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Poesía

Un bosque de cipreses encendidos

Siruela reedita ‘Sepulcro en Tarquinia’, una reconocida obra del leonés Antonio Colinas

Antonio Colinas. | EFE

Antonio Colinas. | EFE

Alejandro López Andrada

Alejandro López Andrada

Córdoba

Desde que Siruela comenzó a editar los libros de Antonio Colinas, la obra del autor leonés se ha ido aquilatando día tras día como una de las más bellas y genuinas de la literatura europea contemporánea. Así, podemos citar, entre otros títulos, ‘Canciones para una música silente’ (2014), donde destellan las mejores cualidades de su poesía, su pureza e intensidad, la música, el sentido humanista y universal de sus versos; ‘Memorias del estanque’ (2016), un libro que es una fusión de géneros, biografía, diario, ensayo, memoria, y ‘En los prados sembrados de ojos’ (2020), su poemario más reciente hasta el momento, donde podemos apreciar la emoción y el sentido órfico de la mejor poesía del autor. Ahora, con la reedición de ‘Sepulcro en Tarquinia’, conmemorando el medio siglo de vida de este poemario singular, la editorial Siruela saca a la luz un volumen muy completo con el poemario original acompañado de una espléndida introducción de Isabella Tomassetti y un posterior estudio crítico de Vicenc Beltran. El libro se cierra con un texto explicativo del autor, «Lo que debo decir», donde expresa cosas como ésta: «... las dos primeras partes del libro, -las italianas-, contienden radicalmente con las dos últimas, -las leonesas-, lográndose una rara unidad que, en lo temático, se alcanza gracias a un símbolo, el de la romanización, y en lo formal a ese irracionalismo extremado de algunos de los poemas de la serie ‘Castra Petavonium’» (pág. 171).

Centrándonos en la introducción de Isabella Tomassetti, destaca la fervorosa objetividad con la que analiza y disecciona el bellísimo poemario destacando todo lo positivo que dicen muchos críticos de él, como, por ejemplo, Victoriano Crémer, que anota lo siguiente: «poesía que alumbra desde los adentros serenos, aunque conmovidos, del alma del poeta, y que se derrama, sin tumultos, sin ruidos desacordados, sin estridencias ni retorcimientos inundando al lector de un frescor y al mismo tiempo de una cálida porfía» (pág. 13). Luego hace una disección magnífica de todas las partes del poemario de Colinas, incidiendo especialmente en la belleza estética y simbólica de piezas como la que abre el libro, «Simonetta Vespucci», donde nos dice literalmente: «La mujer celebrada en el poema que abre la sección, Simonetta Vespucci, se ofrece como un símbolo poderoso, el de la belleza en el tiempo gracias al arte, a pesar de su caducidad terrenal: en efecto, la modelo de Sandro Botticelli murió muy joven, pero quedó eternizada en los cuadros del pintor» (pág. 25).

Isabella hace una disección formal y crítica muy interesante de todo el poemario, pero acierta especialmente en el análisis de la segunda parte del mismo, la que da título a éste, un largo poema de 426 versos impregnados de una musicalidad armoniosa y mágica que envuelve y seduce al lector desde el primer momento. Incide en el magnífico empleo del verso endecasílabo y el acertado uso de la técnica reiterativa. También resalta cómo el poeta sabe envolver este poema en una atmósfera de misterio que es muy perceptible, añadimos, en versos como estos: «... por las luces más frías del invierno, / bajo una lluvia de campanas negras/ rueda la tarde como un casco de oro» (pág. 71). O en estos otros: «...en la zarzas, un bosque amaneciendo, / un bosque de cipreses encendidos.../ Después del río te perdías lenta,/ llovía lentamente si llorabas» (pág. 63). Luego de analizar este largo poema, la crítica se centra en la tercera parte del libro, «Castra Petavonium», que consta de ocho poemas centrados en temas esencialmente leoneses, donde aparece el titulado «Laderas de Peña Trevinca», cargado de colores y aromas de la tierra donde transcurrió la infancia del poeta: «aquí el olor a estrella, olor a nube, a flores/ ..., estos prados, su verdeoscuro turbulento, / la pana remendada de los montes» (pág. 85).

En cuanto a la lectura que hace Vicen Beltran del poema ‘Sepulcro en Tarquinia’, destaca, a través de distintas citas del poema y acertadas opiniones de varios críticos y especialistas de la obra coliniana, la enorme calidad formal y estética de este largo poema de amor fraguado en versos de intuitivo misterio, como cuando define con muchísimo acierto lo que sigue: «Pues el sujeto lírico propone a su amada un proyecto; si en los episodios anteriores evocaba el pasado, aquí bosqueja un futuro; si la relación se manifestaba siempre rota o transida de dolor, ahora se abre un proyecto de esperada felicidad». (pág. 117). Por último, de la acertada lectura que hace Beltran de ‘Sepulcro en Tarquinia’ reseñamos lo siguiente: «Una visión de conjunto de los datos hasta aquí expuestos induce a centrar nuestra interpretación en torno a tres núcleos fundamentales, íntimamente asociados: amor, belleza y muerte; esta perspectiva no es nueva (ni infrecuente) en la poesía europea, pero la visión de Antonio Colinas resulta muy original» (págs. 151-152). Aquí, en esta definición de Vicen Beltran se esencializa la belleza sublime de ‘Sepulcro en Tarquinia’, un poemario genuino, hermoso e intemporal.

Una cuidada edición

No todos los libros, poemarios o novelas importantes, que llegan a cumplir medio siglo de vida desde su primera edición pueden gozar del inmenso prestigio, de la enorme acogida por parte de la crítica especializada y el público lector que ha gozado ‘Sepulcro en Tarquinia’, de Antonio Colinas. Se trata de uno de los poemarios más bellos, hermosos y singulares de la poesía española del siglo XX. No en balde ha sido traducido a numerosos idiomas y estudiado por los críticos y expertos literarios más importantes y prestigiosos de nuestro país y el extranjero. Antes de este poemario, el autor leonés (La Bañeza, 1946) ya había dado a la luz tres títulos de mucha calidad, ‘Poemas de la tierra y de la sangre’ (1969), ‘Preludios a una noche total’, accésit del Premio Adonais 1968 (un poemario de amor romántico a la altura de la mejor poesía de Rilke) y ‘Flautas y truenos en un templo’ (1972), que obtuvo el Premio Ciudad de Irún y fue considerado en su día por la crítica, y sigue siéndolo, uno de los grandes poemarios de la generación novísima o veneciana, que capitaneó Pere Gimferrer, aunque la poesía del autor leonés es la más profunda, honda y romántica, emotiva, de su generación, más interesada por el brillo de la palabra que por la emoción y la hondura que tanto sobresalen en los libros de Colinas.

Centrándonos en el que aquí nos ocupa, ‘Sepulcro en Tarquinia’, podemos decir que fue un libro de versos escrito en estado de gracia, un poemario que roza la perfección formal y estética, sin olvidar la hondura emotiva y el halo telúrico, de amor a la tierra, a la raíz, que brota de sus versos.

Aquí, en esta bellísima edición conmemorativa del 50 aniversario del poemario que ha editado Siruela, vemos que ‘Sepulcro en Tarquinia’ no es solo uno de los grandes títulos de la poesía española del siglo XX en nuestro país, sino a nivel internacional, un libro a la altura de, por ejemplo, ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, de Pablo Neruda, o ‘Elegías de Duino’, de Rilke.

‘Sepulcro en Tarquinia’

Autor: Antonio Colinas.

Editorial: Siruela. Madrid, 2025.

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