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Poesía

Resurgir en Nápoles

Juan A. González Iglesias regresa con ‘Nuevo en la ciudad nueva’, escrito durante una estancia en la ciudad italiana

El escritor salmantino Juan Antonio González Iglesias

El escritor salmantino Juan Antonio González Iglesias / ELISA GARCÍA

Córdoba

Resurgir en un nuevo ámbito, el «sueño cumplido de ser nuevo», esa es la idea axial de ‘Nuevo en la ciudad nueva’ de Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964), que ve la luz en Visor cinco años después de ‘Jardín Gulbenkian’ (Visor, 2019; Premio Jaime Gil de Biedma) y ‘La batalla de los centauros’ (Canto y Cuento, 2019).

Teniendo en cuenta la formación clásica de este catedrático de Filología Latina de la Universidad de Salamanca, la ciudad donde se produce este prodigio no podría ser otra que Nápoles, «Neápolis», cuyo nombre significa «ciudad nueva». Esta ciudad fue fundada por los griegos en el siglo VIII aC como extensión de Parténope, asentamiento de colonos procedentes de Cumas en el lugar donde, según el mito, fue sepultado el cuerpo de la sirena que se dejó morir despechada por el desprecio de Odiseo; la misma que protegió a Virgilio mientras escribía, como este afirma en las Geórgicas.

El libro ha sido escrito durante tres estancias becadas en Nápoles entre el invierno de 2022 y la primavera de 2024, según la nota introductoria del autor. Esta ciudad de la Magna Grecia se convierte en un espacio simbólico donde dialogan lo antiguo y lo contemporáneo, «lo sublime y lo cotidiano», el caos de la ciudad actual y la belleza de la herencia clásica, lo que permite a su mirada perpleja encontrar «lo maravilloso en lo cotidiano», sin pirotecnias verbales ni impostado asombro.

Belleza

Precisamente, la belleza, concebida como principio ético y vital («la belleza trae la justicia al mundo» o «nos vuelve a todos bienaventurados») se convierte en el eje temático del conjunto. Desde esta certeza, el poeta aborda temas recurrentes en su obra como el amor, la identidad, la contemplación, la naturaleza o el conocimiento espiritual, pero renovados a través de la experiencia vivida en la capital de la Campania.

De hecho, González Iglesias captura instantes en los que su mirada escrutadora es capaz de encontrar belleza: unos jóvenes en el museo; la armonía de un domingo cualquiera; la arquitectura de un palacio de «apellido español»; la huella de Alfonso V el Magnánimo en la ciudad y las resonancias de su sobrenombre; la claridad del claustro de Santa Chiara; la impresión de una felicitación navideña con un poema de Horacio; el bullicio y la alegría desordenada de la ciudad; la algarabía de un grupo de jóvenes que suben del cabo Polísipo; el cuerpo de un joven junto a la estatua de Hércules Farnesio; tres gatos tendidos al sol en el puerto ajenos al Vesubio; una exposición de tapices que recrean escenas del Quijote; la plenitud sentida durante una visita a la iglesia de los pescadores; la contemplación de la nieve en la cumbre del Vesubio desde la playa de arena volcánica; la fusión a gris, producida por la lluvia, de un carguero que entra en el puerto, del Castel Nuovo y del mar; la totalidad de vivir en la región del Mediodía; la lectura de unos versos de Virgilio en la Cueva de la Sibilia en Cumas; la belleza dórica de las columnas de los templos de Poseidonia; el arco infinito que traza en el aire el «Nadador de Pesto», fresco que decora la Tumba del Buceador…

Estos destellos mínimos permiten al poeta actualizar la tradición clásica y proyectarla hacia el presente tecnológico y urbano. En esa tradición clásica también se encuentran nuestros poetas españoles del Siglo de Oro que cantaron la capital del Reino de Nápoles: Garcilaso de la Vega, Cervantes, Quevedo, Góngora (quien lamenta no haber ido nunca) y, sobre todo, uno de los grandes desconocidos de nuestra literatura clásica, el gran Francisco de Aldana, «napolitano de nacimiento».

Exactitud léxica

Semejante libertad temática contrasta con el rigor formal y la exactitud léxica. De hecho, la obra se compone de veinte poemas -cada uno de ellos dedicado a un destinatario ideal y precedido por una cita oportuna de autores como Platón, Aristóteles, Mann, el Marqués de Santillana, Dante, Horacio, Cervantes, Séneca, Leopardi, García Lorca, Tomás de Aquino, Juan Ramón Jiménez, Goethe, Virgilio o Sophia de Mello Breyner-Andresen, a quien dedica todo el libro por su capacidad para percibir «la sombra como agua fresca»- de veinticinco cuidados y pulcros endecasílabos blancos cada uno, lo que suma un total de quinientos versos, en los que el encabalgamiento se convierte en un recurso fundamental para el ritmo del poema y para conseguir un equilibrio entre experiencia y reflexión.

Aunque la aparente rigidez de semejante estructura pudiera convertirse en un obstáculo, González Iglesias consigue crear una poesía de gran fluidez, en la que se funden de forma tanto de la tradición grecolatina como la del Siglo de Oro con una sensibilidad y una problemática plenamente actual.

Obra serena

‘Nuevo en la ciudad nueva’, una obra serena y luminosa, confirma la autenticidad del discurso del poeta salmantino, cuya poética -donde belleza, tradición y modernidad se reconocen y se fecundan, renovando la tradición clásica- lo sitúa como un escritor clave de su generación. En este libro González Iglesias erige un libro que es, a la vez, un homenaje a Nápoles -espacio simbólico construido por la memoria cultural y la vivencia íntima- y una reflexión sosegada sobre la vida, el amor y la poesía, armonizando el rigor formal y léxico con la naturalidad expresiva, en una singular fusión entre tradición, experiencia y mirada contemporánea.

‘Nuevo en la ciudad nueva’.

Autor: Juan Antonio González Iglesias.

Editorial: Visor. Madrid, 2025.

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