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Ensayo

Sobre Dios

Byung-Chul Han.

Byung-Chul Han. / ROMÁN G. AGUILERA / EFE

Barcelona

El filósofo Byung-Chul Han (Seúl, Corea del Sur, 1959) se compenetra y se mimetiza con Simone Weil en Sobre Dios. Pensar con Simone Weil, elevándola como interlocutora para abordar una cuestión que sigue siendo incómoda: Dios. En una sociedad secularizada —salvo excepciones culturales muy concretas— resulta un gesto intelectual poco habitual optar por la espiritualidad como vía para pensarnos. El libro se plantea así como una lectura constructiva, un tributo y una reflexión filosófica que actúa, sin estridencias, como un bálsamo.

De origen coreano, Han se formó en la Universidad de Friburgo, uno de los centros canónicos de la filosofía alemana, y se doctoró con una disertación sobre Martin Heidegger. No parece que aquel marco terminara de convencerlo. En Weil encontró la luz que buscaba. Entre ambos se establece una relación casi mística, una simbiosis intelectual desde la que se rebelan contra el filósofo de la sospecha y enmiendan a Nietzsche: no es Dios quien ha muerto, sostienen, sino el ser humano, que al abandonar su dimensión espiritual se consume en la nada.

Ese ser humano no presta atención. Se alimenta de una dieta hipercalórica de trivialidades en las redes sociales, celebra la opulencia low cost y exhibe imitaciones baratas como si fueran signos de plenitud. El resultado es un vacío existencial que se disfraza de éxito.

Cambiar la mirada, recomendaba Weil. Hacia uno mismo y hacia los otros. Hacia lo espiritual, entendido como atención, esa palanca del alma capaz de transformarse en creación. También reivindicaba el valor de la espera, una forma de pasividad activa del pensamiento que conduce a la humildad y roza lo trascendental. Saber esperar y ejercitar la atención permite avanzar hacia la descreación, alejándonos del apego al yo para abrirnos a los demás y comprender el mundo sin el filtro de nuestros prejuicios.

Contemplar la belleza del instante, sin apriorismos. Han y Weil coinciden en señalar que la belleza pura es Dios, más allá de la inmanencia del sujeto estético kantiano. Platón ya lo afirmaba: la belleza es un atributo divino, accesible —según Weil— mediante la contemplación y la espera. El arte se convierte así en un espacio de revelación, aunque siempre atravesado por el dolor, que actúa como catalizador de nuestra esencia.

Vivimos, sin embargo, en una sociedad algofóbica que penaliza el sufrimiento y huye de lo feo, instalada en una felicidad aparente sostenida por el like, el aplauso inmediato y la lógica de “tanto tienes, tanto vales”. Aislados, como incógnitas sin resolver en el álgebra de la vida. Hay salida: alejarse del ruido y penetrar en el silencio. Hugo von Hofmannsthal advirtió que «las palabras se han antepuesto a las cosas». Falta sustancia. Leer, leer.

‘Sobre Dios. Pensar con Simone Weil’.

Autor: Byung-Chul Han.

Editorial: Ediciones Paidós. Barcelona, 2025.

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