ENTREVISTA | Salvador Gutiérrez Solís Escritor
Salvador Gutiérrez Solís

Salvador Gutiérrez Solís. / Luis Serrano

Ha empezado el año de una manera complicada por su reciente operación. ¿Cómo se encuentra?
Ha sido una intervención compleja, dura, pero deseada, por lo que supone, de avance con respecto a la enfermedad. Como es lógico, la recuperación es lenta y dolorosa, pero dentro de los parámetros de una cirugía tan exigente. Estoy animado y confiado, seguro de que muy pronto estaré recuperado.
¿Qué ha supuesto la literatura para usted en los últimos meses?
Desde hace años la literatura es parte esencial de mi vida, pero en los últimos meses se ha convertido en un elemento terapéutico, sanador. Esbozaba el argumento de mi última novela, ‘La estrategia del impostor’, cuando me diagnosticaron el cáncer. Con una quimio que me impedía la exposición a la luz del sol y al calor, la novela se convirtió en la gran protagonista de mis días. Recuerdo algunos que pasé escribiendo doce, catorce horas, como si alguien me estuviese dictando. Desde el primer momento tuve claro que la enfermedad no iba a ser el hecho fundamental de mi vida. Porque eso supondría darle ventaja a la enfermedad. Y no estoy dispuesto. Sigo luchando cada día para que eso no suceda. Mi vida es mucho más que el cáncer.
Ya está en las librerías ‘La estrategia del impostor’, Premio Jaén de Novela. ¿Por qué considera que es su mejor novela?
La mejor, con mucha diferencia, no me cuesta reconocerlo. Con el paso de los años, aprendes a tomar distancia con respecto a tu obra, y eres capaz de evaluarte, de observarte, como si leyeras y analizaras a otro autor. Por ritmo, intensidad, tramas y subtramas, por intención, por energía, por amplitud, por literatura, es mi novela más lograda. Cuando empiezas a escribir una novela te marcas una meta, y tengo la impresión de que en esta ocasión la he traspasado. Es la novela que deseaba que fuera y eso no siempre sucede.
En ‘La estrategia del impostor’ habla de la manipulación informativa, de inmigración, de corrupción política, un espejo de la realidad actual. ¿Qué le preocupa más?
Me preocupa muchísimo el auge de los partidos y líderes ultras, y sobre todo el que haya chavales reclamando la restauración de un pasado que fue atroz, desde cualquier punto de vista. Me preocupa que los partidos tradicionales estén noqueados, incapaces de ofrecer respuestas convincentes y de frenar la avalancha. Y me preocupa que la «información», muy entre comillas, se haya convertido en un brazo armado de la manipulación y de la mentira. Las datos que se ofrecen de las «paguitas», de inmigración o de los casos de ocupación de viviendas, por ejemplo, son sencillamente falsos, pero una amplia parte de la población los asume como verdades incuestionables. Me preocupa, cada día más, que los discursos de odio, de rechazo, de intolerancia, cuenten con tanta aceptación. Nos estamos deshumanizando. Me preocupa y horroriza el mundo que podemos dejarle a nuestros hijos.
Donald Trump ha instaurado una política que parecía erradicada hace décadas, aunque es conocido el olvido de los valores democráticos y los derechos humanos cuando en determinadas ocasiones le ha interesado a EEUU. ¿Es Europa la gran derrotada o es la esperanza para tratar de reconducir la situación ante la expansión del tecnofeudalismo?
Europa debería ser, porque lo ha sido casi siempre, el equilibrio, el sentido común, pero la realidad es que solo da, últimamente, palos de ciego. Los europeos tragamos firmando acuerdos muy trascendentales para nuestra economía en un ‘resort’ de Trump, al que acude a jugar al golf. La respuesta con respecto a lo sucedido en Venezuela no es que haya sido tibia, ha sido invisible. No es de extrañar que el presidente americano hable con esa ligereza de Groenlandia, de los barriles de petróleo que se va a cobrar o de otros asuntos, no percibe que nada ni nadie le frene. Porque Europa es poderosa como bloque, unida, dividida es muy débil.
La extrema derecha se afianza entre los jóvenes. ¿Qué está ocurriendo? ¿Cómo lo interpreta?
Ser facha y cantar el cara al sol con dos copas, y hasta en el recreo de un colegio, es una moda. Tal cual. Para muchos la extrema derecha es lo transgresor, el espacio de los indignados y de los antisistemas, sin caer en la cuenta de que son, porque siempre lo fueron, justamente lo contrario. Retomo el término «moda», la hubo con otras formaciones políticas, no hace tanto tiempo, y espero que suceda lo mismo con la extrema derecha.
Ninguna formación política se libra de la corrupción. ¿Ve normal lo que está sucediendo? ¿Qué le diría a los grupos políticos?
Lo digo en todos los ámbitos y espacios en los que tengo oportunidad de manifestarme: le están poniendo la alfombra roja a la extrema derecha, que no tienen ya ni que manifestarse, solo esperar a que los dos partidos más influyentes se devoren entre ellos. La estrategia es nefasta e incomprensible. Y sus resultados pueden ser terribles.
Usted ha empleado las redes sociales como plataforma para la creación literaria, pero hoy se han convertido en altavoces de propaganda y manipulación, aunque también de relación social. ¿Qué responsabilidad le da a las redes para crear la realidad o el relato que están imponiendo algunos grupos de presión?
Hay una realidad virtual, está claro, en la que la mayoría convivimos/aparecemos, en mayor o menor medida. La extrema derecha es la que mejor ha comprendido esta realidad y ha empleado una descomunal cantidad de dinero para controlarlos, crear su propio relato y, sobre todo, atraer a los jóvenes. Nada ha sido casual. Ha sido un proceso muy elaborado y minucioso, hasta el punto de que muchos jóvenes consideran que Tik Tok es una fuente de información absolutamente fiable, muy por encima de Google, que ya es decir. La victoria de Trump está plenamente ligada al control y compra de Twitter por Elon Musk. Formaba parte de la estrategia, y funcionó.
Y los escritores, ¿qué tienen que decir ante esta situación?
Los escritores tenemos muchas dimensiones, por lo cual «podemos decir» de muy diferentes maneras. Más directamente en una tribuna o artículo de opinión, pero también radiografiando la actualidad, el momento concreto, en una novela. Es lo que hago, por ejemplo, en ‘La estrategia del impostor’. Como en todas mis novelas, no me posiciono, jamás se me ocurriría adoctrinar, considero que el lector es lo suficientemente inteligente como para no atreverme, simplemente cuento y describo realidades, comportamientos, y que cada cual valore o extraiga sus propias conclusiones. Los escritores, en gran medida, tenemos un compromiso con la realidad. Ayudamos a conocernos mejor, y eso puede propiciar que afloren esos lados oscuros o negativos que mantenemos o instauramos en la sociedad.
Por último, y se lo habrán preguntado muchas veces, ¿tiene pensado recuperar el personaje de Carmen Puerto como le reclaman sus lectores?
Sí, me preguntan con frecuencia por Carmen Puerto, y claro que volverá. Todavía no sé cómo ni cuándo, ando barajando varias posibilidades. Es un personaje que cuenta con un sinfín de lectores, que me enganchó desde el primer momento, y sé que volverá a protagonizar una de mis novelas. De momento, no pienso hacerle la maleta y despedirla. Es un hasta luego, nos hemos dado un tiempo, como dicen algunas parejas.
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