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Entrevista

Manuel Rico

El escritor Manuel Rico, en una imagen de archivo

El escritor Manuel Rico, en una imagen de archivo / CÓRDOBA

JUANA VÁZQUEZ

Córdoba

¿Se puede definir la poesía?

Si puede definir. Lo que no es posible es una definición precisa, completa y única. No es la aritmética, ni la física, ni la historia… no es una experiencia medible. Diría, con Celaya, que «es lo más necesario, lo que no tiene nombre». Alguna vez he ensayado una definición propia: es lenguaje en su máximo nivel de intensidad emotiva y estética. Pero es una entre muchas.

A lo largo de los años decenas de poetas y filósofos han querido definirla. Yo creo que es imposible. Pues no se puede nombrar lo innombrable.

Podemos afirmar con una certeza cartesiana qué es un verso. Qué es un poema. Qué un soneto, o cualquier estrofa. Pero la poesía, a mi juicio, es mucho más. He podido comprobar, durante la escritura de ‘Qué es la poesía’, que es posible acceder, con la lectura de un par de libros, a más de dos mil intentos de definición o acotamiento de ese fenómeno por parte de poetas, críticos, filósofos y pensadores: «palabra esencial en el tiempo», «Intersección de lo intemporal con el tiempo», «conocimiento», «participación», etc…. Todos esos intentos son verdad. Pero, a la vez, todos son incomprobables, imprecisos. Forman parte de la subjetividad. ¿Cuándo en un poema hay poesía? ¿En una novela? Y yendo más allá: ¿en un cuadro? ¿Y en una sucesión de fotogramas? Preguntas con una respuesta siempre precaria, inestable.

¿Para qué sirve la poesía? Para García Montero es tan útil como la ciencia o la técnica. Para mí lo es mucho más. Sin ella no existirá veta humana de los hombres.

Creo, con Nuccio Ordine que no se trata de una utilidad material, económica, sino que forma parte «de todo aquello que nos ayuda a hacernos mejores». Esa es su utilidad esencial. Nos ayuda a sentir la palpitación de un instante, nos acerca a emociones vinculadas a la memoria íntima, y a la colectiva, a entender zonas ocultas de la realidad, a ahondar en nuestras incertidumbres, a descubrir vibraciones y gozos inéditos en la palabra, el temblor de lo cotidiano, a pensar en el sentido último de la vida, en la solidaridad, en el amor… No es la utilidad del beneficio económico, es una lógica radicalmente contraria al capitalismo. La poesía muestra la utilidad de lo inútil, vuelvo Ordine.

¿La prosa y la poesía se leen de la misma manera? Yo creo que son dos registros diferentes a los que se llega de diferentes formas.

Yo diferenciaría entre la narrativa o el ensayo, por ejemplo, y la poesía. Lo digo porque hay poemas (poesía) en prosa. La lectura del poema tiene mucho de creación (o recreación) por parte del lector, que en parte es creador mientras lee, ya que funde la palabra del poeta con su propia experiencia emocional, con su memoria, con su vida, y lo hace suyo si es un buen poema. Y esa lectura está, como proceso físico, más próximo a la contemplación de un cuadro. En poco tiempo, el lector tiene ante sí todos los ingredientes del poema, como quien está frente a un lienzo. Con la narrativa o el ensayo es distinto. Para tener en su integridad la novela, ante sí, el lector precisa días, a veces semanas, mientras que la relación con el poema es instantánea aunque vuelva a él muchas veces. Nabokov hizo una certera reflexión sobre ello.

¿La poesía en prosa se escribe con el mismo formato que la poesía en verso? Cuando es poesía en prosa, ¿qué indica que es poesía?

Es evidente que no existen termómetros que nos digan que un texto en prosa es poesía. De esa posibilidad nos advierte un conjunto de experiencias muy personales: las palabras elegidas, su música, lo que evocan, el hecho de que alumbren una realidad inédita, casi misteriosa, que nos emocionen de un modo perdurable, que nos hagan recobrar momentos vividos, que nos perturben o nos ayuden a entendernos y a entender a otros. En el fondo, es aquello que, al ensamblar palabras, convierte, a nuestros ojos, el texto en algo especial del que gozamos o con el que sufrimos, en una experiencia nueva. Vázquez Montalbán nos acercó una definición feliz: la poesía es la «proteína del idioma». Añado que puede estar en el poema en verso y en el poema en prosa. O en un cuento. O en una novela.

