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Viaje a Roma / CÓRDOBA

Es este un libro delicioso, lírico, lleno de cultura y arte. Es mucho más que la crónica de un viajero por la ciudad eterna, pues el autor sabe combinar la visión de las grandes obras artísticas con la impresión que causa en su corazón, con la emoción de lo vivido, leído y admirado, con la felicidad de compartirlo con la mujer que ama, y en el recuerdo vívido de su historia y su cultura. Las figuras de César o Adriano se le aparecen en los foros; la mitología de Laooconte y la poesía de Virgilio en los Museos Vaticanos; ante nuestra vista se alzan plazas, iglesias, catedrales, el Mausoleo de Augusto o el impresionante Panteón; asistimos a la historia de los Papas, la evocación de la antigüedad latina, el renacimiento y el barroco, la expresión del arte y el terremoto interior que provoca en el autor la belleza, la fascinación por la historia, la ética y la estética, que se respira en cada rincón como una epifanía de cultura y vida, de arte e historia; nos contagiamos de la materialización de sus pasiones culturales, de la impresionabilidad de la inteligencia y de la emoción que le suscita, en compañía de su pareja, con la que comparte esta visita, que excede el mundo de los sentidos y apela directamente al alma y el corazón del espectador.
Los puentes sobre el Tíber le traen a la memoria el campo de Marte y la isla Tiberina, Tarquinio el Soberbio y Lucrecia, y le asaltan a su paso por la ciudad los episodios históricos y mitológicos que surgen en cada visita, en cada monumento, en cada mirada que dirige a esta urbe milenaria y eterna.
Los monumentos que contempla, todos ellos saturados de historia, despiertan la emoción del autor, que sabe transmitir junto a la historia, la cultura, la literatura, la religión o la mitología, joyas que encierra una ciudad que sorprende a cada paso. Su narración deja de ser entonces una crónica de viajes, para convertirse en memoria y emoción por el mundo clásico, que lo traspasa, por la admiración deslumbrante del arte y la historia, como culmen de todo lo que ha vivido y estudiado, de las bases de su ser y su cultura.
«Ella se acercó al pretil del longotévere, esa vía de piedra que acompaña gentilmente al curso de agua hasta su salida de la ciudad, y miró hacia abajo cómo las aguas corrían apenas sin ruido. Estaba hermosa: sus cabellos se mecían a impulsos de la brisa de la tarde. Aguas abajo se divisaba la osamenta de un antiguo puente de piedra, piedra blanca como de despojo calcinado por mil soles. Eran los restos del puente Emilio… desmantelado, desarticulado por el transcurrir de los siglos y por la violencia de las aguas. Cuentan las crónicas que un Escipión lo encontró de madera y lo transformó en piedra. El airoso puente que conectaba antaño las dos orillas se consuela ahora, inútil, en observar melancólico el devenir de las aguas con un solo ojo de legañas vegetales, como un triste Polifemo de piedra» (págs. 26-27).
‘Viaje a Roma’
Autor: Antonio Torralbo Palomares.
Editorial: Mascarón de Proa. Córdoba, 2025.
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