Poesía
En busca de un tiempo nuevo
‘Razón de la esperanza’, una selección versos místicos de poetas de una amplia diversidad

Un momento del acto de presentación del libro ‘Razón de la esperanza’. / CÓRDOBA
La definición etimológica de «mística» nos remite al verbo griego ‘myein’, que significa «cerrar», «estar cerrado», y nos conecta directamente con el misterio, ‘mystes’, con lo oculto y secreto. Se dice que el término «mística» fue consagrado de modo definitivo en el siglo V por el Pseudo Dionisio, quien en su ‘Teología’ lo define como la experiencia de las realidades divinas. La vivencia intensa del amor entre Creador y criatura, la expansión de la gracia derramada sobre el hombre y la elevación de su espíritu hacia Dios tiene diversas etapas, difícilmente reconocibles, por lo que cada autor las define de distinta manera. Unos hablan de vía purgativa, vía iluminativa y vía unitiva. Otros de quietud, estado unitivo, éxtasis y mística esponsal. Otros de etapa incipiente o de iniciación, de etapa de progreso o de media altura en la escalada y de etapa de perfección o de movimiento en proximidad en la cumbre. Otros describen las características del misticismo enumerando la inefabilidad, la intuición, la inestabilidad y la pasividad. Otros se detienen en los elementos integrantes de la mística y citan el divino llamamiento a la perfección, el deseo amoroso del alma en correspondencia con ese llamamiento, las pruebas, el ilapso interior y el éxtasis o rapto. La gama es proteica y ampliable. Tanto en sus aspectos devocionales como emotivos, la poesía religiosa advierte las misteriosas luces de lo arcano y recoge de forma inteligible el sentimiento grupal que llega a convertirse en oración, en himno.
Por su parte, la poesía mística es una proclamación anímica, un soplo metafísico; y su intensiva posesión sagrada está imbuida de la plenitud divina que se plasma en las formas y postulados del verso. Podemos decir que los místicos son elegidos que reciben el carisma eminente de vivir la comunión de amor con Dios para poder desvelar y proclamar los secretos de este amor a otras personas. Sea como fuere, en ambos casos se cumple la misión esencial del poeta: prestar su voz a los demás y, al mismo tiempo, hacer suya la voz de los otros.
Llenan las páginas de ‘Razón de la esperanza’ poetas tan relevantes como Dionisia García suplicando la paz tan anhelada; Javier Lostalé invocando la oración como claustro íntimo del alma; Carlos Clementson reivindicando la santidad en nuestro tiempo; Juana Castro confrontando amor y dolor como sino y destino de los seres humanos; Antonio Colinas anunciando que quien respira paz se llena de paz y la paz irradia; M. Cinta Montagut afrontando la incertidumbre del mañana; Luis Alberto de Cuenca, refrendando el poder del amor para adentrarse, sin temor ni consuelo, en los dominios de la noche perpetua; Alfredo Jurado descubriendo el camino, el tránsito del alma en que habitamos; Luis Antonio de Villena, desde la soledad del nihilismo, y María Luz Escuín mediando por los que nada esperan; Ángeles Mora debatiéndose entre la noche secreta de San Juan de la Cruz y la morada escondida de Santa Teresa de Jesús; Federico Gallego Ripoll venciendo el temor de vivir, la duda de la nada; Mercedes Castro, en la creencia firme de que la bondad será el seguro germen de la esperanza; Francisco Javier Irazoqui persiguiendo los pasos de Juan de Yepes en el desierto de Peñuela; María Antonia Ortega aspirando al deseo de perfección más bello que la perfección misma; Rosa Lentini intentando elucidar la paradoja del agua rebosante del castigo de Dios que nos da también de beber; Manuel Gahete buscando el asilo del alma en la más alta luz; Basilio Sánchez porque profesar afecto a las cosas nos permite intimar con lo sagrado que permanece en ellas; María Rosal acercándonos al candor infantil de María y