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Las guardas

James

Henry James

Henry James / L.O.

Javier Sánchez Menéndez

Javier Sánchez Menéndez

Lo de algunos autores es impresionante, ya no saben qué hacer para publicar, y para vender ni te cuento. Sinceramente no logro entender cómo se pierde el tiempo (y el sentido común) con lo de David Uclés. Se ha liado una buena (¿o han intentado forzadamente que se líe?). Menudo carajal más impresentable. Cada uno con lo suyo, que yo sigo con el ‘Cuadernos de notas’ (1878-1911) de Henry James (1843 – 1916). Este libro sí que es una maravilla. Y no podemos olvidar, que David Uclés sí ha publicado y además con éxitos. A veces, el éxito ajeno saca lo peor de uno, en vez de inspirar genera veneno. ¡Oh la vanidad, la vanidad de esos autoproclamados «intelectuales» que se pasan la vida en postureo, corrigiendo a los demás, debatiendo en tertulias eternas o soltando sentencias en redes..., pero que, cuando llega el momento de publicar algo sustantivo, se paralizan o directamente no lo hacen ya que no saben en realidad qué es lo sustantivo!

‘Cuadernos de notas’ (1878-1911) de Henry James puede resultar a veces repetitivo o críptico, pero se trata de un documento fascinante escrito por un autor inmenso. No es un diario convencional, ni siquiera unas memorias propiamente dichas, sino una especie de taller íntimo y crudo donde observamos al autor en plena faena creativa, hablando consigo mismo con una mezcla de euforia, autocrítica feroz, desesperación y enorme lucidez. Ya indicamos en la columna anterior que este libro de James no es solo apuntes de tramas, son una crónica viva de cómo James concebía la creación literaria.

En esta obra James, de una manera no directa, dice que la verdadera creación literaria exige humildad ante el material y valentía para exponerlo, no vanidad que paralice por miedo a no ser «infalible». El orgullo intelectual que lleva a no publicar (o a criticar ferozmente al que sí lo hace) es, para él, una forma de fracaso disfrazado de superioridad. Él mismo se ve luchando contra eso en sus cuadernos: «Cuando estoy realmente trabajando, soy feliz, me siento fuerte». El antídoto es el trabajo constante, no el postureo. Escribe, además, «debo hacer grandes esfuerzos en los próximos años si no quiero haber sido, en conjunto, un fracaso». En el fondo, James nos dice: si quieres crear de verdad, deja la vanidad en la puerta o úsala como combustible, no como excusa para quedarte quieto. Eso es lo que lo hace grande: no el postureo, sino el trabajo constante, la exposición y el riesgo.

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