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las guardas

Precariedad

Precariedad

Precariedad / CÓRDOBA

Javier Sánchez Menéndez

Javier Sánchez Menéndez

Córdoba

Aunque escasean, y cuesta trabajo hallar las que poseen gran valor, tengo por costumbre buscar en los medios las entrevistas con los escritores, con los artistas. Entre líneas se suelen encontrar algunas joyas. Si en el diálogo no aparece nada, pues mala suerte, pero en otras ocasiones sí encontramos conclusiones de peso. Recuerdo ahora este texto de Cioran: «Dos viejas conversan con gravedad en el mercado. Al separarse, la más deteriorada de ellas concluye: ‘Para vivir tranquilo hay que procurar quedarse en lo normal de la vida’. Es, con otras palabras, lo que decía Epicteto».

Por ejemplo, el ser humano de estos tiempos piensa como vive, es su precariedad. Esa «no-realidad» la hacen propia por error (o desconocimiento, o tal vez, conocimiento), y la aceptan. Y eso es escasez, limitación, pobreza, es carencia de sentido. El ser humano debe vivir como piensa, y no al contrario.

Hace tan solo unos días leí unas palabras de Luis Mateo Díez en una entrevista de Andrés Seoane: «La precariedad de la imaginación es la mayor señal del empobrecimiento de la sociedad». Y además el Premio Cervantes indica, en otro momento de la conversación, «las ideologías están podridas y a la democracia se la ha vapuleado de tal manera que ya apenas existe». Curiosamente, un lector del texto indicó en un comentario que eso de «apenas» es una ilusión óptica, ya que no existe en realidad.

Cuando se sale a la calle observamos a personas que piensan como viven, en su agonía, en su falsa felicidad sin valores, en su propia destrucción. Parece que están condenados a la negación, a la modestia. Han creado un lenguaje y una historia que engendran ilusiones, pero solo resultan quimeras.

Encuentro en el libro de Marcel Proust ‘Sobre la lectura’ muchas referencias. Recomiendo su lectura íntegra. Una de ellas: «Su mente sin actividad original no sabe aislar en los libros la sustancia que podría hacerla más fuerte». O esta otra: «Si la afición por los libros crece con la inteligencia, sus peligros disminuyen con ella. Una mente original sabe subordinar la lectura a su actividad personal». Quien piensa como vive apenas razona, apenas piensa, apenas lee.

Y no olvidemos nunca lo que nos dijo Jon Fosse, el Premio Nobel noruego: «La literatura es el último recipiente de nuestra humanidad».

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