Poesía
El regresodel mago
‘Balada’, el nuevo poemario de Pere Gimferrer en Espasa Calpe

Pere Gimferrer. | ALBERTO PAREDES / EUROPA PRESS
Dijo Octavio Paz, como es fama, que Pere Gimferrer sería siempre un poeta joven. Es decir, que su poesía no estaba destinada a decaer con el tiempo y que siempre nos daría nuevas imágenes, nuevos poemas rotundos, nuevas maravillas. Pues bien, Gimferrer ha cumplido sus primeros ochenta años y los celebra publicando ‘Balada’, un solo poema dividido en ocho partes a cual mejor. Vuelve el Gimferrer de la poderosa imaginación y el ritmo, el poeta oracular que sabe hilvanar, con la misma pericia de Blas de Otero, las citas ajenas con los versos propios. Vuelve el lector de Stevens, pues lo real es solo la base, pero es la base. Real es y ha sido el paso del tiempo, un tiempo que quiso vencer a los poetas, a los que comen, según la tradición hebrea, del libro de la luz. De ahí, las «visionarias pajarerías de Rimbaud». Y no solo el muchacho de las suelas de viento asoma en esta ‘Balada’. También lo hacen Alberti, Eliot, Shakespeare, etc. Pero digamos ya que este libro es el perfecto ejemplo de poema largo y decantado a la vez. Una escritura diáfana, no hermética, nos va guiando por las diversas imágenes que caen sobre nosotros como caían los sables sobre el alférez Christoph Rilke. Una imagen brillante tras otra y jamás hay palabrería. Pues Pere Gimferrer siempre ha sabido qué quería decir y cómo decirlo, cosas distintas, pero ambas necesarias.
El gran poeta catalán lleva unos años entregándonos poemas largos y emocionantes, poemas que dejan claro que la poesía no tiene que obedecer la ley del mínimo esfuerzo (léase haiku o poema contenido). En ‘Balada’, «el Golem errabundo en laberintos/ tantea noche en el rosal borrado». Esta alegoría metapoética está a la altura de Mallarmé, quien también vio un terrible nacimiento en la noche de Idumea. Y de William Blake, que preguntaba a su tigre si lo había creado el mismo que hizo al Cordero. Y es que ‘Balada’ está llena de versos brillantes que solo puede escribir Gimferrer, el ‘primus inter pares’ de los novísimos: «el latigazo de las valentías/ en los pinares del amanecer./ El latigazo de decir ‘Yo soy’». (Por cierto, no quiero dejar de mencionar los muchos y muy relevantes premios literarios que ha obtenido el autor: dos veces Premio Nacional, Premio Reina Sofía, Premio Octavio Paz... Además se convirtió en su día en el académico más joven de la RAE. Pero todo esto no sería nada sin el verdadero premio: la Poesía en sí misma, a cuya voz Gimferrer siempre contestó: «Señora»...). Creo que el sentido y la razón última de ‘Balada’ se hallan en el siguiente verso: «¿Cómo seremos los que ya hemos sido?». Es decir, ¿qué vida nos queda tras haber vivido? Y aquí habla tanto de sí mismo el poeta como de su amada, Cuca. Y tiene razón Gimferrer: el poeta quiere y debe persistir en su ser, como soñaron Unamuno y Spinoza. Podríamos oír a San Pablo: «pues si lo pasajero fue glorioso, cuánto más lo permanente». ¿Será así? ¿Entraremos en las espléndidas ciudades? ¿Lo permanente del haber cantado nos salvará? Tal vez la respuesta la supo Juan Ramón Jiménez: «¡Qué bello al ir a ser es haber sido!». En ello confiamos, en la sólida luz que arroja esta ‘Balada’.
‘Balada’
Autor: Pere Gimferrer.
Editorial: Espasa Calpe. Barcelona, 2025.
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