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Entrevista | Carmen Canet

Carmen Canet

Carmen Canet

Carmen Canet / Joaquín Puga

Almería

Carmen Canet (Almería, 1955) ha publicado las colecciones ‘Malabarismos’ (2016), se afianzó en un camino aforístico personal con ‘Luciérnagas’ (2018), seguido de ‘La brisa y la lava’ (2019), y confirmó su plenitud exponencial, tanto en crecimiento como en desarrollo, con una continuidad calculada, ‘Olas’ (2020), ‘Legere, Eligere’ (2021), ‘Interruptores’ (2022), ‘Cipselas’ (2022) y su última entrega, ‘Telegramas’ (2025).

¿Lo suyo con las palabras es una auténtica geografía lingüística?

Debido al rico caudal léxico que poseemos da pie a que con esta variedad lingüística tenga más opciones en donde elegir para reunir y componer una frase con las mínimas palabras posibles. La brevedad sabemos es la característica principal del aforismo.

¿De la necesidad de la poesía se llega al aforismo?

Pues no lo había pensado nunca, pero ya que me lo pregunta, ocurre que la poesía es el género de creación que escribo paralelamente al aforismo además de leerlo, estoy incluida en bastantes antologías poéticas pero aún no tengo libro propio, lo voy postergando debido a mi labor de crítica y estudios ensayísticos.

¿Un solo sustantivo para titular sus libros de aforismos es la evidente intención de su minimalismo textual?

Sí, así es: la concisión y la precisión son dos ingredientes básicos del aforismo. Para la gran mayoría de mis libros he buscado títulos significativos que constan de una sola palabra: ‘Malabarismos’ (2016), ‘Luciérnagas’ (2018), ‘Olas’ (2020), ‘Monodosis’ (2022), ‘Cipselas’ (2022), ‘Interruptores’ (2022, escrito junto a Ricardo Virtanen), ‘Telegramas’ (2025), todos son simbólicos y metafóricos, siempre son el hilo conductor de los libros.

Empezó haciendo ‘Malabarismos’ (2016) y ahora ‘Telegramas’ (2025), ¿qué perspectiva literaria ofrece hoy el aforismo?

Hasta 2016 no publiqué literatura de creación, mi escritura se había dedicado a la crítica literaria y al ensayo con alguna aportación poética en alguna antología. Y es que fue en la segunda decena del siglo XXI cuando el aforismo rebrota y a partir de ahí tiene un gran florecimiento. Actualmente está viviendo una época dorada. Hay una afluencia de autores que lo practican, críticos y estudiosos que se ocupan de él, editores que crean en su catálogo colecciones dedicadas al aforismo, también se han creado premios literarios. El aforismo está en auge pero no debemos confundirnos con la moda de los tuits y de las instantaneidades que aparecen en redes sociales pues frivolizan este género que requiere un oficio.

¿Sus aforismos son la perfecta compañía para el ritmo que nos impone la vida cotidiana?

Eso pretendo que su lectura sea cómplice, dé luz y haga compañía. Su estilo es conversacional y diarístico, cuenta lo cotidiano, lo que nos ocurre en el día a día. Por eso hace que tenga cierta dosis terapeútica. Además en los tiempos que corren, llenos de prisas, la lectura de estos al ser brevedades, los puedes leer en pequeñas dosis, sin un orden establecido. Son libros de mesita de noche o de camilla. Combaten la soledad. Son instantes para desconectar.

¿Con los aforismos tendemos a una estética lingüística o a un razonamiento expresivo?

La ética y la estética combinan muy bien si se tiene oficio. Es como el significado y el significante en el signo lingüístico, no se pueden separar. El mensaje debe dar que pensar, removernos un poco porque una característica de estas frases es el diálogo pero dicho de una manera agradable. Los aforismos son odas a las pequeñas cosas.

El lector se pregunta por una definición casera del género, ¿se atreve a satisfacer esa curiosidad?

El aforismo es indefinible, inclasificable, han sido numerosos los estudiosos y autores que lo han hecho y la verdad es que llegamos a la conclusión de que no es necesario. En mis libros suelo alternar definiciones personales sobre él, incluso tengo un libro ‘La brisa y la lava’, a lo que yo llamo metaforismos. Son poéticas, así: «Llamamos máxima a una frase mínima. El aforismo es un camino estrecho que nuestra mente ensancha».

¿Qué interesa más en un aforismo, lo universal o lo particular?

Me interesa lo particular, las cosas con las que nos tropezamos en el día a día y que, a veces, desatendemos y son muchas veces importantes porque son detalles e instantes únicos que deberíamos valorar. Y esto nos lleva a lo universal, porque están y aparecen las cuestiones que nos suceden a todos, que nos rozan. Requieren compromiso y verdad.

¿Cuánto hay de lirismo y cuánto de reflexión en ‘Telegramas’?

Mi objetivo y pienso que es dosis imprescindible de estas frases es que deben dar que pensar. Por eso la reflexión es importante, pero va envuelta por la lírica, pues, a veces, estas frases arañan un poco pero también deben acariciar. Por eso es importante la forma para expresar el contenido porque el aforismo no debe ser una frase infeliz.

Cuando leemos cuatrocientos aforismos, ¿nos sumergimos en un auténtico bosque de metáforas?

Se puede decir así, o en una selva poblada de una biodiversidad. Es un paseo por la existencia en donde como ocurre en la vida y en la literatura aparecen sorteados los temas que nos ocupan y preocupan. Son piezas en donde están comprimidas las cosas cotidianas, apuntes de lo diario, retazos de memoria, detalles, instantes, experiencias, gustos. Son líneas de palabras que sienten y consienten.

¿El aforismo rehúye la digresión, atiende a lo esencial, se fortalece semánticamente de una sensibilidad que ofrece su mejor introspección?

Estas frases exigen contención, se detienen en lo esencial. Y esto es, lo realmente importante en la vida: las personas y los hechos que nos suceden. Por eso temas tan sensibles como los problemas mentales, la soledad, el dolor, el deterioro del paso del tiempo, la desigualdad y la injusticia aparecen porque están presentes y nos duelen.

El humor y la ironía, ¿son parte de ese doble sentido que le adjudicamos al aforismo?

Estos dos ingredientes son dosis fundamentales en el aforismo y en la vida. El humor, para mí, es imprescindible. Estas frases deben de ser frases felices y procurar sacarnos una sonrisa de vez en cuando. Sabemos que algunos aforismos incomodan pero se acomodan gracias a la ironía e incluso al sarcasmo que se utiliza.

¿Leyendo aforismos observamos una realidad reconocible y próxima como en estos ‘Telegramas’?

Digo en un aforismo: «El aforismo es un espejo en donde nos reconocemos». Así estas brevedades deben ser cercanas al lector. Los aforismos son ideas con las que tropiezo en mi vida diaria: leyendo, escuchando música, viendo una película o serie, cocinando, conversando con amigos, observando cuando paseo, los apunto en mis múltiples libretas, o lo grabo en el móvil, para luego darle forma, o pulir.

¿El aforismo es la mejor muestra de identidad de nuestro tiempo?

Es un género cada vez más en auge en donde nos reconocemos, con el que nos identificamos, pues toca los temas recurrentes de la vida y de la literatura: el amor, el desamor, el paso del tiempo, la familia, la amistad, la soledad, la mente, el miedo, la muerte, la memoria histórica, la igualdad o las artes.

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