su sueño de Madre; Roberto Loya transmitiéndonos a través de lo espiritual el goce de estar vivos; Miren Agur Meabe avisándonos de cómo el dolor, con la asistencia divina, es menos lancinante; Mariana Colomer sumida en la belleza indecible del Amado y en Él enaltecida; Pilar Sanabria enarbolando el deseo de estar en todos, atravesando todos los vientos, franqueando horizontes y fronteras; Ignacio Elguero, fieramente humano, avanzando hacia el fin de la esfera, sin más límite que la luz; Juan Antonio González Iglesias presintiendo confiado que Dios estará en todo cuando ya no esté todo; Araceli Sánchez Franco reclamando el sonido de la voz anhelada cuando, desde la orilla, la ausencia la reclame; Jordi Doce preguntándose quién llama en el silencio de la tarde; Jorge del Arco esperando la llamada de Dios para convertir en realidad lo que sólo era esperanza; María José Mures conociendo que no hay enfermedad que no sane la presencia de Dios; Raquel Lanseros amando la vida, quizás porque a veces se filtran en nuestros oídos atarantados ecos del más allá; Antonio Praena emulando los dones de Góngora y la fe de fray Luis de Granada cuando enunciaba aquella oración mágica de que el amor lo mueve todo; Joaquín Pérez Azaústre, como un héroe épico, cansado de bailar sobre el ocaso; Juan Meseguer latiendo ante el silencio de Dios, tan mudo ante el pecado; Juan Gallego Benot, en la eterna búsqueda, una metáfora sencilla de la profundidad; Fernando Plata susurrando la bendita belleza de pasar por el mundo; Daniel Cotta ofreciendo la alegría en jubiloso desenfreno de luz para atenuar así el dolor de la pérdida; la elegía que cunde en nuestro corazón desasosegado teniendo que dar el saludo definitivo a Andrés Sánchez Robayna, que ha ascendido a la claridad, a la cascada de luz donde la eternidad se anuncia; y a Antonio Rivero Taravillo, porque aunque apagado ya su fuego no deja de advertirse el crepitar de su energía; y en todos ellos, sin excepción, se vislumbra luciente la razón de la esperanza.
‘Razón de la esperanza’.
Autor: Varios autores (edición de María Luz Escuín y Pilar Sanabria).
Editorial: Endymion Poesía. Madrid, 2025.
Misticismo poético
Con el esclarecedor título de ‘Razón de la esperanza’, María Luz Escuín y Pilar Sanabria –dos originales poetas andaluzas– acometen el tercer volumen de una empresa presta a revelar ese caudal de la poesía –no tan subfluvial como pudiera parecernos– que aspira a la esperanzadora trascendencia. ‘Como en un espejo’ (edición de Mercedes Castro y María Luz Escuín, 2023) recogía la experiencia interior de un nutrido grupo de poetas cordobeses. ‘La luz de tu rostro’ (edición de María Luz Escuín y Araceli Sánchez Franco, 2024) expandía esta llamada del alma a los poetas de toda la comunidad andaluza. Con esta tercera edición los límites se ensanchan abarcando los más diferentes espacios de la geografía nacional. Y esta espiritual aventura aún no ha culminado: todavía queda propagar el mensaje ecuménico a toda la humanidad a través de la palabra y los versos de los poetas del mundo. Pablo D’Ors, el lúcido prologuista de ‘Razón de la esperanza. Antología de poesía espiritual’, habla de «una espiritualidad renovada» en un tiempo «de anhelo espiritual, de sed de ser», manifestada en una búsqueda de sentido personal e interioridad reflexiva que sirva de conexión con lo invisible, o solamente visible a través de la bondad, la verdad y la belleza. Si fuera validable lo que D’Ors afirma –cuestión que no pongo en duda– acerca de que el creador no es el que inventa sino el que «se vacía para dejar que algo más grande pase a través de él», estaríamos hablando de la plenitud de los místicos, porque, en este contexto cognitivo resultaría difícil deslindar el espacio entre el fervor de la humanidad anhelante y el misticismo más sublime.
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