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Historia

Días cubanos de Lorca

La obra aborda un periodo decisivo en la producción creativa del poeta

El poeta granadino Federico García Lorca

El poeta granadino Federico García Lorca / Diario CÓRDOBA

Antonio González Carrillo

Antonio González Carrillo

Córdoba

Federico García Lorca no siempre mantenía ese aire de cascabeles que le caracterizaba, sino que sufrió desde su infancia el rechazo del machismo vulgar, que años después reflejaría en el destino trágico de muchos de sus personajes teatrales.

Lorca salió de España en 1929 agobiado por sus problemas de carácter sentimental y con el peso de sus angustias existenciales.

Acompañado por Fernando de los Ríos, tras breves estancias en Paris y en Londres, viajó a Nueva York, la ciudad más moderna del mundo, una Babilonia trepidante. Dictó conferencias, intentó aprender inglés y perfeccionó estudios en la Universidad de Columbia. Y a partir de ahí emprendió rumbo a Cuba.

De los días cubanos de Lorca, es de lo que trata el libro del escritor, investigador e historiador Urbano Martínez Carmenate titulado García Lorca y Cuba. Todas las aguas que se publicó en Granada en 2004 y ahora es reeditado por Utopía libros (2025). Es un clásico sobre estancia del poeta andaluz en isla caribeña.

Es un ensayo que recibió el Premio de investigación cultural en 1999 por el mérito de haber recogido las vivencias del poeta granadino en Cuba, sus incursiones por el interior, sus encuentros con la intelectualidad de la época y de sus propias experiencias con los cubanos.

Consta de un prefacio Yo no tengo máscaras que escribe Antonio Manuel, quien considera que al poeta en su visita a Cuba se le cayeron todas las máscaras, en un viaje hacia sí mismo.

Le sigue un Prólogo de Víctor M. Amelia que explica el subtítulo de la obra: todas las aguas de Federico son las del Genil y el Darro, de la Alhambra y de la Vega de Granada.

A continuación la Presentación corre a cargo del propio Urbano Martínez que nos indica que la estancia de Lorca en Cuba es mucho más que una leyenda.

Desembarcó en La Habana invitado por la Sociedad hispano cubana de Cultura con el propósito de dar una serie de conferencias. Acudieron a recibirlo los escritores Chacón, Embil y Marinello.

La obra comienza con la Cuba de antes y después de 1930. La isla le causa una magnífica impresión a la que califica como paraíso. Escribe a sus padres acerca del cálido y entusiasta recibimiento por parte de sus anfitriones cubanos.

Desde que llegó a la isla «más fermosa» mostró un vivo interés en todo lo referente a la vida y costumbres locales, a lo regional autóctono, para comprender lo genuinamente cubano.

Llegó con el propósito de dar varias conferencias, viajar por la isla, relacionarse con la intelectualidad habanera y asistir a espectáculos teatrales, de música y danza.

Apenas conocía a nadie. Los primeros que lo recibieron fueron Antonio Quevedo y María Muñoz, que había sido alumna de Miguel de Falla, emigrantes españoles instalados en la isla. Fue a través de ellos como conoció a Sergio Prokofiev y su esposa Lina Lluvera, que se sintieron cautivados por el poeta que conocía su música.

Una segunda familia de acogida, fueron los Loynaz formada por poetas, Enrique y Dulce María, Carlos Manuel y Flor. Vivían en una casa encantada, casi surrealista en barrio de El Vedado, donde la poesía era considerada como algo sagrado. Su estancia habanera se repartió entre los Quevedo Muñoz y los Loynaz.

Además de la capital visitó Pinar del Río, el valle de Viñales, Varadero, Cienfuegos y Santiago de Cuba, en este último está relacionado con uno de sus poemas más celebres sobre el amor oscuro. En España, la homosexualidad era algo secreto y oscuro. Sus preferencias masculinas le aconsejaban una actuación pública discreta desde su época en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Tenía que disimular su intimidad. Mantenía una fachada de hombre «normal» que ocultaba sus sentimientos y deseos más profundos, sus gustos homoeróticos. En La Habana nadie concedió importancia a su orientación sexual. El regalo de Cuba es el aceptar plenamente su condición homosexual. Se le cayeron todas las máscaras. Afirmó que allí pasó uno de los mejores años de su vida, donde ser poeta es algo más que ser un príncipe.

Entre las conferencias impartidas en teatros de la capital y en provincias, la primera fue acerca de La mecánica de la Poesía, la segunda sobre Soto de Rojas, la tercera sobre Canciones de cuna infantil que Lorca tocó al piano interpretadas por la cantante española María Tubau, con canciones populares y fragmentos de La danza de la vida de Manuel de Falla, la cuarta dedicada a La imagen poética de don Luis de Góngora y por último la quinta conferencia versó acerca de la Arquitectura del cante hondo. Lorca ha recibido los elogios de Neruda y Benedetti, de García Márquez y Padura, de Celaya y de Dulce María Loynaz. Para Cabrera Infante, Lorca hizo llover sobre La Habana.

El 29 Festival de Cine de Málaga se ha servido de esta obra para la realización de un documental Lorca en La Habana. Lorca, siempre Lorca.

‘García Lorca y Cuba. Todas las aguas’

Autor: Urbano Martínez Carmenate.

Editorial: Utopía. España, 2025.

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