¿La poesía y, por ejemplo, la narrativa se difunde de la misma manera?

Está claro que no. La poesía es un género, o un arte mejor dicho, minoritario, inútil desde el punto de vista económico, con una difusión limitada, que, salvo excepciones, se mueve en círculos muy acotados, en ediciones cortas, casi marginales en algunos casos (no hablo de ‘youtubers’ o fenómenos parecidos). La narrativa, sobre todo la novela, es el género literario que sustenta buena parte del negocio editorial y suele tener una difusión masiva. Por tanto, su proyección en diarios, suplementos, revistas y medios de comunicación, incluido internet, es infinitamente superior.

¿La crítica en la poesía la minimaliza o la maximaliza? ¿Puede hacerse una crítica de un libro de poesía en una frase?

La crítica de poesía es una necesidad para muchos lectores, desde los que se inician en ella hasta los que proceden de lecturas no poéticas. Si su lectura requiere cierta disposición, su crítica (no hablo del solapismo) requiere un mínimo de formación y, a mi juicio, estar familiarizado con ella, preferentemente haberla escrito y conocer la experiencia que el poeta vive en su interior. En el interior del poema quiero decir. En una frase se puede sintetizar un libro, pero eso no es una crítica. Escribir ‘Una celebración de la luz y del aire’ puede recoger el sentido último, por ejemplo, de ‘Don de la ebriedad’, de Claudio Rodríguez. Pero no es una crítica.

¿Cómo se puede saber que un buen poema es un buen poema?

Hay una primera experiencia que llamaría deslumbramiento, conmoción, enfrentarte al encuentro o hermanamiento de dos palabras nunca ensayado y que emociona… 40 años después de haber leído algún poema de Juan Ramón, o de Blas de Otero, el poema sigue viviendo en mí como si fuera nuevo. Creo que un poema tiene que contener música, ritmo, huir de lo hueco o innecesario, ir a la sustancia, estar bien escrito y marcar de algún modo la conciencia del lector, abrir puertas a la meditación sobre su propia vida. Como ves, son sensaciones no medibles. En muchos casos subjetivas…

¿En la poesía hay realidad o solo palabra?

La poesía remite siempre a la realidad porque en la realidad vive la experiencia humana. Y esa experiencia se cuenta y se canta con palabras. Incluso las poéticas irracionalistas, o el surrealismo, o las experiencias oníricas, forman parte de la realidad filtrada o deformada por el propio poeta. Ahora bien, puede haber poesía en el juego puramente estético, en el gozo ante el ritmo o el sonido de determinados vocablos… Pero yo prefiero la poesía que alude a la vida, que es lo real.

La poesía en verso y la poesía en prosa, ¿están hechas de la misma sustancia?

Si. De lenguaje. Ahí me remito a algunas de mis respuestas anteriores. Aquello de la proteína del idioma. Si para la vida del ser humano son esenciales, desde el punto de vista biológico, las proteínas, para que un texto se eleve más allá de la prosa plana o el verso artificioso, hace falta ese temblor no visible pero sí «sentible» que se adueña del lenguaje: a veces tan invisible como la proteína en nuestro organismo.

¿Dónde alcanza la poesía su grado más alto? ¿Cuándo denuncia o aplaude una causa o cuándo es solo el arte por el arte?

Hay poesía en el deslumbramiento ante un paisaje y hay poesía en la denuncia de una injusticia o en la apelación a un mundo más solidario y equilibrado. En el fondo son dos modos de buscar la felicidad propia y del otro. El secreto está en el lenguaje, no hablaría de escalas «temáticas». ¿Blas de Otero o Bécquer? ¿Clara Janés o Gloria Fuertes?

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