Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CARTAS DEL NORTE

Y llegó el año nuevo

Ramon J. Sander, Juan Ramón, Ray Bradbury, Joyce...

Ramón J. Sender en 1968 en Los Ángeles. | CARLES FONTSERE

Ramón J. Sender en 1968 en Los Ángeles. | CARLES FONTSERE

Córdoba

Vengo de una región del norte de España que ostenta el dudoso récord de contar con el mayor número per cápita de centros comerciales, todos ellos ocupados, casi sin excepción, por las mismas tiendas. En una ocasión, al preguntar a un amigo encargado de una de ellas por esa reiteración, me respondió con franqueza: «Oviedo no tiene mercado para tanta tienda, pero hay que estar en cada centro comercial que se abra. Política de empresa». Algo muy parecido ocurre hoy con la proliferación de redes sociales en internet: aunque no siempre sirvan para mucho, parece imprescindible mantener un perfil en cada una de ellas.

Conviene, no obstante, ser realistas al calibrar su alcance. Pensemos en Facebook, TikTok o Instagram. ¿Cuántos “amigos” acumulamos en cada plataforma? Amigos literarios, se entiende. ¿Cuántos mensajes recibimos a diario, a la semana o al mes sobre presentaciones de libros o actos culturales que, por distancia o simple ajenidad, terminan directamente en la papelera? Separar lo que nos interesa de la pura inercia informativa sin eliminar contactos resulta, en la práctica, imposible. Las redes funcionan como un altavoz: se escucha lo que importa y se ignora lo demás, pero conviene que estén ahí, porque en algún momento pueden decir algo relevante. Nunca sabemos cuándo.

Como ocurre en internet, la literatura —y el negocio que la rodea— se encuentra en constante transformación, quizá a las puertas de una revolución marcada por el libro y los diarios electrónicos. Desde esa perspectiva, quien frecuenta los rastros urbanos o las librerías de viejo, espacios donde aún es posible encontrar auténticas joyas a precios razonables, no puede evitar preguntarse cuándo llegará el día en que esos libreros se organicen también en la red, ofreciendo sus fondos y rompiendo la dinámica que deja el mercado en manos de grandes monopolios digitales o editoriales.

Gracias a ese comercio paciente y casi artesanal, es posible hacerse hoy con hallazgos como Tensor, en edición facsímil de Ramon J. Sander para el Instituto de Estudios Altoaragoneses, o Platero, Revista literaria gaditana, publicada por la Fundación El Monte. Más recientemente, han aparecido ediciones conmemorativas de Pedro Páramo (RM Editores), los Cuentos de Ray Bradbury o de James Joyce, recuperados bajo el cuidado de Páginas de Espuma, una de las editoriales que más ha hecho en este país por reivindicar el relato corto.

La invitación es clara: acudan a los rastros o, en su defecto, a las librerías de viejo. Revuelvan en sus estanterías y disfruten del hallazgo. Borges, Vargas Llosa, Cirlot o Galdeano los estarán esperando. Felices lecturas y feliz año nuevo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents