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Entrevista | José Luis Rey Escritor

José Luis Rey

José Luis Rey

José Luis Rey / Francisco González

Francisco Expósito

Francisco Expósito

Córdoba

José Luis Rey es uno de los grandes poetas españoles de la actualidad, con importantes reconocimientos en su trayectoria. ¿Qué ocurrió tras ‘El dorado’ para que llegara a decir que se había cansado de José Luis Rey como poeta?

Ocurrió sencillamente que en 2023, al publicar ‘El dorado’, comprobé que dicho poema largo era la culminación de mi obra, de mi obra poética escrita con mi nombre real. No me era posible ir más allá. El autor es quien mejor conoce su obra y yo me di cuenta de que ‘El dorado’ era un punto de llegada, no de partida. Es lo más decantado y lo mejor que he escrito con mi nombre. ‘El dorado’ viene a ser la desembocadura de toda mi poesía anterior. Desde ‘Un evangelio español’ (1996) hasta ‘El dorado’ (2023), el alfa y omega de mi poesía, mi obra ha recorrido un largo camino y es justo darle un final y un descanso. También sirven aquellos que permanecen y esperan, decía el gran Milton.

¿Volverá o ya ha dicho todo?

Nunca se sabe si volverá uno a escribir y firmar con su nombre, pero no creo que de momento vuelva. Ya hay una extensa obra escrita bajo el nombre de Rey. Ahora es el momento de mis dos heterónimos, Luis Tulsa y Fernando Plata. Dejemos que ellos hablen ahora.

¿Por qué recurrir a heterónimos?

Buena pregunta, que ya está explicada en parte. Yo creo que por amor. Por el gran amor que le he tenido siempre a la poesía. Escribo mediante esos dos heterónimos porque siento terminada y concluida la obra del ortónimo, que soy yo. ¿Debería dejar de escribir versos si ya creo haber dicho todo lo que quería decir? Sí y no. Qué bello al ir a ser es haber sido, decía Juan Ramón Jiménez. En ese sentido mi obra no acaba, sino que toma una bifurcación, un sendero alternativo al que hasta ahora había sido único y principal: la obra con mi nombre. Utilizar heterónimos es como entrar al jardín de senderos que se bifurcan.

¿Qué tienen de diferentes José Luis Rey, Luis Tulsa y Fernando Plata?

Creo que los tres son poetas valiosos. Con mi nombre siempre he sido un poeta hímnico y he creído en el Espíritu más que en el lenguaje. Luis Tulsa es una parodia del realismo sucio, que tan de moda estuvo en mi primera juventud, cuando mis compañeros universitarios en Córdoba se hallaban encantados practicando en serio tal subgénero poético. Y Fernando Plata, gallego nacido en Pontevedra en 1999, farmacéutico de oficio, es un poeta que admira a Trakl y Wallace Stevens y hace una poesía órfica y onírica. Son distintos entre sí.

Este año ha publicado ‘Andanzas por el cielo y el infierno’, tercer libro bajo el heterónimo de Luis Tulsa. ¿Qué ha querido transmitir?

He querido que Tulsa sea el poeta en quien lo feo y lo hermoso, lo lírico y lo gutural, la mancha y el esplendor se unan en una voz sola y libre. Luis, chileno nacido en Valparaíso en 1993, pero madrileño de adopción desde su adolescencia, surgió como parodia de Bukowski, Carver, etc... Pero desde el principio pensé que debía transmitir el mismo deseo de belleza que Rey o Plata. Así, me gusta imaginar que es cierto, en estos poemas tulsianos, que Bukowski y Juan Ramón Jiménez se encuentran y se hacen amigos. Tulsa no es sino un hijo del infierno que aspira al paraíso, como dice su crítico de referencia, el también chileno Rolando Guevara.

¿Qué tiene que decir la poesía en una situación caótica como la actual?

