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Novela

El cielo y la tierra

‘El mundo acabará en viernes’, del escritor cordobés Manuel Moyano

Manuel Moyano. | CÓRDOBA

Manuel Moyano. | CÓRDOBA

León

La trayectoria de Manuel Moyano (Córdoba, 1963) confirma la de un escritor ajeno a las imposiciones del canon literario, dueño de una voz libre y exploradora, que busca nuevas formas de expresión sin renunciar a las referencias culturales y literarias que domina como narrador y crítico. Esa doble condición se percibe con claridad en su nueva obra, ‘El mundo acabará en viernes’, donde resuenan ecos de Borges y Bulgákov, entre otros, en una audaz reinterpretación de las figuras del Diablo y de Dios, y de la compleja relación de ambos con la humanidad.

La novela se articula en torno a la presentación del libro de un psiquiatra de Idaho, Evakerya, un escritor frustrado que anhela abandonar el anonimato y alcanzar el reconocimiento literario. Su intención de dar a conocer su obra con el apoyo del célebre Thomas Spanbauer se ve, sin embargo, interrumpida por una cadena de acontecimientos insólitos. Pronto comienzan los presagios del Juicio Final: plagas devastadoras asolan el planeta, tormentas y tornados arrasan ciudades enteras y, lo más perturbador, los muertos comienzan a resucitar.

En la novela se perciben claros ecos de Borges, sobre todo en la concepción del Infierno y la eternidad, como en los relatos «La duración del infierno» o «La historia de la eternidad». Pero el homenaje más evidente es al Bulgákov de ‘El maestro y Margarita’, con su diablo irónico y su Yeshua inocente, figuras que Moyano reinterpreta en clave propia. Resulta inevitable recordar el inicio de la obra maestra del escritor ruso -«Con un manto blanco forrado de rojo sangre, arrastrando los pies como hacen todos los jinetes, apareció a primera hora de la mañana del día catorce del mes primaveral de Nisán…»- y advertir cómo Moyano reproduce esa fusión de sátira, lirismo y misticismo. En su novela, una vena irónica atraviesa el relato, pero junto a ella late un profundo lirismo que aflora en escenas memorables, como el diálogo entre Yeshua y el «gusano Dios» que anuncia el fin inminente, o la impactante revelación en la capilla Sixtina, donde un Dios inconcebible se manifiesta ante el papa Juan Pablo III. La narración gana intensidad a partir del capítulo VII, cuando el lector empieza a ensamblar las piezas dispersas del relato. En el capítulo XI, durante la reunión con el pontífice, la transfiguración de Yeshua en el Padre convierte la capilla Sixtina en un escenario de una fuerza simbólica abrumadora. Con su estilo elegante y preciso, Moyano nos presenta un Dios despojado de toda lógica humana: una entidad colosal que ocupa todo el espacio, desde el suelo hasta la bóveda, y que confiesa haber adoptado su grotesca forma de «cierto planeta». En esta escena, el autor lanza su crítica más feroz contra la vanidad y el egocentrismo del ser humano.

No es casual que el protagonista sea un escritor: Evakerya encarna la ambición vacía del creador que busca la gloria antes que la verdad. Frente a él, Spanbauer, el autor consagrado, contempla con desdén a los «escritores locales». Moyano retrata con precisión el ambiente literario, su frivolidad y su hipocresía, recordando el capítulo inicial de ‘El maestro y Margarita’, cuando el misterioso profesor presencia la decapitación de Berlioz. Ese profesor es el equivalente del Woon de Moyano, el enigmático personaje que «no es quien aparenta ser». En el capítulo X, el diablo se manifiesta bajo la apariencia de un rostro blanquecino, maquillado como una figura de cera: «Su semblante blanquecino, de ojos levemente rasgados, brillaba bajo una gruesa capa de maquillaje igual que la cara de un muñeco de cera». Ante la atea Ronia, el demonio se burla de los mortales con la misma ironía que el Woland bulgakoviano ante los escritores vanidosos de Moscú.

Como en Bulgákov, la sátira de Moyano no se dirige tanto contra la fe como contra la soberbia intelectual. Incluso en el momento del Juicio Final, los escritores de su novela -Evakerya entre ellos- solo piensan en presentar su obra, en disfrutar de un efímero instante de gloria antes del Apocalipsis. Así, Moyano distribuye su particular Juicio: algunos personajes caen en el Infierno de su propia vanidad, mientras otros ascienden hacia una incierta salvación. Sin embargo, a diferencia de Bulgákov, en el universo de El mundo acabará en viernes parece que es el Diablo quien se alza vencedor, dejando al lector con la incómoda certeza de que el Mal, o quizá la ironía divina, domina el destino de los hombres.

La nueva novela de Manuel Moyano confirma la madurez de un autor que combina imaginación, cultura y lucidez moral. En su visión del fin del mundo resuena tanto el humor negro como la reflexión metafísica, y el resultado es una obra que permanece viva en la memoria del lector mucho después de cerrarse el libro.

‘El mundo acabará en viernes’

Autor: Manuel Moyano.

Editorial: Menoscuarto. Palencia, 2025.

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