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LAS GUARDAS

‘Moby Dick’

‘Moby Dick’

‘Moby Dick’ / Córdoba

Javier Sánchez Menéndez

Javier Sánchez Menéndez

Durante estos días de fiesta me han acompañado dos libros y un autor. Los libros: Moby Dick, de Herman Melville (1819–1891), y Cuadernos de notas (1878–1911), de Henry James (1843–1916). El autor, ya leído con anterioridad pero al que he regresado gracias a Moby Dick, es Nathaniel Hawthorne (1804–1864).

Herman Melville publicó Moby Dick en 1851, sin alcanzar entonces el reconocimiento que la obra merecía. Podría decirse que fue, en vida, un escritor fracasado, apenas celebrado, y que no fue hasta el siglo XX, ya después de su muerte, cuando comenzaron a llegar los elogios. Leí Moby Dick en la juventud: me gustó, pero no llegué a comprenderla del todo. Me pareció una obra de gran profundidad, un libro que exigía no solo atención, sino también madurez.

Hoy la disfruto de otra manera. Cada relectura permite rescatar aspectos que antes habían pasado desapercibidos. Moby Dick no es solo la historia de una ballena y de un capitán obsesionado con darle caza, sino una novela cargada de simbolismo, alegorías y reflexiones filosóficas, religiosas y existenciales de enorme calado. Admite, además, múltiples interpretaciones. Todo invita a pensar que Melville escribió la obra con esa vocación abierta, combinando lo metafísico, lo épico y una intensa dimensión espiritual.

El libro de Henry James, Cuadernos de notas (1878–1911), se publicó por primera vez en castellano en 1989. Se trata de una recopilación póstuma de sus cuadernos privados de trabajo, aparecidos originalmente en inglés como The Notebooks of Henry James, editados por F. O. Matthiessen y Kenneth B. Murdock en 1947. La edición española, publicada por Destino y traducida por Marcelo Cohen, respeta fielmente la versión clásica.

El volumen reúne nueve cuadernos en los que James anotó, entre 1878 y 1911, ideas creativas, reflexiones y planes para sus obras. Predominan las notas de carácter profesional. El crítico Edmund Wilson los calificó como «un documento de primera importancia». Estos cuadernos ofrecen una ventana privilegiada al proceso creativo de uno de los grandes maestros de la novela psicológica moderna y muestran cómo James transformaba una simple anécdota en complejas indagaciones sobre la conciencia, el deseo, la moral y las tensiones entre América y Europa. Su influencia se deja sentir en autores como James Joyce o Virginia Woolf.

En cuanto a Nathaniel Hawthorne, Melville le dedicó Moby Dick, prueba de la profunda admiración que sentía por él. El autor de La letra escarlata mantuvo una estrecha amistad con Melville y fue una figura decisiva en su trayectoria. Lecturas, todas ellas, muy recomendables.

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