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El tiempo amarillo

El tiempo amarillo | MANUEL ÁNGEL JIMÉNEZ
Últimamente, cuando alguien me felicita por estas fechas con un feliz Navidad, suelo responder que me conformo con que no me hagan la pascua. Y no son pocas las felicitaciones que llegan acompañadas de una imagen, aunque cada vez menos: algunas en forma de publicidad institucional, otras cargadas de poesía visual. Al final, en estos días, acaba imponiéndose la nostalgia y la melancolía, quizá porque echamos de menos a quienes ya no están y con quienes compartimos momentos que ahora añoramos.
En ese estado de ánimo se me vienen a la cabeza algunas secuencias cinematográficas ligadas a estas fechas. Pienso en algunos de mis finales preferidos: el milagro de ‘Ordet’, de Carl Theodor Dreyer; la vela que protege al protagonista de ‘Nostalghia’, de Andréi Tarkovsky, mientras camina por una piscina vacía; o el abrazo final de Ingrid Bergman y George Sanders, tras buscarse entre el tumulto de una procesión, en ‘Viaggio in Italia’, de Roberto Rossellini.
Son quimeras cinematográficas que trascienden el celuloide para quedarse en la memoria del espectador y que regresan, como las hojas del árbol, durante unos días, reviviendo amarillentas, como el tiempo.
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