Seres de Babel
Antonio Flores

Antonio Flores / CÓRDOBA
MANUEL GAHETE
Antonio Flores nos ha dejado. Su ausencia duele como duele el silencio, aunque también serena la memoria, porque, en este vacío de la muerte, nos lega sus versos heridos y lúcidos; y, en ellos, una manera fértil de entender y entendernos.
Antonio, lector avezado, conocía como nadie el valor del poema bien escrito, el cuño alígero de la tradición, la profundidad del pensamiento.
Y este conocimiento lo convertía en poeta. Fue poeta por una inevitable necesidad íntima, filósofo porque aspiraba a comprender hasta qué punto la duda atenazaba sus certezas, amante del flamenco porque en ese quejido roto encontraba reflejado todo el dolor del mundo, el mundo que amaba a pesar de la oscura soledad y la desoladora inclemencia. Se nos fue el amigo con el que compartir la vida y esta pérdida no es solo personal, afecta al espacio común que construyen las amistades verdaderas, ese lugar donde admirar y sentir devienen indescifrables.
Su amistad sincera y su noble palabra jamás podrán morar en el olvido porque forjan un vínculo que mantiene indemne su recuerdo.
Suscríbete para seguir leyendo