Bueno, pues la poesía tendría que decir (y que darnos) una idea de orden, como quería Wallace Stevens. Siempre he creído que la poesía es la forma de vivir con mayor plenitud. Y esa plenitud da sentido incluso a los tiempos peores.

¿Qué es para usted el lector?

El lector primero soy yo y soy el lector más exigente con lo mío. Siempre he escrito en un camino solitario, propio y áspero. Y agradezco a cada uno de mis lectores que compartan conmigo una pasajera epifanía, pues ya lo dijo San Pablo: si lo pasajero fue glorioso cuánto más lo permanente. El poema es pasajero en el poeta y se vuelve permanente en el lector. Eso es el gran milagro de la poesía; el lector es, por tanto, fundamental.

¿Qué libro no se ha escrito y querría leer?

El libro que iluminara la relación de la poesía de Rilke con la de Juan Ramón Jiménez. Ese libro aún no existe, pero sería muy bello leer cómo el autor de ‘El libro de horas’ confluye con el autor de ‘Dios deseado y deseante’. Para mí (pese a haber sido traductor de toda la obra de Eliot) son Rilke y Juan Ramón Jiménez los dos más grandes poetas que ha dado el siglo XX. Deberíamos seguir su ejemplo en el XXI.

¿Qué autores y qué géneros lee José Luis Rey?

Suelo leer sobre todo poesía y ensayo. Soy un adicto a los libros extensos de poesía y siempre prefiero, si tengo la ocasión, leer entero a un poeta que lo merezca. Sí, me gusta leer obras poéticas completas. Y también leo mucho ensayo literario. Me interesa enormemente lo que tienen que decir los maestros, como Borges o George Steiner, como Harold Bloom y tantos otros, sobre el hecho de la creación literaria. Además de leer poesía y ensayo escucho un par de horas al día música clásica. Y también vuelvo con cierta regularidad a la Biblia y los Evangelios.

¿Qué poetas pondría en una antología de la poesía actual?

Por ceñirme a mi generación pondría a Antonio Lucas, Pablo García Casado, Jon Andión, José Daniel García, Joaquín Pérez Azaústre, Juan Andrés García Román, Ramón Rodríguez, Raúl Alonso, Victoria León, Lauren García... Pero hay otros igualmente valiosos.

¿Goza de salud la poesía andaluza?

Pues si nos atenemos a la Historia, la poesía andaluza ha sido siempre la mejor. Góngora, Pablo García Baena, Lorca, Aleixandre, Cernuda, Machado, Juan Ramón... Una vez dijo Nietzsche que el genio ha de nacer bajo un cielo claro. Parece que es lo que ocurre con el cielo andaluz. Y, en el siglo XXI, más concretamente, con el cielo de Córdoba.

¿En qué proyecto se encuentra inmerso en la actualidad?

Siempre estoy inmerso en alguna traducción. Igual que he dicho que me gusta leer obras poéticas enteras, también me gusta traducir obras poéticas enteras de grandes maestros de la lengua inglesa, para editoriales tan buenas como Visor y Cátedra. He traducido a Emily Dickinson en su totalidad, y también a todo Coleridge, todo Eliot, todo Keats... Traducir gran poesía enseña muchísimo al traductor si este escribe a su vez. Yo he aprendido y aprendo mucho con cada traducción. También diré que traducir poesía es más creativo y hasta más hermoso que traducir prosa (aunque haya vertido al español un libro delicioso de prosa memorialística como el ‘Retrato del artista cachorro’ de Dylan Thomas, poeta tan amado por mí). Pero es cierto que la plenitud que uno siente traduciendo, por ejemplo, ‘In Memorian de Tennyson’ no se alcanza fácilmente traduciendo prosa. Además de todo esto, también quiero aprender alemán y, al respecto, recuerdo lo que dijo Ortega y Gasset a un joven Octavio Paz: olvídelo todo; aprenda alemán y póngase a pensar.

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