Entrevista | Edmundo Paz Soldán Escritor
Edmundo Paz Soldán

El escritor Edmundo Paz Soldán, cuya último libro es ‘El comienzo del paraíso’ / LILIANA COLANZI
Edmundo Paz Soldán (Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Autor de once novelas, entre ellas ‘Río Fugitivo’ (1998), ‘La materia del deseo’ (2001), ‘Palacio Quemado’ (2006), ‘Norte’ (2011), ‘Iris’ (2014), ‘Los días de la peste’ (2017) y ‘Allá afuera hay monstruos’ (2021); y de los libros de cuentos ‘Las máscaras de la nada’ (1990), ‘Desapariciones’ (1994), que ha reunido como ‘Desencuentros’, en Páginas de Espuma, ‘Amores imperfectos’ (1998), ‘Billie Ruth’ (2012), ‘Las visiones’ (2016) y ‘La vía del futuro’ (2021), estos tres últimos publicados, también por Páginas de Espuma. Sus obras han sido traducidas a once idiomas y ha recibido numerosos premios. Su último libro de cuentos es ‘El comienzo del paraíso’ (2025), unos cuentos impactantes y de vigoroso ritmo narrativo, escritos con una prosa envolvente capaz de construir atmósferas variadísimas, donde aparecen peces monstruosos de las profundidades abisales, convertidos en espectros de científicos obsesionados; árboles estranguladores de áreas protegidas, sospechosos de ser culpables de la muerte de un par de turistas; o animales de una península devastada, que van de mutación en mutación.
¿Hemos perdido, definitivamente, el paraíso y es necesario reivindicarlo?
No sé si es necesario reivindicarlo, pero sí creo que hay que imaginar proyectos utópicos, que nos sirvan para volver a construir comunidades a partir de los escombros.
¿Un libro de cuentos debe entenderse como un todo?
Por lo menos los que a mí me gustan, sí. Prefiero los que se construyen con cierta unidad orgánica, donde haya conexión temática, formal, atmosférica. Mis grandes ejemplos son ‘Ficciones’ y ‘El llano en llamas’.
¿Cuánto tiene de fantástico y de real ‘El comienzo del paraíso’?
Casi todos se inician con un hecho real, sea este la aparición de una tortuga mata-mata lejos de su hábitat, en el patio de un vecino en un pueblo amazónico, o los primeros viajes hacia el fondo del océano, en una batisfera, un siglo atrás. Hay un momento del cuento, sin embargo, en el que lo real empieza a teñirse de lo fantástico, y la idea es que al final no quede claro cuál es cuál.
¿Es posible, a estas alturas, una negación del cambio climático?
Trump lo hace todos los días. Hay una élite política muy corrupta, que recibe dinero de las grandes corporaciones de combustibles fósiles, y que sabe la verdad pero lo niega por intereses económicos.
Como es una evidencia, ¿el escéptico podría encontrar la respuesta en su libro de cuentos?
Siempre y cuando no esté apurado. Como dice el escritor argentino Martín Kohan, hay que alejarse de la cosa efectiva e inmediata cuando se trata de literatura. La literatura funciona muy lentamente, de manera indirecta.
¿Nos encontramos ante un futuro más primitivo del que sospechamos?
Eso es lo que decía William Gibson: «el futuro ya ha llegado, solo que no está distribuido de manera pareja».
¿Su propuesta narrativa va más allá de lo literario y se acerca a un planteamiento social, y por supuesto político?
Si haces literatura sobre cuestiones ambientales, tienes que hacerla como literatura política. Decía el activista brasileño Chico Mendez que hablar de cuestiones ambientales sin preocuparse por lo político era hacer jardinería. Por si acaso, no estoy en contra de la jardinería, pero prefiero no hacerlo cuando escribo.
¿De la lectura de ‘El comienzo del paraíso’ debemos interpretar que estamos dispuestos a entender otro tipo de humanidad?
Nuestros nietos y bisnietos no entenderán nuestras prácticas. La subjetividad humana está en constante estado de transformación, solo que hay momentos históricos en esa transformación se acelera. Creo que estamos en uno de esos momentos.
¿El mito y la leyenda forma parte de una literatura fantástica que se actualiza en el presente?
El cronista peruano Joseph Zárate cuenta en ‘Guerras del interior’ que una vez viajó a unos pueblos de la amazonia peruana donde había habido un gran desastre ambiental, un derrame de petróleo que había avasallado la región. A partir de ahí surgieron en la región mitos escabrosos sobre un ser hecho de petróleo. En el futuro, los pueblos se contarán mitos sobre cómo nació este mundo dañado que ellos habitarán.
Una pandemia como la pasada hace unos años, ¿se convierte en tema literario y muestra ese primitivo futuro donde todo es imprevisible?
La peste es un gran tema literario, lo han demostrado Bocaccio, Defoe, Camus, etc. Confrontados ante el terror de esa muerte que no cesa de avanzar, salen nuestras grandezas y miserias en todo su esplendor.
¿’El comienzo del paraíso’ incluye temas de su anterior literatura y los lleva, en esta ocasión, a un extremo?
Siempre parto de lo que no hice en un libro anterior, incluso si estoy trabajando sobre los mismos temas. El cuento me permite cierta soltura para ingresar y salir rápidamente de ciertos espacios. No sé si fui más radical, sí intenté cambiar la metáfora central, hablar esta vez no solo de pérdidas sino de transformaciones, mutaciones: narro el fin de un mundo pero también el principio de otro mundo.
Resulta curioso que sus cuentos están protagonizados por humanos, animales y vegetales, ¿para usted todos cobran vida por esa pérdida del paraíso?
Es parte de la autocrítica. Estamos como estamos porque nos hemos preocupado obsesivamente por lo humano y no por las especies que comparten el planeta con nosotros. También en la literatura. Quería ver cómo narrar historias que ampliaran el radio de acciones, que no se detuvieran solo en la experiencia humana.
Sin embargo, para que el lector no se pierda entre tanta fantasía, una realidad como los incendios devastadores cobra vida en sus relatos, ¿es un recurso literario que era necesario aportar?
Los desastres naturales me interesan, pero no escribo sobre ellos si no veo que hay una historia ahí. En el cuento de los incendios en California, «Mi problema con los fantasmas», pensé que podía hablar sobre el duelo ante todo lo que se pierde, un duelo no solo ante las pérdidas humanas sino ante la devastación ecológica, los animales y plantas que se lleva adelante un desastre.
El cuento «Aire» recrea el mítico tema de la robótica, ¿sigue siendo un tema que debe actualizar la literatura?
Si no los actualizamos, la robótica nos va a actualizar. Vivimos rodeados de máquinas, debemos narrar sobre su impacto en nuestra subjetividad, en nuestro mundo. Ese es un tema ya no solo de la ciencia ficción, sino de la ficción realista.
Una vez leído su libro, ¿los lectores estamos obligados a intentar reconstruir un nuevo paraíso?
No quisiera obligar a nada, pero sí me interesaría que vean que en medio del desastre hay belleza, y que deberíamos esforzarnos un poco más por preservar el planeta.
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