Novela
La dulce existencia
Milena Busquets regresa con una historia que transcurre en Barcelona

Milena Busquets / EUROPA PRESS
En ‘La dulce existencia’, Milena Busquets confirma su lugar dentro de la corriente de narrativa contemporánea que apuesta por la intimidad propia como materia literaria. Heredera de la tradición confesional y cercana a una sensibilidad europea que oscila entre la ligereza y la hondura, la autora catalana convierte la memoria en un campo de experimentación donde lo personal se desdobla en ficción y, a la vez, en reflexión sobre el arte mismo. En esta ocasión da una vuelta de tuerca más y un hecho narrativo anterior como fue su novela ‘También esto pasará’ (2015), con el trasfondo del dolor por la pérdida de su madre, que ahora se vuelve materia literaria de nuevo al adentrarnos en el rodaje de una película sobre esa obra. Vuelven los lugares de Barcelona y Cadaqués, con su epicentro ‘cool’, El Casino, sobre todo, convertidos en escenario literal donde transcurre la asistencia neófita a las grabaciones para desde ellas realizar avances y retrocesos cargados de realidad y ficción a partir del yo de la autora.
Milena Busquet ofrece una obra breve, pero incisiva, que la confirma como una voz singular en la narrativa española, capaz de renovar el registro confesional sin caer en el ensimismamiento, y de proponer una forma de escritura donde la fragilidad es, precisamente, su apuesta estética más radical. La novela se articula en torno a un rodaje que revive su obra más conocida, pero lo verdaderamente significativo es cómo ese contexto le permite ensayar preguntas sobre la representación: ¿qué ocurre cuando la experiencia privada se traduce en imágenes? ¿Qué permanece y qué se diluye al pasar de la vivencia al relato, y del relato a la pantalla? Este juego de traslaciones sitúa a Busquets en un espacio singular, en el que la narrativa no se limita a contar, sino que examina los propios mecanismos de la creación y de la memoria.
En esta obra se percibe un movimiento hacia la aceptación y la madurez. Busquets no abandona su estilo ligero y aparentemente despreocupado, pero lo tensiona con un sustrato reflexivo que la emparenta con una generación de escritoras para quienes lo íntimo se convierte en crítica cultural. El tono, más sosegado, sugiere que la felicidad es un estado fragmentario, alcanzable en los intersticios de lo cotidiano, y que la literatura, antes que un refugio, es una herramienta de resistencia frente al tiempo, que permite afrontar lo propio sin condescendencia: «Era consciente del sufrimiento y las dificultades que provocaba el narcisismo en los escritores: la insatisfacción permanente, la miseria moral, la solemnidad, la mezquindad, la autosatisfacción, las mentiras».
‘La dulce existencia’ dialoga así con los debates actuales sobre autoficción, sobre los límites entre lo privado y lo público, y sobre el papel del arte en la construcción de la identidad. Podemos leer una reflexión al respecto entre sus páginas, al hilo de un diálogo sobre la obra de otra persona: «El libro va precisamente de eso: de la realidad y la ficción, de cómo ambas mantiene permanentemente una lucha encarnizada, de cómo los seres humanos necesitamos mezclarlas para sobrevivir: si vives solo en una eres un desgraciado y si vivís solo en la otra eres un chiflado». También se sirve de Annie Ernaux para retomar esa cuestión: «[para esta] la autoficción era una forma de rescatar la vida, de fijarla, de demostrar que había ocurrido, de explicarla, de convertirla en arte y finalmente de pasar a otra cosa. Yo no había sido capaz».
Personalmente me ha llamado la atención ese mundo que es Cadaqués, su País de Nunca Jamás y los detalles de antena que demuestra la escritora al reflexionar, por ejemplo, que un denominador común de los especímenes que transitan por el pueblo bohemio (y pijo) por antonomasia calzando zapatillas de lona gastadas junto a bolsas también gastadas. Me gusta de Milena Tusquet que no necesita apenas adjetivos para contar.
‘La dulce existencia’
Autora: Milena Busquet.
Editorial: Anagrama. Barcelona, 2025.
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