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Poesía

Una emoción telúrica que une a la tierra

José A. Santano publica el libro ‘La luna en el olivar, con ‘haikus’ memorables

El poeta de Baena José Antonio Santano.

El poeta de Baena José Antonio Santano. / CÓRDOBA

Alejandro López Andrada

Alejandro López Andrada

Córdoba

La calidad de un buen libro de poemas, en este caso de ‘haikus’ memorables, reside de entrada en la cálida pulsión que nos deja en el alma cuando lo hacemos nuestro. La buena poesía suele entrar como un relámpago en nuestro corazón sin avisar, iluminando, ensanchando las estancias más íntimas y esenciales del espíritu. Salvador Compán lo apunta y lo resalta en un fragmento del prólogo de este libro: «La poesía de José Antonio Santano viene desde lejos…, en ese roce con la realidad que genera la emoción y descubre la belleza inesperada de la simbiosis de ideas y de imágenes». El prologuista incide también, con mucho tino, en la hermosa visión que hace el autor de su paisaje natal sembrado de olivos. Coincidimos aquí con Salvador Compán, puesto que en el libro hay ‘haikus’ cargados de una emoción telúrica que hacen que el lector conecte con la tierra y la adentre en su alma como si fuera suya: «Cansado y triste,/ por tus áureos olivos,/ anduve libre» (Pág. 43). El lector en estos versos se hace tierra, misteriosa raíz atada al alma del poeta que escribe sus ‘haikus’ con el corazón en vilo, sintiéndose luz y materia en lo que escribe: «Sobre la tierra/ de olivares vestida,/ solo el poeta» (Pág. 60).

Calidad de la edición

Además de la hermosa edición, realizada con un encomiable gusto estético, el libro está lleno de instantes coronados por la luz de un estío donde el sol nunca atardece. La luz se cimbrea y ondula entre los cerros inundando de oro el temblor del olivar, inoculando en su savia milenaria, cosida de siglos, el aroma de un misterio: «Es el estío/ un cantar de cigarras/ entre olivares» (Pág. 47). José Antonio Santano consigue aquí esa sencillez serena, machadiana, que condensa el aire y la luz de un gran paisaje en un delicado puñado de emociones que, ante el lector de poesía, se hacen hojas diamantinas de olivo que resaltan como el cuarzo: «De la aceituna/ verde terciopelo./ Ulises sueña» (Pág. 90) o «El sol flamea/ en la piel del olivo,/ luz y memoria» (Pág. 118). El autor de Baena ha conseguido esencializar en este hermoso libro de versos el espíritu del olivar, la luz de su pueblo, universalizando el campo de su tierra a través de versos sencillos y enjundiosos. Los ‘haikus’ de este poemario se encadenan como flores de zarzaparrillas en un verano cosido por el temblor de las chicharras y el arrullo sedoso de las tórtolas románticas que cruzan el olivar cuando la siesta. Son pocos los libros de versos que consiguen esencializar el alma de un lugar y transmitirlo al lector en comprimidos puñados de luz, de lluvia y brisa cálida, como vemos en las líneas sublimes de este ‘haiku’: «Allá en el cerro/ coronado de olivos, / la voz del viento» (Pág. 138). Lo mejor de este libro es que uno entra en sus poemas como si lo hiciera por una vereda que se abre a un horizonte de colinas y olivos acariciados por un aire sencillo e infantil, un aire que nos lleva, o mejor nos traslada, al lugar de la inocencia que todos guardamos en un rincón de nuestro pecho. Hay muchos instantes en que uno siente al transitar por los memorables versos de este libro que está oyendo silbar el aire de la infancia y el gozoso aleteo de la lechuza vespertina que nos asombraba al sentirla, cuando niños, alegre y feliz entre los versos de Machado que el maestro de antaño nos mostraba en el colegio en los días lluviosos de un tiempo inalcanzable.

Sabor andaluz universal

La poesía de Santano, aquilatada en otros libros como, por ejemplo, en su anterior “Sepulta plenitud”, que ya reseñamos en su día en estas páginas, aquí adquiere, no obstante, un sabor andaluz universal concentrado en versos que son como aleteos de palomas surcando la luz de nuestra tierra. Uno se estremece y se convierte en niño persiguiendo las sombras cálidas y azules de un olivar eterno, indestructible, oculto en los versos de un autor baenense que, como ya hiciera antaño Mario López, consigue universalizar el color de su pueblo, el cromatismo azul de su paisaje: “La noria gira,/ los olivares riega./ Gira la vida” (Pág. 193). No es frecuente hallar libros de haikus como este, tan equilibrado y armónico, tan sereno y bullicioso, lleno de versos ágiles que fluyen y centellean como alas de un autillo al anochecer en los ojos del lector. No podemos entender que una obra como esta, de alto voltaje lírico, no haya sido siquiera finalista del Premio Andalucía de la Crítica en la modalidad de poesía. “La luna en el olivar” es un libro intenso, impregnado de magia y de telúrica emoción.

‘La luna en el olivar’.

Autor: José Antonio Santano.

Editorial: Diputación de Córdoba. Córdoba, 2025.

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