cuyos gobernantes son el corregidor y el cura. La anécdota de la que parte es simple. Este Prunus, congratulado con el pueblo —tipo extraño, trabajador, hábil, oferente, solidario, humilde, de cuerpo atlético y brazos nervudos, más alto que el resto, de ojos limpios y relucientes, atento, educado, dulce… y negro—, acaba siendo desterrado, perseguido y finalmente asesinado. Tiempo después se enteran de que ha dejado toda una progenie, porque transcurridos diez meses «un buen número de mujeres, casi todas a la vez como si una pandemia nos hubiera cubierto, estamos pariendo hijos suyos».

Esta anécdota inicial nos permite adentrarnos con rapidez narrativa en un mundo tenebroso, trágico, aterrador, de blancos y negros, de ejercicio y dominación, donde no se admite la otredad ni la disidencia, y el ser ajeno y maldito no es un hombre con derechos sino «un objeto prescindible». Este discurso ético es relevante desde el principio y las reflexiones del escritor son permanentes a través de uno de los narradores-testigos que nos va contando la historia ya cercano a la muerte: «Él sin embargo es un intruso, un rayón negro que ha invadido el escenario en el que se representa una obra que desconoce».

A todo ello se unen reflexiones metaliterarias sobre el hecho de escribir o la forma de conducir el relato, incluso con una actitud autocrítica: «Soy consciente de que esta novela —dice el narrador-testigo— o lo que sea, puede parecer una especie de psicodrama falto de enjundia y alejado de cualquier realidad plausible». Al tiempo que construye míticamente los personajes, desarrollados con acierto y enorme sabiduría, si bien en determinados momentos algo arquetípicos, caso del cura represor, don Anastasio, o el corregidor Servando, que necesita seguir construyendo su relato del poder, y la disputa de ambos por apoderarse de las mentes de los ciudadanos.

Es una novela donde los hombres adquieren toda su relevancia y las mujeres embarazadas apenas cuentan, salvo Gertrudis. Si bien es verdad que expresan cierta rebelión, en su sentido promiscuo y libertino de la existencia frente al imperio de los hombres. La llegada de los gitanos crea una nueva ruptura del orden imperante y una vuelta a los conflictos iniciales, resuelta con habilidad por don Anastasio, y el enfrentamiento dialéctico de los dos pueblos condenados —el negro y el gitano— representados por Prudencio y el Patriarca, «dos pueblos acosados por la alteridad».

Una novela amena y desarrollada con habilidad narrativa, donde ética y estética confluyen en un mundo atroz.

‘Negro’.

Autor: Paco Huelva.

Editorial: Alud Editorial. Huelva, 2026.

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